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UNA PROVINCIA ESPIRITUAL DE ESPAÑA (La Hispanic Society en Nueva York. PATIO CUBIERTO. GALERÍA ALTA II. -El fundador y! a biblioteca. A Hispanic Society es, aunque parezca inverosímil, labor de un hombre solo; de un hombre que, ademásj fundó, protege y dirige otras instituciones; que ha excavado campes arqueológicos; que ha investigado puntos de historia literaria y de filología; que ha publicado libros de viajes y de versos, y que cuida el caudal, aceite para las lámparas que su amor a la cultura mantiene encendidas. Sin adjetivos ni encomios, que tiene la elegancia de desdeñar, diré quién es Archer Milton Huntington. Hijo de Collis Potter Huntington, gran impulsor de negocios ferroviarios, y de su esposa, Aravella Dúval, nació en Nueva York el i. de marzo de 1870. Vivió su padre hasta 1900, y su madre hasta 1924. No estorbaron a Mr. Archer M. Huntinpton los negocios para los estudios; por el contrario, los bienes de fortuna fueron puestos a servicio de las más nobles aficiones intelectuales. Conocedor desde la adolescencia de la lengua castellana, dióse a adquirir libros españoles antiguos y se entregó a su lectura. Subyugado por las gestas del Cid, dedicó sus afanes a preparar la edición, la versión inglesa y el comentario del Cantar del siglo xii. En 1897 publicó el texto del Códice, primorosamente, y la versión inglesa salió en 1903, así como el comentario, verso por verso; Menéndez Pidal juzgó la obra un verdadero monumento subrayando el L valor de las notas geográficas. El joven hispanista había recorrido España en todas direcciones. Fruto de tales viajes fue A noté- book in Northern Spain (1898) donde con amenidad, hermosas fotografías e intencionados dibujos se recuerdan las andanzas del autor, desde Galicia a Roncesvalles, en páginas llenas de noticias y agudas observaciones, tan ricas en matices algunas, como las que narran el camino de la Coruña a Compostela en la vetusta carrüana. II No se redujo a esto la actividad de míster Huntington en aquella época, y. como decía D. Enrique de Villena, para que un trabajo fuese descanso de otro trabajo emprendió excavaciones en Santiponce, buscando vestigios de Itálica. El maestro Rodríguez Marín contó a los lectores de A B C del 8 de agosto de 1907 la visita hecha al excavador yanqui por varios sevillanos el 13 de febrero de 1898. Ocupábase míster Huntington en unir y pegar con yeso los trozos de un lindo mosaico, en mangas de camisa, pintadas del yeso las amplias manos... archialto acompañado de carnes, de rostro expresivo, corto el pelo y recortado el bigote... vivos y chispeantes los ojos, detrás de los grandes cristales de sus gafas (el tiempo no ha hecho perder al original del fiel retrato más que la compañía de las carnes) Érale familiar nuestro idioma- -sigue D. Francisco- y lo hablaba seguida y correctamente Su amor grande erajn los libros españoles: unos die. ciocho mil tenía en Nueva York, del mejor tiempo los ihás... Pregúntele si conocía la biblioteca del marqués de Jerez de los Caballeros; díjome que no, y que lo deseaba con vehemencia... yo me ofrecí a presentarle a mi amigo... ¡cumplí mi ofrecimiento, y, tanto el marqués como yo... nos admiramos de lo mucho que sabía y conocía de nuestras letras: enumeraba ediciones rarísimas con entera precisión y gentil familiaridad, v; ya recordaba en qué apartada biblioteca había visto ejemplar de este o estotro libro, ahora advertía de golpe ser rehecha tal portada o tal hoja del fin, entrábase luego como por casa propia por los impresos más raros... Larga fue la visita. Ya entrambos en la calle, Huntington... me dijo: -De buena gana compraría esta biblioteca. Y yo le respondí in continenti: Vano deseo! ¡No se vende! ¡Pues vendióse! ¡Vendióse en enero de 1902! Las lamentaciones con que los eruditos españoles acogieron la noticia de la salida para América de la riquísima biblioteca del marqués de Jerez de los Caballeros se tornaron en júbilo cuando la Hispanic Society comenzó a reproducir en espléndidos facsímiles los ejemplares únicos o muy raros que en ella figuraban, los tesoros amortizados en una mano se pusieron así al alcance de los estudiosos. La labor realizada en pocos años causa maravilla. Conocido lo qué precede no extrañará que antes dé cumplir los treinta años la Universidad de Yale confiriese a Mr. Huntington el doctorado honorario en Letras. No