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r í; r rn y- i- V A B C. MARTES 21 DE OCTUBRE DE 1930. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 2 los últimos cuatro días, para que. la asíiieticia fuese más completa, se había requerido la presencia de un padre canillo de la Congregación de religiosos inmediata al domicilio. L a muerte del general acaeció: dulce y apacible. Suavemente se fue agotando la llama vital, hasta consumirse completamente, sin Una palabra de dolor, ni un estertor, ni un quejido. Como dato curioso, se registra el hecho de haber ocurrido el óbito a la misma hor; del mismo día y mes- que ocurrió el de la hija- del general, doña Luisa. FALLECIMIENTO DEL INSIGNE CAPITÁN GENERAL D. VALERIANO WEYLER La enfermedad y la muerte. Detalles del fallecimiento. Rasgos de modestia. No se rendirán honores al cadáver por disposición del finado. Datos biográficos. La figura política del general Weyler. Ha muerto el general Weyler. Su recio tuvo muy. vigoroso en los últimos años de espíritu animador de un cuerpo todo nervio su vida, venció de aquellas enfermedades. y vivacidad, ha roto, tras de largo forcejeo Sabido es que el duque de Rubí hizo su vida con la materia perecedera, los lazos terrenos ordinaria hasta época reciente, y que- mony se ha remontad; para siempre a las se- taba a caballo diariamente próximo ya a veras e inconoscibles regiones de paz. Y, en cumplir los- noventa años. El verano último, durante su estancia en tornó de ios restos mortales queda el sentimiento nacional por la pérdida de un honi- Palma de Mallorca, el general Weyler probre que en su dilatada vida alentó tan sólo nunció las primeras palabras, de pesimismo para amar y para servir a España. Porque que salieron de sus labios durante teda su la gran figura que desaparece tuvo oraba- vida. En varias ocasiones manifestó que se do en el corazón, desde los primeros tiem- sentía enfermo, y expuso a sus hijos la crenpos de su mocedad, la excelsa virtud de cia de que se acercaba su fin. Transcurridos 1 hacer el bien, a la Patria, y así lo demos- aquellos días volvió a animarse, y, cuando, tró en las muchas ocasiones que el Destino por una acentuación de su estado de debilidad, quiso regresar a Madrid lo hizo en hubo de depararle. Soldado y político fue el ilustre duque de buenas condiciones, pues, aunque apoyado, Rubí. Con las armas en la mano luchór bra- para caminar en- una o dos personas, pudo vamente para castigar, a los enemigos de la trasladarse por su pie desde el tren al auunidad española, para impedir que bellas y tomóvil. En su domicilio de 3 a calle del Marqués esplendorosas regiones insulares civilizadas por el genio hispano se desgajaran definid de Urquij. o el general Weyler quiso seguir iivameníe del patrimonio de la nación. No haciendo la vida de siempre, y aunque el es hora, ciertamente, -de definir si la actua- agotamiento debido a sus muchos años no ción del invicto caudillo durante la última se lo permitió, tampoco quiso, el enfermo guerra de Cuba fue o no cortada prematu- guardar cama. Plasta el sábado últirfK pasó ramente, sin esperar a que diera el fruto los días en un sillón. Los doctores Huertas me él se prometía. Quédese- esto para la y Torices, que nunca se mostraion pesimislabor de futuros historiadores o permanezca tas, dijeron en la ocasión presente que el inédito entre las sombras de un pretérito veterano general no podría ya vivir muchos angustioso. Valga aquí únicamente la afir- días, admitiendo, en sus mayores optimismación de que el general Weyler, en aquel mos, que llegara a alcanzar los últimos días momento, como en todos ¡los de su existen- del mes de octubre. Tan desconsoladoras noticias previnieron cia, procedió impulsado por su ferviente patriotismo. Y a partir de. tal fecha, y de a los hijos del general, que no se separaban regreso el gran militar en la Península, in- un momento de su lado. Durante el curso tervino en la política, dando de continuo de la enfermedad. que le ha. llevado al se ¡nuestras de sus arraigadísimas conviccionespulcro tuvo el enfermo momentos de inliberales. Bajo el uniforme del capitán ge- consciencia; pero transcurridos éstos, hablaneral del Ejército latió, cuando de proble- ba con sus Hijos y les comunicaba sus immas políticos se trataba, la ideología de un presiones. Interesado particularmente por hombre civil, Una- y otra vez, en instantes los acontecimientos políticos, solía pedir nograves para la rotación normal de los par- ticias sobre la actualidad. La gravedad extrema se acentuó el dotidos, sonó el nombre del duque de Rubí como presidente de un probable Gobierno; mingo, y ayer por la mañana fue avisado y el. aura popular que aureolaba al presti- muy temprano su hijo D Fernando para gioso procer acogía con agrado y con ansia que acudiera a k casa del general. Es sabido que D. Fernando Weyler yive en la liberadora el intento, siempre frustrado. El hombre insigne que ayer murió fue un casa inmediata a la que fue domicilio de su español representativo, el tipo de nuestro padre, y en pocos minutos estuvo a la cahidalgo, sobrio en su vida íntima, austero en becera del enfermo. Este falleció a la hora sus costumbres, bravo sin desplantes, apa- indicada. En el momento de ocurrir la muerte del rentemente huraño y de alma bondadosa. Todas las características de la raza habíanse general Weyler se hallaban en la alcoba plasmado en el caballeroso general Weyler, mortuoria sus hijos, D. Fernando, D. Valeque en su íntegra existencia procedió como riano y D. Antonio; su hija, ñoña María, lo que era: un gran español. Y este título, casada con el capitán general de Aragón, el más querido para él, será el que en primer D. Jorge Heredia; la esposa- de D. Fernando W- eylef, el ayudante- secretario del gene término le reconocerá la historia patria. El general confesó y comulgó recientemente El cardenal arzobispo de Tarragona, persona del mayor afecto del duque de Rubí, había ofrecido al ilustre enfermo. decir una misa en la alcoba del general el día de la fiesta del Pilar. La tarde anterior el general Weyler confesó, y durante la misa el cardenal le dio el viático. Por las noches era velado últimamente el enfermo por un padre camilo, el reverendo padre Manleón, quien ayer mañana administró al general los últimos Sacramentos. Se oculta la noticia del fallecimiento El general Weyler dejó unidas a su testamento dos cuartillas en las que expresaba su. voluntad con respecto a su entierro y demás detalles referentes a su fallecimiento. Una. de sus disposiciones se refería a su de seo expreso y rotundo de que no se participara, a nadie la noticia de su muerte hasta después que su cadáver hubiera recibido sepultura. Los hijos del general quisieron, respetuosamente, cumplir con esta última voluntad del finado; pero, no obstante, la noticia trascendió. A la lfora. del fallecimiento había en la portería de la casa un pliego. para firmas, en el que constaba que el enfermo seguía de suma gravedad. Este informe para el público continuó expuesto aún largo rato, negándose el portero de la casa a dar más detalles e impidiendo el acceso al domicilio del general de cuantas personas lo deseaban y no eran de la familia. A las cuatro empezaron a llegar personalidades a la casa mortuoria, evidenciándose ante los curiosos que se habían estacionado en la calle la- certeza de la. infausta nueva. El primero en llegar al domicilio del finado general fue el ministro. de Trabajo, marqués de Guad- el- Jelü, de cuyos labios escuchamos la confirmación de la desgracia, noticia, que había llegado a conocimiento del ministró momentos antes. Poco después llegó el ministro de la Gobernación, general Marzo, que tuvo frases de encomio para las dotes. militares, del general Weyler. Tanto el Sr. Sangro como el general Marzo firmaron en la misma lista existente en la portería. A partir de la hora últimamente citada aumentó el desfile de personalidades civi- les y militares que ya. se habían enterado del infausto suceso. ral, teniente coronel Sicardó, y los comandantes Cortés y De los Ríos, ayudantes de campo del finado. También estuvo presente La bronconeumonía que hace algún tiem- en el óbito el secretario del Consejo de po padeció el general Weyler quebrantó su Administración del Colegio de Huérfanos, vigoroso organismo y le produjo grande y general Meana. progresiva debilidad, que ha determinado El general Weyler perdió el conocimiento e! fatal desenlace acaecido ayer, a las dos y a las siete de la mañana, y a partir de esa media, de la tarde. A dicha hora expiró el hora fue apagándose lentamente su vida, ilustré general, rodeado de sus hijos. Padeció el general tres broaconeumonías hasta las tres dé la tarde, en que rindió en durante el transcurso de su vid la prime- su- último suspiro el alma a Dios. Hasta el día anterior había estado el. gera de ellas hace quince años, y en ninguna de estas. tres dolencias el doctor de cabece- neral levantándose, diariamente del lecho, ra, D. José García Torices, teniente, coro- y en un sillón de su alcoba permanecía vanel de Sanidad Militar ni el ilustre doctor rias horas, hablando ea ocasiones con sus Huertas diagnosticaron gravedad. La natu- familiares, y ayudantes. Estos turnaban en r teza robustísima del general, que se man- la asistencia del ilustre enfermo, pero en La enfermedad y la muerte No se rendirán honores Asimismo ha dejado escrito su deseo de que el entierro se verifique sin pompa alguna, sin que se manden esquelas ni íe admitan coronas; sin que se le tributen honores de ninguna clase ni se haga ostentación alguna en el sepelio. Ha dispuesto también que al cementerio sólo vayan sus hijos y sus ayudantes, y que la noticia de su muerte no se divulgue hasta despü- fe da