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MADRID DÍA 2 DE OCTUBRE DE 1930 NUMERO SUELTO JO CENTS. Á DIARIO ILUSTRAG ED O AÑ O S I M O S EX T O N 8.664- A 0 i ir- i REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓN CALLE DE SERRANO, NUM. 55. MADRID LA POLÍTICA Y LOS INTELECTUALES I n Si la experiencia nos dice que los intelectuales no especializados en la política han fracasado siempre en ella, ¿debemos considerar la política como actividad vedada para ellos y. esfera limitada a los políticos profesionales? Una gloriosa excepción hemos tenido en España: D. José Echegaray, que, eminente hombre de ciencia y excelso dramaturgo- -pese a sus detractores, el más grande que hemos tenido en España en el siglo pasado- fue un excelente ministro de Fomento en los días azarosos del efímero reinado de D. Amadeo de Saboya, otra víctima también de la inconsciencia de nuestras clases directoras y de nuestras bajas intrigas políticas. Y fue también D. José Echegaray en los últimos años de su vida un excelente ministro de Hacienda. Suya es la frase el santo temor al déficit que debiera esculpirse en letras de oro a la puerta de todos los ministerios de Hacienda, y aun de algunas casas particulares. Salvo, que yo recuerde, esta gloriosa excepción, los intelectuales no especializados en política han sido siempre calamitosos en sus actuaciones gubernamentales. Y no se achaque a falta de conocimientos técnicos especiales, porque, ¡ay! los técnicos son los que más fracasan, y Dios nos libre de un hacendista técnico en el ministerio de Hacienda. Suelen ser los más funestos perturbadores de la hacienda pública. Más prestidigitadores que hacendistas, sólo saben. presentar un presupuesto con superávit de la más ardiente fantasía, sin contar con que ese superávit se debe- -y nunca con mayor propiedad puede decirse- -a una serie de empréstitos que nunca han sido alivio de la hacienda pública. ¿Deben, pues, los intelectuales limitarse a ser espectadores en el espectáculo político? Porque es el caso que como críticos también suelen ser peligrosos, y en España ya tenemos demasiados críticos de todo y para todo. Dice Montherlant, el escritor francés moderno más amigo de España y bastante conocedor de ella, salvo los inevitables prejuicios, que la primera vez que presenció una corrida de toros en España; al oír a cada instante cómo los espectadores de un lado y de otro increpaban a los toreros: Por derecho Saca más vara Con la izquierda Llévalo a las tablas Por alto Por bajo y al ver a los lidiadores atolondrados entre el diluvio de advertencias y de instrucciones, sacó la impresión de que en España tcdo el mundo sabía torear menos los toreros. Pues lo mismo sucede en política, en medicina, en arte, no digamos en el teatro. Nadie se limita a ser espectador; todos creen entender más que los encargados de las respectivas lidias. Lo difícil es no hacer el ridículo cuando llega la ocasión de echar siquiera un capotito en alguna de ellas. En el teatro, por ejemplo, tenemos mil sabios teorizantes que de continuo nos marean con los tópicos de la crisis teatral, la decadencia, del teatro, do. Lo digo para celebrarme yo mismo, los viejos moldes, el superrealismo, el ex- porque ello fue que sólo por haber renunpresionismo, la vanguardia, y cuando, por ciado a ese cargo, y para que nunca se creimprudencia, pasan de la teoría a la prác- yera que hablaba por mí el sueldecito pertica, sus comedias no son más que una mala dido, ya me creí obligado a no hablar ni imitación de alguna novelería extranjera, y bien ni mal de la Dictadura. Tampoco lo toda su modernidad consiste en una deco- digo por alabarme, sino para compararme ración colgada al revés o en que los árbo- con otros que sólo hablaron por la mella les son, morados, el cielo verde y los edi- dolorida que dejó en ellos la extracción ficios torcidos. No hablemos de poetas, pin- forzosa de alguna prebenda. Y, cerrando el paréntesis, volvamos a tores y. músicos, que, en nombre de lo que ellos llaman nueva sensibilidad, se arrojan que ningún- ministro de- Instrucción cree a los mayores desatinos, justificados por la haber sido ministro si no arremete con un palabra que ha venido a substituir los con- nuevo plan de enseñanza, sobre todo- de ceptos de lo bueno y lo malo. Ahora se esa Segunda enseñanza de sus pecados. dice: Es muy interesante y con lo inte- Pues bien; yo sé que con tantas reformas resante: se justifica todo: la música que no- -supongo que muy meditadas- -y con añasobre es, música, la pintura que no es pintura y dir asignaturacuando asignatura, hasta poner espanto se ve a los jóvenes la literatura que no es literatura, pero es alumnos del Bachillerato cargados de una muy interesante. Lo interesante se acomo- balumba de libros, y hay qué ver lo voluda a todo. Por lo interesante se. justifica minoso de los libros de texto usuales- -una hasta el crimen: es un crimen muy inte- mina para venderlos al peso- se asombra resante. Es posible que no tarde en figurar, uno y se avergüenza un poco al ver lo que esta apreciación en los códigos como exi- ignoran los muchachos de ahora Y no son mente de toda responsabilidad. Por lo prori- sólo los muchachos. En compañía de perto, en los códigos artísticos ya nos, hemos sonas mayores, con. carrera facultativa, alanticipado. Lo malo es que el. interés de gunas muy doctas en su especialidad, he estas cosas interesantes es tan efímero como visitado Museos y monumentos en mis viael esfuerzo que suponen. Obras de aliento jes y me ha; sorprendido su crasa ignorancorto, carrerillas, saltitos, -vuelecillos, si se cia de las más vulgares nociones de Histoquiere, siempre de poca altura, pero punca ria, de Geografía, no digamos de- Mitoloel paso firme, airoso, del que va por cami- gía y de Historia sagrada, hasta el punto no cierto seguro de llegar adonde se pro- de preguntar ante pinturas, del sacrificio de pone. No se juzgue que esto es negar, ni Abraham y la vuelta del hijo pródigo, qué siquiera poner en duda las posibilidades representaban aquellos cuadros. En mis tiempos, con la sencilla lectura intelectuales de los jóvenes; de los verdaderos jóvenes, no aquéllos de los cincuenta del compendioso Fleury estábamos al cabo para arriba de que os. hablaba antes. Pero de esos asuntos, y con un abreviado manual de Mitología no nos quedábamos pasmasí: creo que la mayoría de los jóvenes de dos de ignorancia ante un. cuadro que reahora va un poco descaminada, y ellos, que presentase el suplicio de Tántalo, y mucho, con tanto desprecio hablan de los novecentis- menos ante el juicio de París. En el teatas, poco han hecho i con despreciarnos si tro, cuando se representa alguna obra de todavía no han conseguido substituirnos en ambiente histórico, asombra igualmente el el favor del público. Y pueden estar segu- desconocimiento y la extrañeza de la mayoros de que el público, nuestro público por ría de los espectadores ante sucesos o alulo menos, no se encariña con los viejos siones a sucesos históricos de los más- di. sólo por ser viejos y agradece y desea las vulgados. Yo dudo que no se pueda ser un eminente novedades cuando son verdaderas novedades. Lo qué no agradece ni estima, aunque por médico y un notable jurisconsulto y un so- curiosidad se pare a considerarlo, es la ex- bresaliente. ingeniero sin saber de Historia, travagancia, las malas imitaciones de figu- aunque sea sagrada, ignorancia menos disrines extranjeros y lo que ahora han dado culpable en un país como el nuestro, caen liarriar piruetas, cuando no son más que tólico por excelencia, y sin saber de Lite- piruetas, tan sobradas de atrevimiento y ratura, a la que tal vez damos demasiada frescura, en el mal sentido de la palabra, importancia los literatos, ni de Pintura. Pero yo unas ligeras de como exentas de agilidad y dé gracia. Hay, todo ello, creo que Humanidades, nociones los algo de aunque sobre todo, en la juventud una falta de conocimientos no sean muy profundos, no preparación, lastimosa. Yo rio me detendré dicen mal con ninguna profesión yacompa- -a juzgar las innumerables reformas en los ñ an muy bien a un traje de corte señoril, estudios de la Segunda enseñanza o Bachi- que supone, por lo menos, una instrucción llerato. La Segunda enseñanza es el conejo primaria. de Indias de todos Jos ministros de InsPor eso, al comparar lo que sabemos los trucción pública. Durante los cuatro años que sólo estudiamos el Bachillerato de mis en que. tuve a mi cargo la subdirección del tiempos mozos con lo que saben listos baConservatorio creo que pasaron veintitantos chilleres de las innumerables asignaturas y ministros por; el ministerio, Nunca logré de los voluminosos libros ¿de? texto; -yo no saber cuál era el vigente. sé a quién culpar: si a los ministros y Haré constar, entre paréntesis, que el Consejos de Instrucción pública, por sus primer cargo del que se presentó la dimi- planes; si a los profesores al aplicarlos o a sión voluntariamente, al advenimiento de la los alumnos por no aplicarse. Pero que algo Dictadura, fue el de dicha subdirección a hay que no va bien en todo ello es indu mí confiada. No lo digo para que mé lo dable JACINTO B NlAVÉNT i: celebren los: enemigos del régimen derriba-