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A B C. MÁSTÉSir BE FEBRERO EDÍCÍOFÍDÉ. M MASÁNA EAG, 23 El jefe ide La. Mesa, -alterado por la noticia, exclamó: No lo recibo, no puedo recibirlo! Está aquí el expreso de Sevilla. Detenga al de- Alicante, Pero el expreso de Alicante había partido ya. En vano el jefe del Casar lo repetía por teléfono: No puedo detenerlo, ha marchado ya. Salgan a cortarle el paso. No había tiempo que perder. Los discos estaban cubiertos de nieve y el maquinista del expreso de Alicante no podía ver ías señales ele obstrucción de la vía. A toda prisa salieron varios obreros con faroles para hacer las señales de alarma y- detener- el tren. La nevada era considerable y apenas se divisaban las luces a distancia. Todo esto no pasó inadvertido del- todo para algunos viajeros, y dos de ellos resolvieron apearse del vagón de Cádiz, precisamente el que resultó completamente destruido a consecuen- ci. a de la. catástrofe. Los viajeros pudieron percibir las luces del tren que llegaba rápidamente, por estar, situado el apeadero de La Mesa en una gran recta, pero como habían visto a- los obreros ferroviarios salir para hacer las señales de parada, no desconfiaron de que el tren pudiera detenerse. Pero sucedió lo imprevisto. El maquinistadel expreso de Alicante no vio el disco que marcaba el cierre de la vía y divisó las lucesde alarma a corta, distancia del. apeadero, porque a los obreros que las conducían no les dio tiempo de llegar más allá Sin em bargo, en el espacio libre pudo el maquinista del expreso en marcha frenar poderosamente y hasta dio contravapor, logrando casi detener el tren, de suerte que puede decirse que con unos cuantos metros más la catástrofe no se hubiera producido. La. fatalidad, no obstante, dispuso las cosas de otra! manera. La máquina del tren tíe Alicante alcanzó! al último coche del expreso de Andalucía, que era un sleepingj dé. cual habían descendido, los dos viajeros a. que nos referimos! anteriormente y que presenciaron lo ocurrido como ante la pantalla de un cinemaíógíaío V según sus propias frases. La locomotora destrozo el ebehe- cáma y ¡lo arrancó de su plataforma, convirtiéndolo en astillas. Quedó el coche debajo del que ocupaba el segundo lugar de Is. cola, que, al sentir el. choque, se elevó y montó sobre aquél. Los escasos viajeros que ocupaban el coche destruido- -que, repetimos, era el último del expreso de: Sevilla- -salieron despedidos, en varias direcciones, pero uno- ele ellos, D. Santiago Marcelo, Guerra, quedó 1 aprisionado por el- pecho contra la techumbre del vagón y así resistió, con esfuerzos desesperados, algunos. minutos, sin que fuera posible libertarle de su prisión. La muerte del desgraciado debió ser, pues, horrible. Su esposa, con ambas piernas fracturadas, sufrió la amputación quirúrgica de una de ellas en el mismo apeadero de. La Mesa, y de la segunda en Alcázar de. San Juan, a íon- de fue trasladada con los demás, heridos. DEL ACCl DENTE. FERROVIARIO OCURRIDO EN EL. APEADERO DE LA MESA Las causas de la desgracia. El viajero muerto: El momento de la catástrofe. Los que se salvaron. Llegada dpi rápido de Andalucía. Las causas de la desgracia No se han podido obtener noticias oficiales de las causas que motivaron el choque del expreso de Sevilla y del correo- expreso de Alicante, ocurrido el sábado poco después de medianoche en el kilómetro 95, apeadero de- La Mesa, entre las estaciones de Tembleque y Casar de l a Guardia, pero por datos particulares se sabe que al llegar el expreso de Sevilla al apeadero citado tuvo que detenerse la máquina. La nieve había caído sobre e. l disco de señales y le cubría por completo, lo que originó que el maquinista del correo- expreso de Alicante, que también caminaba en, malas condiciones debido a la gran. cantidad de nieve, no advirtiera que la vía estaba ocupada y continuara su marcha. Afortunadamente, el mal estado de la vía; era causa de que los trenes marcharan con grandes precauciones, y esto hizo que el choque no fuera tan violento; pues de haber Kiar chado los convoyes á la velocidad ordinaria hubiera ocurrido una; verdadera catástrofe, ya que los dos trenes no tienen parada desde Madrid hasta Alcázar de San Juan. Además de los trenes de socorro ya mencionados, se dispuso que con dirección a Ciudad- Real saliera una máquina exploradora, qué continuó a Manzanares y Lillo. Por toda esta línea la nieve alcanzaba medió metro de altura. -Uno de los trenes de socorro que sa- lierpn de Madrid tuvo que detenerse en Aranjuez, pues por el exceso de nieve no podían funcionar las agujas. El ingeniero jefe de la División de Ferrocarriles, conde de Baynoa, ordenó la. salida de personal para practicar averiguaciones. En la Intervención del Estado en la estación de Atocha estaban de guardia los señores D. Enrique Conde Salazar y D. Eduardo Teus, que amablemente facilitaron a la Prensa toda la información que poseían de socorro, que con la maquina del expreso de Sevilla, un furgón y. un vagón se formó en el lugar del suceso. Los heridos leves continuaron su viaje. El personal del apeadero de La Mesa y el de las estaciones inmediatas- empezó a realizar los trabajos para dejar expedita la vía, y a las ocho y quinc é; minutos de la mañana del domingo quedó libre el paso por la ascendente. La descendente de la línea de Alicante seguía interceptada a primera hora de la mañana de- hoy. A fin de facilitar la circulación de trenes, sé suprimió el expreso de Barcelona 804, que se! fusionó con el 806. El 214, de Cartagena, se. fusionó con el 210, de Alicante, y el 406, expreso de Algeciras, con el 204, expreso de Andalucía. Quedó suprimido el 212, expreso de Valencia. El momento de la catástrofe Noticias adquiridas posteriormente nos permiten relatar cómo ocurrió la catástrofe. El expreso de Sevilla tuvo que detenerse en el apeadero de. J 4 j, Mesa, donde 110 tiene parada regular, por haberse obstruido la! caja de una de las. agujas a consecuencia de la nevada. Como no se pudo hacer funcionar dicha aguja tuyo que ser detenido el convoy. Cuando se estaban realizando las operaciones necesarias; para dar salida al expreso, funcionó el teléfono. El factor que substituía val jefe de, la. estación de Casar de; la Guardia, que es la inmediata anterior, por donde había de llegar. el expreso de Alicante, que sale de Madrid con un cuarto de hora solamente de diferencia, con el expreso de; Sevilla, avisaba que en aquel momento daba la salida al segundo tren. E! viajero muerto En los primeros momento no pudo ser identificado. Después se logró averiguar que el viajero. muerto en la catástrofe, y que pereció entre los restos del coche destruido, era D. Santiago Marcelo Guerra, de unos treinta y cuatro años de edad, persona de complexión robusta, que, en unión de su esposa, viajaba en el último coche del tren de Andalucía, que era un sleeping directo a Cádiz, i EL MEJOR CALZADO, SIN DISCUSIÓN; doscientos modelos nuevos. Más heridos A- los nombres de los heridos hay que añadir los siguientes: I Acordado este, concurso, por la Junta de Doña Ascensión Montañoso Briodo, vecigobierno; las condiciones y, modelo de. prona de Sanlúcar de Barrameda, diversas heposición han sidb: publicadas en la Gaceridas y- conmoción de pronóstico menos grata del. día 8, del actual. ve; D. Ramiro Núñez de la Fuente, de trein- ta y dos años, marinero del departamento I del Ferrol, contusiones en el costado derer cho y heridas en la cabeza, de pronóstico reservado; D. Ramiro Díaz Bustamaníe, de setenta y siete años, contusiones de pronóstico reservado; D. Ventura Pérez, guardafreno, habitante en Madrid, calle del Amparo, 30, herida en la región frontal y conmoción cerebral de pronóstico grave; don José María Ruiz de- Ve Jasco, de veintidós años, teniente de Marina, lesiones de pronóstico reservado. Los Sres. Garrido Quintana y Velasco Sotillos, heridos de los que ya dimos cuenta, llegaron a Madrid el domingo por la mañana. CAMIONES Los heridos graves fuerQ cittaslftdg SiaJ ij íiü ¿Entrega inmediata. Alci hospital de Alcázar de así Juan en éiffeií S. A. 2 E 3 T- I CONCURSO N. 53 Proyectos de suministro y montaje de ele mentos metálicos pai a las tomas de agua para riegos en el pantano de. Sántolea. Heroísmo del doctor Garrido. Las viajeros Je ovacionan El rector de la. Universidad de Granada doctor Garrido, persona muy reputada y conocida en dicha población, que cuenta unos sesenta años de edad, viajaba en el coche de Cádiz. Al choque recibió un fuerte golpe en una ceja y perdió ei conocimiento. Al re- cobrarle se encontró sobre una masa de hie- rro, de la que salía un chorro de vapor. Había quedado montado sobre la locomotora del segundo expreso, sin sufrir más que una herida que después se comprobó era de carácter leve. La sangre le cubría el rostro, y, aturdido por el golpe, no sabía qué hacer cuando oyó que le gritaban para que no abandonase su sitio, pues era peligroso tra- tar- step desíeHfecsi vhizQ! jlilizando uh a