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A B C. SÁBADO 12 DE OCTUBRE DE 1929. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 40. que va siempre de la brida de la acción. Aún eñ sir extremada sencillez, que rehuye todo énfasis, la calidad y el- tono de algunos pasajes, subrayados por el aplauso del senado, descubren el lírico penacho del poeta. Es muy graciosa y muy jugosa, para alu iir a ciertos momentos episódicos y subalternos, la escena de las hablillas y del chismorreo entre las. alegres comadres de aquél mentidero de (la sierra. Consignemos, pues, que no disponemos de espacio ni de tiempo para más en estas impresiones a vuela pluma, el éxito gran- Presentación de ia compañía titular de Lara Con Rosas tle ótofío de Bertavente, hizo su presentación anoche, en el teatro Lara, la compañía titular, así adjetivada, sin duda pai a realzarla con todo, el prestigio tradicional de la bombonera Es director de ella Manuel González, y el elenco cuenta con elementos como Leocadia Alba, de la que nada elogioso queda por decir; Carmen Carbonell, damita que. rompe la tradición aludida para mejorarla, porque no la superaron, ciertamente, otras figuras nacidas en Lara, en los comienzos de sus triunfos escénicos; Concha Cataiá, que aún habrá de recoger muchos laureles; Carmen Esparza, que anoche tuvo un éxito considerable y merecido, y Carmen Caballero, Asunción Camarero, Fernanda Garzón, Soledad Domínguez, Matilde Galiana, Amelia Noriega y Jacinta K. Alenza. El cuadro varonil parece más flojo, aunque cuenta con Antonio Vico y Gonzalo de Córdoba. La elección de Rosas, de otoño tuvo sabor de homenaje a la gran figura de Benavente. Muchos años han transcurrido desde su estreno ¡y el mundo ha caminado tan de prisa, que estas rosas sentimentales del insigne Jacinto amarillean ya como esos retratos de álbum, a los que es preciso contemplar con cierta disposición de espíritu. Una frase del primer acto resuena hoy ya con un eco tan lejano, que provoca estupor: es aquélla en q. ue. se habla de alguien a quien no se juzga capaz de inventar la dirección de los globos... Un siglo parece ya transcurrido, y no treinta años únicamente... Y como al compás de los avances científicos parecen haberse creado nuevos corazones, e insospechados problemas sentimentales, he aquí que las Rosas de otoño del maestro de nuestro teatro contemporáneo, se nos antojen hoy m 4. s otoñales todavía, o qué no les resta poesía, ciertamente. La interpretación fue esmeradísima. Manuel González y la Cátala supieron crear un ambiente íntimos de. hogar en. el final del- segundo acto, con pinceladas maestras, apocas veces entrevistas. Antonio Vico fue aplaudido muy justamente en un mutis, y Carmen Carbonell, encantadora y muy artista, fue acogida con el mayor cariño. Al terminar la representación, el señor González participó el acuerdo de la compañía de destinar un día de haber para el sostenimiento de una clase de las escuelas de la Paloma, fundadas por doña Milagros Lara, á la que contribuirá la Empresa, destinando el importe diario de una butaca, rasgo que füé muy bieri acogido. ACTO III TOME (Sr. Puga) Y... ¿no es que lo finges? Noes que mientes com padeéiendo? ¡Me quieres! SALVADORA, (Sra. ilembrives) i Tan de verdad te quiero, con tal tesón, que empecé de voluntad y acabé de corazón! fie de Marquina, qu hubo de pisar repetidas veces el palco escénico entre fervorosas ovaciones. Drama de tal envergadura exigía una excepcional intérprete. ¿Y quién mejor que Lola Membrives para sentir y expresar Jos hondos acentos, los contrastados y diversos tonos que resaltan en la protagonista? Es admirable cómo la gran actriz los ha exteriorizado, empleando los medios más sobrios, el más natural estilo, buceando en lo más recóndito del personaje, con tal verdad interpretativa, que alejaba de nosotros toda ficción. Si Marquina hizo honor a la actriz al confiarle la vida escénica de la protagonista, ella se lo devolvió con creces Puga, en la penumbra de su papel, acertó a comunicarle su interesante y misteriosa vaguedad. Amparo Astort, con su arte realista; Roses, con sus pulidas maneras: Esperanza Ortiz, incentiva y fragante, y Grasses, en et 1 c opléMv completaron la. primeras, línea déi idoneo y- eálficiente reparto. Y ¿ho, raimeírece mención espeeialísima el joven actor Pefcfe Marco, que, al fin, encontró ocasión de revelarse como un actor que sabe lo. que hace y por qué lo hace. FuS en el papel de Graciano, que compuso y caracterizó con tal evidencia, que el público le ovacionó con largueza. T queda registrado y. rubricado lo más saliente de sta victoriosa- jor: Estreno de Los duendes de Sevilla de Jos hermanos Alvarez Quintero Sevilla 12, 3 madrugada. (Crónica telefónica. Un azar dichoso hace que el estreno de. una comedia de los sevillanísimos hermanos Alvarez Quintero se efectúe en circunstancias coincidentes con la exaltación propia y ajena de nuestra incomparable ciudad: en una noche de Fiesta de la Raza, en el teatro de la Exposición y con una intérprete sevillana. Si se añade a ello que la nueva comedia quinteriana tiene como protagonista, difusa e impalpable, a Sevilla misma, y, que a nosotros nos cabe el honor de. juzgarla en el primer número de la edición de A B C en Sevilla, que fue. aspiración entrañable de otro sevillano amantísimo de su tierra y periodista insigne, que 1 a su tierra dedicó tantos desvelos e ilusiones, se comprenderá con qué júbilo escuchábamos anoche, los aplausos unánimes que premiaban la gracia, el arte y la emoción desparramada copiosamente. por, los tres actos de Los duendes dé; Sevilla, El éxito fue caluroso. Sé inició francamente en el acto primero; -se. súp ¡eró i segundo, y se mantuvo con igüaí entásiásV me en el tercero. -En la- obra que vimos anoche en j tro. de. la. Exposición, Sevilla tiene cátegpi ía de protagonista, y no sólo como símbolo y abstracción, sino como un manantial inagotable de reacciones sentimentales, i Bid i Sevilla ejerce sobre los sevillanos una influencia inefable. Tiene duendes. Como el cante ondo Sevilla está llena de duendes (lo inesperado, lo recóndito, lo fortui- to, lo sorprendente, lo que ño se puede ex presar y apresar) y ellos dominan fatalmente, no ya a los sevillanos, sino tam- bién a los extraños que aquí llegan por la. atracción de la fama o la curiosidad de sus encantos. La fábula de Los duendes es muy parva. Aun corriendo el riesgo de despistar al. lector, la convertiremos en miniatura. Un muchacho arquitecto, que viene a estudiar a Sevilla, cae enamorado de una- sevillana con vocación de monja, y, venciendo su obstinada resistencia, logra, al cabo, una promesa de amor. Esta trama insignificante da a los hermanos Alvarez Quintero pretexto para un desflle. de tipos y costumbres sevillanas. La exaltación de Sevilla fluye por vía libre de todas las palabras, gestos y situaciones. Se diría que hay también, duendes en Los duendes de Sevilla como en Sevilla misma. Hay, además, en la nueva comedia quinteriana, junto a la deliciosa, pintura de tipos y costumbres, evocaciones oportunas do índole histórica, artística y literaria, y una fina diatriba de las modas arquitectónicas. No falta tampoco la alusión a la actualidad, espléndida, como, por ejemplo, el re. cuerdo a la grandiosa obra de D. Aníbal González, que provocó en el público una ovación cerrada y prolongada; homenaje es- pontáneo y cordial al gran arquitecto, que tanto dio a Sevilla, y a quien Sevilla llora todavía... Al extinguirse estos aplausos, so requirió la presencia de los hermanos Quintero, y la representación estuvo interrumpida algunos momentos. Frente al exaltado intransigente, que no acierta a discernir lo bueno de lo maloj pintan los hermanos Alvarez Quintero al intransigente vapuléador: son. también dos. tipos muy sevillanos. No tienen en la obra misión especial al servicio de una apología. Forman parte del cuadro de costumbres. Luz Manara, la nueva mujer quinteriana, incorp orada desdé anoche a su espléndida galería de tipos femeninos, es una mujer representativa. No hay- -le dice su galán- -en la historia de Sevilla figura de mujer santa, mártir, enamorada, pecadora, real o legendaria, que no haya tomado en mis sueños tu forma corporal Es la estrella de Sevilla. Rosina y Carmen, la no- vía del torero que reza mientras él se juega la vida; -la novia del caballista, la morena por quien se matan dos hombres, la dama, la bailadora. Encarnación de Sevilla: apasionada y mística. Y burlona. Esa mujer ha hallado en Carmen Díaz su intérprete insubstituible. En el primer acto vemos a la mocita recatada y entrevemos a la mujer vibran- te y apasionada. En el tercer acto infunde a la protagonista un nuevo brío de gran actriz. La voz, el ademán, la actitud de Carmen Díaz adquirieron ayer una fuerza expresiva que no es muy frecuente en el teatro: la dramática. Los matices- más delicados y esfumados llegaron- al público a través de un temperamento artístico que ya se manifestó triunfalmente en otra comedia quinteriana: Los mosquitos En general, la interpretación fue perfecta. No debiéramos eludir ningún nombre; pero daremos conio más destacados el de Teresa Gisbert, Elisa Sánchez Margarita Larrea, Montserrat Blanch; Concha Soto, María Montilla y Carmen León; Vicente Soler, que fue el protagonista del principal personaje masculino dé Los duendes Miguel Pozanco, Rafael Barden! y Galeano, tres actores meritísimos de la compañía de Carmen Díaz, que merecen también nuestros elogios incondicionales; Ricardo Simó Rasov á quien no vamos a descubrir- ahora, que interpretó tres. papeles diferentes: un pintor cascarrabias, sm sacristán, padre de un torero, y un guardia y en los. tres irjajnfo: su- a- dmirabtei sobriedad de dit re S íel ui -dSftréía sfeaíaoi n y. al final SS 5 e los tres actos, ios hermanos ABvarez Quintero, requeridos por el auditor o, se presentaron en el proscenio, entre ovaciones calurosas; Ha sido realmente! Tin triunfo.