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LOS AUTORES PINTADOS POR Sí MISMOS Nací en Madrid. Nunca lie sido madrileñista. Cuando yo tenia cinco o seis años- -no diré cuánto tiempo hace de esto, por que la gente que no puede estar en interioridades, supone que yo tengo la man a de ponerme años. -jugaba a los altarcitos, aunque no era muy religioso. Todo era pretexto para pronunciar sermones encaramado en una silla. A mi madre la he oído decir muchas veces que las señoras amigas de casa se desvivían por escuchar mis sermones y que les hacían muchísima gracia. Desde pequeño hacía yo gracia a las señoras. Por fortuna, no he perseverado en ese camino. De las aficiones eclesiásticas, por natural derivación- ¿no hay que buscar siempre en lo religioso los orígenes del teatro? pasé a las aficiones teatrales. El teatro era el único juguete que tenía encantos para rní. Llegué a poseer cuatro o cinco. El último era una verdadera maravilla. Uno de mis hermanos era el escenógrafo, yo era el sastre, aunque nunca supe dar puntada; yo, que había de hilvanar tantas comedias. Los trajes de mis artistas estaban prendidos con alfileres. Mis artistas iban siempre de veinticinco alfileres. H. -R. Lenormand ¿Repertorio? El más vasto que tuviera jamás compañía alguna. Yo era el intér- No existe un solo caso de dramaturgo prete único. Mi voz infantil tenía una ma- nacido por generación espontánea a la vida ravillosa variedad de registros y de matices. del arte. Cuanto más específicas sean sus ¿Público? Los criados de casa y la chi- obras y cuanto más aireadas estén por la quillería de la vecindad. ¡Admirable pú- actualidad y por las modas, más profunda blico! El que yo he preferido siempre. es su rai imbre en la tradición. Así Le ¿Sus obras predilectas? Don Alvaro, La normand. Su más inmediato precedente livida es si teño y el Castigo sin venganza. terario aparece en Maeterlinck, y sería obliYa quisiéramos este público para los d as gado hablar antes del glorioso poeta si una de fiesta artística. circunstancia fortuita no colocara a LenorLa feliz circunstancia de ser empresa- mand en el primer término de las novedario, director artístico y único actor, me des escénicas de Madrid. animó a escribir algunas obras. El próximo martes se estrenará en el teaEra yo muy zangolotino y el teatro in- tro Fontalba, por la compañía de Margarita fantil funcionaba todavía. La autoridad Xirgú, la conocida tragedia Los fracasados, superior de mi padre decretó el cierre. El y a esta representación asistirá el gran drate, atro me distraía de mis estudios. Y eso maturgo francés, que dará una conferencia. que mi padre era gran aficionado al tea- Tendremos, pues, en breve, ocasión de juztro v Si yo dijera que la separación de mi gar una de sus primeras obras, y también teatro me costó las primeras lágrimas de una de las más características de toda su hombre de mi vida... Lágrimas son toda- producción. vía estos puntos suspensivos. Como muchos jóvenes dramaturgos franDespués empecé a escribir. ¿En serio? ceses, Lenormand se reveló en los teatros No; para nr el escribir comedias fue siem- parisienses de vanguardia. Había publicado pre aquel mismo juego de niño. Pero, ¿hay nada que los niños tomen más en serio que sus juegos? i Don Emilio Mario, de quien mi padre era médico, oyó mí primera comedia. Después he tenido la satisfacción de verla representada. Su asunto era el de La costurera de Louneville, de Savoir. Claro que Savoir mal podía conocer aquella comedia mía. Pero conste que a los diez y seis años era ya un precursor. Mi primera obra estrenada fue El nido ajeno, con mal éxito. Después... ¿Para qué voy a enumerar una y otra? ¿Críticas? No hay escritor de prestigio en España que no se haya metido conmigo y con mis obras. Meterse con mis obras hace intelectual. En los periódicos y revistas de la juventud literaria, ya se sabe, es de cajón meterse conmigo desde el orimer número. Esto me afligiría mucho. Siempre es triste no tener a la juventud de su parte. Pero es el caso que Ips mayores atrevimientos de esa juventud son los mismos de cien artículos míos publicados en aquella Vid, a Literaria de feliz memoria, y mas tarde en El Imparcial y Nuevo Mundo. Todo el toque está en que ahora se dice con más obscuridad lo que entonces se decía claramente; pero, total... lo mismo. ENRIQUE RENATO IXNORMAND (1 G) Esto a la hora de teorizar, que a la hora de practicar, ¿en dónde están las novedades? Y las pocas que apuntan... duran tan poco... En fin, ya falta menos. Entre tanto... los toreros se retiran de los, toros- -prescindo del caso de haber ganado mucho dir. erc- -o por falta de facultades o porque ven apuntar nuevos toreros de esos que, como suele decirse, vienen quitando lu. cabeza. ¿Cree usted que ha llegado para mí alguno de esos dos casos? Al fin de mi vida, el teatro es para mí lo que era a su principio: un divertido juego en el que he puesto siempre toda el alma, como la ponen los niños en sus juegos. ¿Amarguras? No. Hay diez o doce personas que de verdad me quieren, estov seguro de ello, y a la que yo quiero del mismo modo. Ni sé ni me importa si me admiran: me quieren y las quiero; es bastante. El secreto de la felicidad está en achicar el mundo y sentirse muy grande en ese pedacito de mundo nuestro. JACINTO BENAVENTE. DRAMATURGOS EXTRANJEROS CONTEMPORÁNEOS ya algunas deliciosas novelas, corco Le enseur et ia crétine, La metisse y A I CCCJ en las cuales, como en toda su obra, se percibe su inquietud por las relaciones de la moral, sexual con la creación artística. La noción de la ley de causa a efecto que une la obra a la sat sfacción de los instintos más secretos y más libres del alma, es ciertamente una de las ideas más típicas de M. K. -P. Lenormand dice su joven y sagaz crítico Daniel- Ropj. Y el mismo dramaturgo, al intentar deñn r su obra, escribe: Durante veinte años de vida artística no he cesado de interrogarme acerca del problema de la creación literaria. ¿Por qué me solicitan unos asuntes con preisrencia a otros? ¿Qué queda de mí ni smo en mis personajes? No creo que se pueda resolver la cuestión de las re aciones íntimas entre la obra y el obrero, identificando a la una con el otro, sino, más bien, procurando oponerlos. Porque si hay entre ambos indiscutibles afinidades, hay, también, contrastes y disyunciones profundas. La obra se alza a veces contra el obrero, como el niño se rebela contra su padre. El obrero contempla: a menudo s obra con la mirada atónita que un hombre honrado dirigiría a su hijo criminal, pensando en las taras que le ha transmitido sin estar él mismo inficionado. La tragedia Los fracasados (Les Ratés) fue estrenada por Georges Pitoef en Ginebra, en plena guerra y antes de que e te actor y el mismo Lenormand obtuvieran la consagración en Parí En Ginebra interpretó el papel de la protagonista la esposa del dramaturgo, María Kaíff. El triunfo de Los fracasados atrajo hacia el nuevo autor la atención de artistas y escritores recluidos en aquella ciudad neutral. Los primeros éxitos de Lenormand en París fueron en el teatro de las Artes con el matrimonio Pitoéff, en Diciembre de 1919 y en Mayo de 1920, con Le temps est un songe y Les ratés, respectivamente. El Simún, otra de las obras maestras de Lenormand, fue estrenado en Diciembre de 1920 y puesto en escena ppr Gastón Baty en el teatro de la Comedia Montaignc- Gémier. Era el primer éxito clamoroso de Lenormand y la revelación de una personalidad eminente de dramaturgo. Luego, en Enero de 1922, se estrenó Le Mangeur de Revés en el teatro Pitoeff, de Ginebra. En Octubre del mismo año, Gémier presenta en el Odeón La dent rouge, y dos años más tarde, El hombre y sus fantasmas. A estas obras han seguido, siempre con éxito y resonancia mundiales, A l ombre du mal, Le lache, Mixture, L innocente y otras. Lenormand es hoy uno de los más grandes dramaturgos contemporáneos. Su reputación se ha extendido después de la guerra a todas los países de Europa y América, donde se le traduce y estudia con gran interés. Es. con Eugenio O Neill, el único autor que cultiva la tragedia y el drama clásicos, infundiéndoles un a iento actual y una inquietud moderna. Limitándonos ahora a Los fracasados, diremos que la crítica inglesa se ha detenido especialmente en el análisis de lo que llama el maniqueismo de Lenormand. El dramaturgo siente la obsesión del mal y es anormalmente sensible a su presencia. John Palmer decía que Lenormand da al mal una forma y una expresión de tal intensidad y poder que no son igualadas en la literatura moderna. Pero, fundamentalmente, Lenormand es un moralista. Ello se aprecia, sobre todo, en Los fracasados, donde nos presenta a una pareja de amantes, autor él y actriz ella, que buscan la felicidad mutua en su arte y en su amor. La pobreza y el fracaso les obliga a someter su amor y su arte a todas las posibles indignidades. El envilecimiento no aíecta- -dicen ellos- -a lo más sagrado e íntimo del amor y del arte. Pero ei hombre que así piensa, el hombre