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A B C en Jos Estados Unidos. HELBA MUÑOZ HUARA, LA CELEBRADA AR 71 SÍ A HJSPANOPERUANA Sam y Le Shubert han descubierto una nueva artista española, aunque no nació precisamente en Esp; la. Pero como tal nos la presentan y eso hay que agradecerles. Después de todo, ser peruana ¿no es ser espiritüalmente española? Helba Huara, que éste es su nombre de teatro, nació en Cuzco, la vetusta metrópoli de los incas, y fue el padre, por lógica consecuencia histórica, ya que no un aborigen, tur ineludible español, un andaluz prestigioso el doctor Muñoz. Nuestro compatriota, que viajara mucho, como digno descendiente de sus heroicos antepasados del siglo xvi, pasó por el Brasil, se enamoró de una sugestiva brasileña casáronse... y en Cuzco fructificaron aquellos amores hispanobrasileños. La tierra peruana hizo lo demás. El sello indio se marcó en la recién nacida con huella indeleble. Helba Huara, sin perder su espíritu español, que se asoma a sus ojos andaluces; ni sus líneas ondulantes, con todo el sensualismo del trópico, es así una inca auténtica, aunque a veces nos parece una gitana que llegara a América de mucho mas aílá del Albáicín: del milenario Egipto, de la aún más remota India. ¡quién sabe de dónde! La Huara (cuyo apellido de Muñoz no usa más que en la. intimidad) comenzó a bailar desde muy niña, a los nueve años, espontáneamente, por vocación ingénita, como si obedeciera a un mandato ancestral. Cuando fue mayor consagróse al estudio de todas las danzas de la tierra, y ante el público se presentó por vez primera en Buenos Aires con una compañía de bailes rusos. Recorrió luego toda la América, y poco a poco fue relegando al olvido las ¡danzas para, ella exóticas, conservando únicamente algunas de las más castizas españolas y poniendo su mayar devoción en el culto a las indias legendarias. Su Adoración al Sol por una princesa inca consagró su arte. Algunos públicos, los menos cultos, dis- HELBA HUARA cutieron sus danzas. Otros, los más inteligentes, vieron en ellas la suprema expresión de una energía trágica, avasalladora, reflejada por los medios más 1 simples y primitivos. Helba Huara no baila sólo por bailar y sin saber lo que baila. Es una intelectual perspnalísima que pone todo su espirita elocuente en sus pies, en sus manos, en su cintura, en sus ojos. Sus danzas podría bailarlas mejor o peor cualquier otra mujer, pero nunca como ella. Un critico norteamericano, entusiasta admirador de nuestra Raquel Meller, me. decía ante Helba: -Si. Raquel bailara, bailaría así. ¿Qué mayor elogio para la Huara? Los Shubert la presentaron en el 44. th Street Teatre, de Nueva York, como principal atracción de su revista ¿i Nigkt n Spain, donde sólo necesitó brindarnos ha danza del destino para triunfar rotundamente. La emoción que produjo fue de ¿as más intensas. Es algo excepcional. Y no es solamente su baile lo maravilloso: maravilloso es también el repiqueteo de sus castañuelas, que lloran y ríen, cantan y rezan, y nos lo dicen todo. En La danza del destino se echa ella las cartas, y el barajeo resuena como un eco en sus palillos brujos. Otros dos artistas hispanos ...sobresalen, para orgullo nuestro, en Una noche en España: el gallego, de Mugardos, Esteban Cortizas (el Cortez de Cortes aríd Peggy) y el mejicano Tito Coral, que canta, entre, otras cosas españolas, El relicario, de Pa- dilla, cuya música, firma sin el menor escrúpulo el maestro Jeán Sch y. arthz... UNA ACTITUD DE LA EXTRAÑA ARTISTA. (FOTOS GOUDBERG- MIGUEL DE ZARRAÜA.