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en la heroína de Lo cursi, y de La qata c Angora, y de El hombrecito; y en Malvaloca, y en la Soledad de j Calla, corazón i, y en la vieja inglesa de Todo tu amor, v en la Pilar de La hija de la Dolotesi, y en la protagonista de Divino tesoro, y en la Duquesa de San Quintín, del abuelo Galdós; y en La buena muchacha de Sabatino López; y en la Deseada de La ermita, la fuente y el rio, cuyo último acto no puedo hacer sin llorar de veras. casos de patología erótica rr; crueles qtie pueden presentarse, no logra aceptarlo nadie, ni en Londres ni en Moscú. En París mismo, en donde la obra se da en un teatro muy d cote, y en donde el público que asiste a sus representaciones está lejos de pertenecer a la burguesía, me parece haber notado, la noche del estreno, algo que era más que asombro en la actitud de la gente. Las mujeres, sobre todo, hallándose antéese caso, que más parece hecho para inspirar una tesis a un neurólogo que para sugerir un drama a un artista, sentíanse desconEl público es complaciente y se divierte certadas, sin lograr dar una respuesta clacon cualquier obra, con la condición de que ra a las voces misteriosas que. en el fontenga relieve escénico y los, artistas tengan do de sus seres, preguntaban si había una que hacer y hagan precisamente lo que derealidad digna de estudios sociales en el ben. Al público le, disgusta el desacuerdo, madame la desarmonía entre el intérprete y 3 a obra; U N A LEYENDA DE vértigo deun simple Huguerie, o si no era, más bien, mal monstruoso de los entre lo que se pretende y lo que se consigue. No sabe a quién echarle la culpa ni se FRANCISCO VILLAES- que sólo dependen de la teratología libidinosa. detiene en los porqués; siente que aquello no es así, no está logrado, y se disgusta y PESA Hay que notar que en toda la primera rechaza. Copiamos de La Razón, de Buenos Aires: parte de la obra, la heroína nos aparece como más Francisco Morano Dos obras nuevas acaba de incorporar normalla de lasmoral y hasta como la más mujeres. Sus maneras son a la lista de sus estrenos el Sr. Enrique De serias, suaves, bondadosas, correctas. SabeEl admirable actor nos contesta: Rosas. Una de ellas es del Sr. Luis Rodrí- mos que durante los terribles años de la Me gusta encarnar todos aquellos tipos que tengan calor de humanidad: hombres. guez Acasuso, y se titula Un hombre sin guerra, su marido, un sabio joven, ha teBuenos o malos, nobles o plebeyos, fran- corazón. -Trátase, según tenemos entendido, nido que abandonarla, recién casada, enade una comedia en tres actos, con visos sa- morada, ilusionada, para ir a servir a su cos o hipócritas, con vicios- o virtudes, con exaltación o sin ella, grandes o ruines... tíricos, y cuyo protagonista es un don Juan Patria en las ambulancias de campaña Que ¡qué más da! Hombres, seres humanos, escéptico, convertido en centro de un con- una fiebre, en su soledad, la haya atormende carne, con cerebro y con alma, no mu- flicto sentimental. tado dándola consejos de pecado, no pueñecos. Nada aborrezco más que lo falso. La otra obra es del poeta D. Francisco de extrañarnos. Ha habido, en toda la EuOro, o plata, o... hierro; pero nada de Villaespesa. Se trata en una leyenda en tres ropa que luchaba, un soplo tal de sensuadoublé ni de metal sobredorado. actos, en verso, titulada El burlador de Se- lismo, que aún notamos, en la literatura de He aquí algunos nombres de los perso- villa, y cuya acción se desarrolla en un con- los nuevos, su hálito enfermizo. Pero lo naos que he interpretado con verdadero vento de las cercanías de la mencionada que no podemos figurarnos antes de que amor (no sé si con acierto, aunque en ciudad andaluza, en pleno siglo xv y duran- la realidad más atroz nos obligue a abrir acertar puse siempre toda mi fe, mi gran te un claro y fragante plenilunio prima- los ojos, es que esa dama de la más alta sociedad, esa esposa de un verdadero saafición, no extinguida a pesar de i treinta veral más v seis años de teatro- empecé a los quinA juzgar por lo que dice el Sr. De Rosas, bio, haya caído, poco a poco, hasta elsi al ce) -y con gran entusiasmo: Pedro Cres- D. Francisco Villaespesa ha tenido un gran bajo nivel de la locura erótica. ¡Y po, en El alcalde de Zalamea; Segismundo, acierto al componerla. El encanto poético menos su vértigo, como el de otras muchas en La vida es sueño; Gabriel Espinosa, del diálogo no estorba en este caso, sino que, abandonadas, se hubiera curado al recoen Traidor, inconfeso y mártir; Don Lope por el contrario, realza, según parece, el brar a su dueño al final de la tragedia! Pero no. Lejos de eso. El doctor Huguede Quirós, en La tizona; Walter, en La interés de la fábula y la teatralidad de las rie, que regresa envejecido, cansado, no se muerte en los labios; Don Jaime, en El situaciones. siente ya sino un alma fraternal para su seno de la muerte; Harpagón, en El avaro; mujercita, que, a pesar de tener una hija Ótelo, en Ótelo; Petruchio, en La fierecilla casadera, siempre se halla joven, ardiente, domada; Shylose, en El mercader de Ver. ecia; Don Alvaro, en Don Alvaro; Pepet, UN DRAMA DE TFRA- curiosa de sensaciones singulares. Esta juventud, esta curiosidad, mejor dicho, es la en La loca de la casa; Feliciano, en Seque la lleva siempre hacia los lugares en ñora ama; Conde de Albrit, en El abuelo; TOLOGIA AMOROSA los cuales se celebran las orgías a las cuaP Ramón, en El místico; Papá Juan, en El centenario, Segismundo, en Las de Caín; Esta vez me parece que los sibilos de la les su naturaleza sensual y débil se ha Juan José, en Juan José; Isidoro Lechat, crítica bulevardera se equivocan en sus acostumbrado ¿Qué pasa en esos lugares? en El negocio es el negocio... Ángel León, vaticinios internacionales. La comedia del El dramaturgo no lo dice de una manera en Volver a vivir; Don Pedro, en Don Pe- actor Francen puede ser muy interesante. clara. Pero, puesto que se hallan catalogadro Cariíso; Felipe, en El coronel Bridan; Su psicología puede ser muy nueva. Su dos entre los que inspiran recelos a la jusDon Ricardo, en Vida alegre y muerte desarrollo puede ser muy atrevido. Todo eso ticia y provocan la vigilancia de la Politriste; Don Lorenzo, en O locura o san- no le dará un traductor más. La vuelta al cía, tenemos que figurarnos que existe en tidad; Don Antonio, en Un crítico inci- mundo de que benefician las comedias li- ellos, además de orgías elegantes y simples piente, etc. etc. A qué cansar... La lista geritas, sin nada de extraño en la forma, citas de amor clandestino, algo que linda es más extensa; mucho más extensa. A sin nada de revolucionario en el fondo, no con los paraísos artificiales. Lo cierto, en mi labor- -jamás bastardeada, eso no- -po- son de la factura de estos dramas morbo- todo caso, es que un día, al volver de la dría tal vez aplicar yo mismo el antiguo sos, como aquella famosa Prisionera, que calle, el doctor Huguerie se precipita sorefrán: A mal Cristo, mucha sangre tantas admiraciones despertó en París y bre su esposa y trata de estrangularla, ebrio Y Dios Padre me perdone, si me adjudico, tanto indignó a los yanquis, sino que, por de ira y de indignación. Sus cuñados, que irreverente, el papel de Cristo... aun cuan- el contrario, tratan de resucitar las buenas viven en su misma casa, le arrancan a la do no pocas veces me vi crucificado, y e inocentes maneras de hacer reir y de ha- culpable de las manos, impidiendo la traquizá algunas- -perdón también por tla in- cer estremecerse, de la dramaturgia de Fey- gedia inmediata. modestia- -sin razón ni motivo. deau y de Henrj Battaille. No hay nada- -Está bien- -dice el sabio cuando se halla- ¿Cuáles son. a su juicio, las preferen- tan peligroso para el éxito de la marcha solo con su mujer- está bien, no habrá triunfal a través del JJniverso, en efecto, cias del público? tragedia. Pero lo sé todo. La Policía me- -Endemoniada es esta preguntita. Pero como el deseo de epatar al burgués cosmo- ha hecho conocer el abismo abyecto en que vamos allá. Sinceramente creo que, en el polita. El burgués, en su esencia, es uno y has caído. momento actual, no existen preferencias... único. En Montmartre, como en tpdos los Ella, humilde, resignada, no se defiende. si acaso, desconcierto. ¿Razones? Averi- barrios medios de las grandes capitales, el- -Es cierto- -murmura- Y sin creerse güelas Vargas- que es el gran averigua- negociante, el funcionario, el rentista, tiedor de todas las cosas difíciles de averi- ne su noción especial de los problemas mo- ante su marido, viendo más bien en su inguar y el más discreto, porque aún no sé rales. Por muy curado de espantos que se terlocutor al hombre que ha sondeado las yo, ni sabe nadie, que haya dado pública- sienta, siempre hay asuntos que lo hieren miserias humanas, y que debe conocer os mente de sus descubrimientos. Si yo pu- profundamente. El adulterio, en sí mismo, resortes secretos de los actos irresistibles, siera mucho empeño en suplantar la per- no es nada. Francen hubiera podido diver- le refiere las duras etapas de su purgatorio. sonalidad del viejo Vargas, quizá sin in- tirse en imaginar todas las intrigas galan- Por flaqueza de ánimo al principio, por vestigar mucho, diera con ellas; pero, ante tes entre marquesas y banqueros incapaces instinto perverso si se quiere, decidióse un el miedo de sufrir error o echar sobrado de tomar en serio los lazos sagrados del día a aceptar la invitación de uno de sus peso sobre mis espaldas, prefiero dejarle matrimonio, sin que nadie se asustase ante amigos del tiempo de la guerra. Lo que a éj la comisión y quedarme yo quieto. sus escenas. Pero eso de que, Tocedíe, ndo j I J. Y en el alma, al salir de aquel antro, Al buen callar llaman Sancho, y no están más cual un médico que cual un artista, fueron náuseas. Y desde entonces, este senhaya querido llegar a las tablas uno de los timiento de repugnancia, una vez el artigo los tiempos para hacer de Quijote. UO Lo que sí afirmo es que este querido público español, este público nuestro, tan inteligentísimo y... tan especial, de las violencias y de los extremos- -mucho calor y mucho frío- como di o el insigne Benavente, cuando se enfrenta con Arte verdadero- -en obras y artistas- -manda al diablo la bueña digestión y se olvida del pro pósito terco que hoy impera de no malograrla. Resurge en él la vehemencia y el gran temperamento y es. el que siempre fue. En suma, que el público- -a pesar de todos los pesares- -prefiere también oro, plata o... hierro.