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UN ASPECTO DE LA FABRICA HARTMANN, EN BARCELONA Hallándome en Valencia, fui invitado a visitar las Industrias Sanitarias, Empresa conocida de antiguo por Casa Hartmann, de Barcelona La Casa Hartmann se anuncia con una concisión germánica muy elocuente, pero un. poco alarmante para mi sensibilidad Dice sencillamente. Apositos Ortopedia, Cirugía, Higiene Siempre he sentido un horror instintivo e invencible hacia todo lo que huele a quirófano y hacia todQ lo que sabe a botiquín La presencia de una de esas estatuas abiertas desdo el cuello, hasta, la barriga, mostrando la compleja organización de las vías respiratorias y exhibiendo el repugnante espectáculo del bandullo humano, me pone los pelos de punta Lo mismo me ocurre ante cualquiera de esos impenetrables aparatos quirúrgicos n que la ciencia ha ve- ó nido a enmendar la plana a la Naturaleza enderezando- patas tuertas, supliendo miembros desaparecidos, extirpando remanentes inútiles o barriendo inmundas basuras orgánicas No lo puedo remediar cada una de esas estatuas se me antoja mi propia imagen, reproducida en cer con todas sus indeseables interioridades, y me parece que cada una de esas terribles máquinas ha sido fabricada expresamente para mí, para amputarme una pierna, para extraerme un riñon, para abrirme en canal Por eso vacilé un poco al ser invitado a visitar los establecimientos Iba, seguramente, a pasar un mal rato Pero pudo más en mí la curiosidad que el miedo, y, al fin, acepté Y confieso sinceramente que después me he alegrado de ello La antigua Casa Hartmann es una in- mensa farmacia sin drogas y un enorme hospital sin enfermos, un magnífico laboratorio en el que no se hace el más pequeño análisis y una estupenda clínica en la que no se hace la más insignificante operación Allí no huele a éter ni a yodoformo Allí los boticarios y los médicos se limitan a comprobar si la obra de los ingenieros directores responde, exactamente, escrupulosamenete, matemáticamente, a lo que la ciencia moderna, tan minuciosa, tan exigente, tan cicatera, les pide Y justo es decir que difícilmente podría hallar la ciencia moderna- -llámese Pasteur o llámese Cajal, llámese Koch o llámese Goyanes- -colaboradores más inteligentes y más eficaces Cerca de tres horas empleé yo en recorrer los diferentes cuerpos de edificio de que consta la fábrica, tres horas de ver incesantemente máquinas y más máquinas de las que salen para el mercado universal es- LOS PROBLEMAS SANITARIOS tufas y autoclaves, mesas de operaciones y vitrinas de instrumental laringoscopios y bisturíes, sondas y cauterios, lavaderos y cocinas, montones de algodón y pirámides de gasas Y, al cabo de ese tiempo, pude convencerme de que, efectivamente, como reza el lema de la Sociedad, allí se hace todo, allí se prepara todo, de allí sale todo, desde el más sencillo lavabo médico hasta la más completa instalación de grandes hospitales y sanatorios 1 Había en la gigantesca fábrica una incansable actividad de hormiguero, una atanosa inquietud de colmena Resoplaban como huracanes los poderosos pulmones de las fraguas, giraban como torbellinos los volantes de los motores, y junto al humo negrísimo de las chimeneas aparecía el algodón inmaculado de las cardas Vi las grandes salas de los talleres, donde la luz ultravioleta de las instalaciones autógenas ponía un cárdeno resplandor de relámpago, las grandes naves de herrería, donde tintineaban, ensordecedores, los martillo! hercúleos, los grandes almacenes de vendajes, donde la mancha roja del sol que entraba a torrentes por las ventanas venía a dorar Ja blancura de nieve de las- gasas Mis guias hablábaiírne de la producción y de las existencias, dándome cifras exorbitantes, casi fantásticas, casi increíbles Yo miraba y oía todo aquello un poco asombrado Llegué a creer que no estaba en España. No podría yo describir cuanto vi Me sería sumamente fácil coger uno cualquiera de los numerosos catálogos de la fábrica y empezar a barajar nombres de aparatos, de utensilios, de instrumentos quirúrgicos No se trata de eso Mi impresión, desligada en absoluto de la parte científica, libre de nomenclaturas y de tecnicismos, es exclusivamente una impresión personal, de periodista español Y esta impresión no puede ser más clara ni más optimista Para nadie es un secreto que, hasta hace un cuarto de siglo, la higiene y la profilaxis estaban atrasadísimas en España La mayoría de los hospitales eran pestilentes caserones, mezquinamente dotados con mandas y fiducidS del tiempo de la Nanita, en los que, más que cerrar las puertas a la muerte, parecía abrírseles de par en par A merced de un caciquismo bárbaro y denigrante, los médicos rurales pasaban hambre y vergüenzas Nada se había legislado aún sobre epidemiología y bacteriología, y no existía ningún sanatorio oficial que defendiera a los ciudadanos contra la terrible plaga de la tuberculosis Maura y Cier- va fueron los primeros ministros de la Gobernación a quienes preocuparon seriamente los servicios sanitarios Mucho hicieron, y nunca olvidará la Medicina española su esfuerzo generoso Pero donde tales servicios encontraron un apoyo entusiasta y decidido, que los ha transformado por completo, fue en los hombres de 1923, en el general Martínez Anido, como ministro, en el doctor Murillo, como director de Sanidad, y en los Sres Cortezo, Mestre y Bécares, como inspectores generales La inteligencia y el fervor de estos hombres ilustres han fomentado incalculablemente la Sanidad española Se han construido sanatorios, dispensarios, institutos de higiene y de investigación y comprobación, hospitales, leproserías, se han reorganizado todos los servicios se han robustecido todas las instituciones sanitarias Y aquí de mis sinceras impresiones de periodista quizá esta magnífica obra de evolución y de progreso hubiese quedado incompleta sin la ayuda eficacísima, leal, jamás regateada, de la antigua casa Hartmann, hoy Industrias Sanitarias En efecto, esta casa puso desde el primer momento a disposición del Gobierno su abundantísima producción, su caudal inapreciable y, lo que es más interesante, su práctica de muchos años en cuestiones sanitarias Acudió a subastas y concursos en condiciones inmejorables para los servicios públicos, y dotó a los sanatorios nacionales de cuanto necesitaron para cumplir debidamente su altísima misión social, sin detenerse jamás ante lo exiguo de algunos créditos ni vacilar nunca ante lo dilatorio de los presupuestos Y al igual de los sanatorios, quedaron perfectamente dotados también muchos hospitales de fundación privada o de sostenimiento corporativo y aun muchas clínicas particulares La casa Hartmann se encargó de ello, y ha cumplido estrictamente sus compromisos Es, pues, una eficacísima colaboradora en esta magnifica empresa de transformación sanitaria que el Gobierno actual está realizando No seré yo quien incurra en la insensatez de juzgar científicamente los trabajos de esta importante Sociedad, pero sí debo expresar mi admiración y mis entusiasmos ante esos trabajos, dignos de la más fervorosa alabanza Esta casa, al prestar, pues, su generoso apoyo a la gran obra de solucionar nuestros arduos problejnas sanitarios, le ha hecho también al país, de un inapreciable servicio. Merece, por consiguiente, la- gratitud de todos los españoles Marciano ZURITA. í