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deportes, está substanciado en la escenificación hecha por Juan Ignacio Luca de Tena, y se recoge en rápidas pinceladas, que no tienen otro objeto sino el de encuadrar en el lienzo la serena figura de María del Mar, que absorbe toda la atención del joven dramaturgo. En cuanto es posible trasplantar la novela al teatro, que ha de contenerse en estrechas y obligadas normas, Juan Ignacio Luca de Tena consigue su propósito, agrupando y unificando los diversos escenarios en que el novelista sitúa la acción de su obra, sin que sus esenciales características se pierdan, en una afortunada síntesis. Claro es que con ella algunos personajes aparecen necesariamente abocetados. El interesante curso evolutivo de Jorgina, por ejemplo, ganada por el oropel mundano; el tipo de Gonzalo Torres, alma gemela de María del Mar; el mismo don Alonso de Guadayra, han de moverse en un estrecho circuito y sin los antecedentes que le son permitidos al novelista; pero la reducción episódica y de personajes es lo suficientemente comprensiva para que se logre el objetivo del autor: hacernos sentir la inadaptación de María del Mar en aquel extraño mundo al que los mandatos de la vida la llevaron. Esta mujer, nacida para las dulces intimidades del hogar, para vivir silenciosa y escondidamente las venturas conyugales, ha de compartir, por trueque, su existencia con un hombre como Quique, el joven duque de Carriedo, cuyo estúpido orgullo de hombre rico, tras infructuosos asaltos a la muralla de honestidad que defiende a María del Mar de toda asechanza, ha de rendirse para satisfacer un capricho, ya que no su amor, que así lo confunde, con la capitulación del matrimonio. A María del Mar, pues, se acerca Quique espoleado por un deseo, empujado por las mismas admiraciones que a su paso levanta la deslumbradora y codiciada belleza de la malagueña, y a impulsos también de Federico, el parásito elegante, amigo y astuto consejero de Quique, sobre el que ejerce una perversa sugestión, ya que al inclinar su voluntad y su gusto hacia María del Mar piensa en la duquesita consorte, manchando sus pensamientos con livianos propósitos que disfraza con cierto aire cyranesco. Y esta es la tragedia de María del Mar, obligada a vivir en un ruidoso mundo, sacudida por el fuerte oleaje de pasiones y de sentimientos que pugnan con la sencillez de sus costumbres y su moral, viendo alejarse aquel amor que por unos días fue suspirada ventura, perderse entre el torbellino de una vida de insaciables amoríos y galanteos en la que el ligero, inconsciente y libertino Quique es el tema de la crónica escandalosa. Más aún: María del Mar, luego de sufrir todos los dolores, todas las humillaciones, ha de sentir el terco asedio de la inMANUEL BUENO. sensata pasión de Federico; el ultraje de sus torpes palabras, que ella rechaza con París, Octubre, 1927. ese digno y arrogante gesto de la mujer, que no tiene réplica, sino acatamiento. MARÍA DEL MAR Quique, ante la La heroína de la novela de Miguel de la amigo, reacciona insospechada traición del los celos más Cuesta ha tomado nueva vida, al pasar de que por el amor, movido por los brazos de y las íntimas y silenciosas páginas del libro Mana- del Mar, que vuelve a lo perdona. al dinamismo escénico. Tan Interesante figu- Juan Ignacio Luca de Tena al variar ra, al recibir el fuerte resplandor de la batería, adquiere más vigorosos contornos y el desenlace de la novela le ha dado una vibra con más rítmicos latidos. En este nue- tónica teatral muy justa. Los actos primevo ambiente, María del Mar se plasma con ro y segundo deben considerarse en un tránsobrias v precisas líneas, que acentúan aún sito como diestra y hábil preparación del más en su relieve escémeo, su fuerte y rec- tercero, donde el dramaturgo, que pue; e tilínea psicología, su íntegro carácter de desenvolverse dentro de una situación de una inmaculada belleza de alma. El abun- gran envergadura, llena de interés y de hudante proceso de la novela, de varia y poli- mana psicología, corona su excelente lacromada riqueza descriptiva, de fondos y bor ya destacada en los actos precedenpaisa fes animados por personajes de ese tes por la fina ironía del diálogo, que salta clorado mundo, que en sus inquietudes via- en el lenguaje de una cuidada propiedad en jeras y en su cosmopolitismo vicioso distrae su expresión. sus intranscendentes y fastidiosas horas Alma de la comedia, recibida con fran- on sumiéndolas en fugaces y caprichosas cos y rotundos? r lausos, fue Pepita Díaz a enturas, como un deporte más entre otros Artigas. Ella nos pareció admirable personino es solamente ganar dinero, sino entregarse a la alegría que pasa a nuestro lado, cualquiera que sea la forma que ella revista Y, ni corto ni perezoso, él, que ya está casado y tiene un hijo, reanuda clandestinamente sus relaciones con una mujer encantadora, a la que adoró en su juventud, a reserva, naturalmente, de abandonarla porque era pobre. Pero aquel retorno al pasado no puede ser ya la ventura para él ni para ella. ¿Por qué? Porque ya no pueden poner en sus intimidades un ingrediente, sin el cual el amor es como un pastel manido: el entusiasmo, brote delicioso de la juventud. Y se separan un poco tristes, persuadidos de que la. conjunción de los cuerpos no puede satisfacer a los que se deleitaron, en otro tiempo, con el acorde de las almas. Algún lector ya maduro pondría más de un reparo a esa conclusión, y yo estoy con él. Eso de que se ama más profundamente en la juventud que en la madurez es una leyenda. De los veinte a los treinta años se da uno a todo, lo cual equivale a no darse a nada ni a nadie. Las mujeres dotadas de alguna experiencia sentimental y aun las que presienten lo que no han conocido sino episódicamente y de prisa, rara vez prefieren en amor la vehemencia juvenil a la adoración con que las trata el hombre que ha pasado por diversas aventuras. Amar es un arte tan complejo como pintar o tocar el piano, y requiere tanto el concurso del instinto como la cooperaración de la inteligencia. En resumen, que si la primavera es interesante, el otoño le supera, porque contiene las gracias ardientes del estío y algo de la poesía del invierno. Expuesto! o esencial de las dos comedias, yo me pregunto, ¿qué teatro las admitirá en España, aunque las autorice una firma de gran prestigio? Admitido que una Empresa corriera ese peligro, ¿qué pensaría el público de tales obras? Y ¿qué diría la crítica de ellas, en un país en el que hasta escritores de verdadero talento cons deran vituperable no sumar su opinión al veredicto de la masa? De lo expuesto se infiere que nuestros dramaturgos se mueven en un terreno acotado por los preiuicios. fingidos o reales de la gente, y digo fingidos porque muchas de las personas que simulan escandalizarse de un rasgo de independencia moral que se pernrte el escr; or en Madrid, suelen ser en París muy indulceníes con los horrores más obscenos Las fronteras del teatro no son iguales allí que aquí. Ni los tipos, ni las situaciones, ni mucho menos las tesis que se llevan a la escena en París serían admitidos en Madrid. -E a licitación da, sin querer, a nuestra producción dramática un aire convencional, de vida truncada, que impide al escritor refleiar fielmente las oscilaciones de la sensibilidad y las rebeldías mentales de su tiempo. ficación de la protagonista. Anhelo, amor, alegría, desesperanza, adorable feminidad, tuvieron en ella ricos matices, noble y recatada expresión y gesto. Santiago Artigas acertó a dar a su papel un aire de despreocupada mundanidad, que en el persor. aje de la comedia está por encima de! bien y del mal, con su característica elegancia. Josefina Santaularia, Isabel Zurita, Manolo Kayser, Díaz de la Haza y Manolito Díaz fueron importantes factores en el gran éxito que en el Reina Victoria alcanzó la nueva producción. MARIANA PINEDA Al conjuro de un poeta de tan lírica prestancia como García Lorca, se alzó sobre el escenario del Fontalba la épica figura de Mariana Pineda, la noble dama granadina, que sucumbiera en aquel período turbulento y execrable del fernandismo, en holocausto de los más altos ideales. Al son de los romances populares, siemprevivas de la tradición, poesía de ia i- listoria, ha escrito García Lorca su poema dramático en limpio y florido romance, acariciado por el aura popular, y en cuartetas muy bellas, aunque no tengan la lozanía y el estilo de aquél. Ha rehuido García Lorca, al enfocar la biografía escénica de Mariana Pineda, interpretada libremente, del dramaticissno romántico, de la exaltación, en su arma externa, de un carácter tan acentuadamente dramático, lleno de pasión y le ardimiento, con resplandores de iluminada. Pero éste hubiera sido otro drama de amo e- te, más en armonía quizá con la evocación histórica, y no el drama imaginado por García Lorca, que lo ha visto y lo ha ser. t do con trasparente ingenuidad y senciikz, con íntima efusión linca, de noble y emotiva calidad, fecunda en imágenes y conceptos de exquisita galanura. El romance de la fiesta de toros en Ronda, el legendario del acto segundo y el del tercer acto, donde se narra el trág co episodio del caballeresco Torrijos, fueron, por su belleza descriptiva, subrayados por e? unánime aplauso de los espectadores. Si el poeta triunfa en las dos primeras jornadas, estampas en efecto, por su valor anecdótico, el autor dramático liega en el acto tercero, en los momento? que preceden a la muerte de Mariana Pineda, a la más pura e intensa emoción- de lo trágico, al fundirse en el pecho de la Inmolada sus dos sacrosantos amores: el amor por el hombre que hizo latir su corazón y ei amor a la libertad. Esta escena, de levantados tonos, que tiene la belleza de las cumbres, a fuerza arrolladora de su romántica vibración, halló en Margarita Xirgu una inspirada intérprete, un ca ido y apasi tia ó acento, oue no encontró en otros pasajes de la obra, dónele estuvo menos afortunada Hemos de elogiar en Margarita Xirgu la cordialidad y el entusiasmo puestos al servicio del mejor éxito de la obra, y su actitu J, poco frecuente, de amparar con su prestigio la obra de ua novel dramaturgo, siquiera como poeta tenga tan alto linaje. El triunfo de García Lorca íué, pues, tan resonante como alentador, porque demuestra que la sensibilidad del público rio está tari dormida como parece, cuando un poeta sabe hablarle y conmoverle. Colaborador decisivo en el brillantísimo éxito de Mariana Pineda fue el pintor granadino Dalí. El ha estilizado con luminoso arte las estampas de García Lorca en sintéticas escenografía? La señorita Carbonell, que dijo t. Juy bien el romance del primer acto; la señora Ai esa v los Sres. Muñoz, Peña, Fresno, muv sobrio en la relación del episodio Q TorriC jos, y el niño Lu s Peña coailvuvaron al mejor éxito del artístico espectáculo con que anoche inauguró la temoorarb. el aristocrático teatro Fontalba. FLORIDOR til)