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San Sebastián, -pero en momentos de fuerte resaca: el joven imprudente que sin nadar acomete la obra de arrancar lapas a los acantilados del monte Ulia de la misma iudad y es arrebatado por una ola y no devuelto por otra; el conductor de un auto, que aprovecha los momentos de estar los dueños del coche merendando para zambullirse en el mar muy cerca de Zumava. pierde pie. desaparece y, cuando acuden en su auxilio unos marineros, creen dar con el infeliz, y con lo que dan es con el cadáver flotante de una mujer, de la que nadie sabía que hubiese caído al mar... No sé si debido a tan repetidas partidas serranas de las ondas pérfidas o si fruto de científicas observaciones los médicos recomiendan, de algún tiempo a esta parte, que se deje a os niños en la plava medio desnudos o desnudos del todo, que correteen y jueguen cuanto les venga en gana mejor que meterles en el agua a viva fuerza, excitados por el pánico, nerviosos, congestionados. En cuanto a los grandes, seguramente es prescripción de la moda, no de la ciencia, el baño corto de mar seguido de largo de sol sobre la arena, improvisado tapiz dorado para mejor relieve de líneas corporales. Lo que sé es que en estas tierras de muchos longevos, la gente que no vive de la pesca no quiere recreos de playa ni bromas con las olas. Días pasados se celebraba la primera novillada de las fiestas de Deva. Se lamentaba el público devarra de que no saliese como alguacilillo a correr la llave el caballista extraordinario que lo ha hecho cincuenta años seguidos. Tiene setenta y dos de edad. Jamás se metió en el mar. No faltó en la plaza un fervoroso aficionado que vive modestamente en Eibar. La noche anterior estuvo diluviando. Cerrados los establecimientos de bebidas, y forzosamente t e r m i n a das las libaciones, nuestro hombre, que como otros muchos taurófilos forasteros no había hallado albergue, subió al monte, se acostó al pie de ur castaño, durmió horas y horas, cayéndole encima no sé cuantos metros cúbicos de agua, y luego asistió tan terne a la novelada. Tiene sesenta y siete años. Es de los que se jactan de no haber pisado el ag- ua de una ola. Al atardecer de ese mismo día conversaba yo en la Alameda con persona ilustre de la ig esia: monseñor 3... prelado doméstico de Su Santidad, tolosano de nacimiento. Entrada la noche, aconsejó la prudencia el repliegue hacia el hogar, rehuvendo las caricias del relente. Monseñor no se avino a la retirada. A las diez se quemaban os fuegos artificíale? en la plaza Mayon El no se quedaba sin verlos. Monseñor tiene ochenta y dos años Monseñor ve muchas veces el mar, porque realiza frecuentes viajes; pero no se metió en él más que a bordo de un buen transatlántico. No pretendo, no, desacreditar al mar. Le quiero mucho. Es un buen amigo mío; me dice muchas cosas confidencialmente. Por lo mismo advierto, y lo consigno, que este año parece ser él el que busca a la gente y no la gente la que le busca a él. 4 N 0 sera que exacerban su mal humor las audacias de la inconsciencia y las aberraciones de la frivolidad elegante? AEMECE. FALLECIMIENTO DE NUESTRO COMPAÑERO RÓMULO MURO Un entrañable compañero, Rómulo Muro y Fernández, que durante muchos años compartió con cuantos trabajamos en Prensa Española las arduas y cotidianas tareas periodísticas, poniendo en el afán diario sus entusiasmos e iniciativas, acaba de rendir tributo a la muerte después de una enfermedad que durante vanos meses le mantuvo alejado de nosotros, buscando en el reposo el restablecimiento de su. quebrantada salud. La muerte de Rómulo Muro constituye Cristo de la Misericordia, El delirio de un loco. Las brevas y Agencia literaria. Como escritor lírico, dedicó cariñosos cantos a Toledo y sus ilustres figuras y a su patria chica, por lo que fue nombrado hijo predilecto de San Martín de Pusa, su pueblo natal, que enalteció a Rómulo Muro con un homenaje que estuvo avalorado con la presencia del presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, D. José Francos Rodríguez, autoridades de la provincia de Toledo y de significadas figuras del periodismo y de las letras. Era Rómulo Muro ferviente enamorado de las tradiciones toledanas, por lo que asiduamente colaboraba en la revista Toledo, para divulgarlas y enaltecerlas. Como poeta correcto v fácil, también supo destacar su personalidad colaborando en las páginas de Blanco y Negro hasta días antes de sorprenderle la traerte. Aparte de las cualidades que dejamos apuntadas, poseía Rómulo Muro un carácter emprendedor que le sugería felices iniciativas profesionales, entre ellas la del carnet del periodista, adoptado en la actualidad por todas las Asociaciones de la Prensa de España. Prensa Española, con la muerte del fraternal compañero, pierde a un cantarada bueno, noble, honrado y laborioso, por lo que guardará del mismo imborrable recuerdo, y se asocia de todo corazón al duelo que aflige a la familia de Rómulo Muro. del que conservarán Blanco y Negro y A B C imperecedera memoria. La conducción del cadáver se efectuará hoy, a la diez y media, desde la casa mortuoria, Claudio Coello, 97, al cementerio de Nuestra Señora de la Almudena. I MP O RTAC 1 Ó N ESP AÑO LA ROMULO Mt HO FERNAN DHZ t para Blanco y Negro y A B C dolorosisima pérdida, tanto por el fraternal afecto que todos profesaban al finado compañero como por las dotes dt. laboriosidad y de talento que en e! mismo concurrían, y que puso de relieve en la importante misión que como Interventor general de Prensa Española venia desempeñando desde hace muchos años con singular acierto y competencia. Rómulo Muro nació en San Martín de Pusa (Toledo) y, después de cursar Derecho en la Universidad Central, se aplicó con entusiasmo a! periodismo, como director y redactor de gran número de diarios de Madrid y provincias, en los que publicó brillantes artículos de colaboración. Como periodista activo e inteligente, dio brillantes pruebas en El Nacional, diario fundado por los hermanos Suárez de Figueroa, y. más tarde, en A B C, donde hiz brillante reportaj e sobre los más palpitantes acaecimientos dimanados de la actualidad. Dotado de un espíritu laboriosísimo, sus constantes trabajos de redacción no le impidieron dedicar su amor al cultivo de las Letras, en las que también dio gallardas muestias de ingenie con sus libros Olas y Espumas, poesías; Cantares y coplas, Poemas invisibles, Hombres de Toledo, Gotas de cera, Mostacilla y Pimienta, Albancoques de Toledo y Cosas de mi tierra. También dio varias obras al teatro, entre ellas, La tiple ingeniosa, El pozo amargo, El Biarritz, colmado de españoles y tan próximo a la frontera, no ofrece, sin embargo, la menor huella de nuestro influjo. No hace falta ir más lejos para comprobar que estamos ya muy lejos de España. La primera sensación de esta lejanía nos la producen las dos fechas que tarda una carta de Madrid en llegar a nuestras manos, las nueve o diez horas que se necesitan para que un telegrama (aunque sea urgente) nos alcance, aespués de una absurda escala en Burdeos. Impresión de abandono, de desconectación con el país que empieza unos cuantos k iómetros más alia. Después se va comprobando que el dinero español, copiosamente vertido en este pueblo, no ha abierto cauce, no ha tenido fuerza ni para hacer que junto a las tres grandes banderas (francesa, inglesa y norteamericana) que flamean en altos mástiles en la verja del Casino de Bellevue, figuren también nuestros colores. Desde luego, la industria y el comercio españoles se detienen en la frontera, sin intentar siquiera el transito, fanfarroneando al socaire de los Pirineos del Arancel, más altos que los Pirineos mismos. No se comprende cómo las grandes sumas que aquí gasta anualmente una legión de compatriotas nuestros no tienta a algún español a aprovecharse de ellas en alguna proporción. Pero... ¿cómo? ¿Qué pueden hacer? cQué pueden ofrecer? Quizá nada. Nuestros propios periódicos se venden punto menos que subrepticiamente y con retraso, que les priva de interés. En cuanto a los libros españoles, es inútil pedirlos en las librerías de Biarritz. Para los millares de compatriotas que aquí hay, como para los demás, leer i