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T TELEI- pXICA SEVILLA- VILLATRANCA- ALfclENDRALEJO, EN EL ACTO DE INAUGURAR ESTE ULTIMO- CE R (D TR s FL OBISPO DE u I DIÓCESIS, EL GOBERNADOR DE BADAJOZ Y EL DISECTOR DEL QUINTO DISTRITO, SR. GIL MERINO rntesto sucesos posteriores- -totairnente in. eficáe. Pues en ese programa se establecía com sistema de representación- -sin restricción alguna para el Congreso- -el corporativo. Dicho se está con ello que el se- ñor (Ossorio y Gallardo, no sólo no era enemigo del régimen de representación por ciaseis, sirio que lo estimaba como el ideal que- pl partido social popular debía perseguir: Tampoco este segundo antecedente puede ser ni más autorizado ni más rotundtj. N, o. se puede, pues, volver al sistema de elección del antiguo régimen, según el señor Dssorio y Gallardo. La representación por clases es un. ideal, según el programa del partido social popular, a que aquel político prestó su adhesión. Y sin embargo... el S ¿Ossorio y Gallardo, en el prólogo de repetida referencia, se nos muestra como un enamorado del sufragio universal- -delque el antiguo régimen llamaba así- que se traducía en el apotegma un hombre, un voto y poco, amigo, y aun enemigo, de la representación por clases. Expongamos con toar. -lealtad las razones que el Sr. Ossorio T Gallardo aduce en pro de una tesis que, si epare. ce en contradicción con los anteceden- tes, íia sido inequívocamente sostenida por él. La función, de legislar- -dice- -ha de ser cosa de todos; en la imposibilidad de que todos la ejerciten, de los delegados. de la masa social, sin excepción alguna, pues excluir a los ignorantes equivaldría a excluir, con torpe disimulo, a los pobres; ello aparte d e. que no puede discutirse el voto a quien se le reclama la vida, ni negar el derecho a intervenir en la vida pública- a quien se da intervención en la producción, ni otorgar la independencia económica sin que a la vez se otorgue la política. Todo ello entraña- -a juicio del Sr. Ossorio y Gallardo- -que un hombre posea un voto; o, en otras, palabras, que el sistema de elección sea el sufragio universal. Sentada en estos términos 3 a tesis de la legitimidad del sufragio universal, el señor Ossorio y Gallardo repudia el sistema de representación por clases. Y se funda para ello en que si bien es cierto que tenemos comunidad de intereses y de aspiraciones, como labradores, como intelectuales o como mercaderes, ello no es el todo de nuestra existencia, pues no pueden olvidarse ni las primacías ni los fueros de la espiritualidad. Ver en todas partes clases, es decir, aglu- tinantes interesados, utilitarios, materializados, quita toda autoridad para reprochar al socialismo- -sigue diciendo el Sr. Ossorio y Gallardo- -su tesis de considerar la lu- cha de clases, no como una realidad lamentable, sino como un dogma. Y para que su pensamiento se incruste en nuestros cerebros, el Sr. Ossorio y Gallardo lo ilustra con un ejemplo: En un Parlamento- -dice -hay que discurrir sobre la libertad de conciencia, sobre la dignidad nacional, sobre las evoluciones de la sociología, sobre la forma de gobierno, sobre el ejercicio de la autoridad, sobre la injusticia y sobre la moral de los poderes y de I09 ciudadanos. En tales materias se opina por el criterio propio, q por la representación de una corriente ideológica; mas no por la condición de artista, o de capitalista, o de jornalero. Y aun en las cuestiones típicamente económicas tampoco es atinado liar la solución a los propios intereses que con tienden. ¿No es. bren sabido que en esas pugnas (metalúrgicos contra tejedores, carboneros contra navieros terratenientes contra colonos, patronos contra obreros) Ja palabra de paz y de equidad no la dice nunca ninguno