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B C. VIERN 3 S 8 DE O C T U B R E DE 1928. EDICIÓN DE punto histórico que pudiera significar el más legítimo, orgullo de la raza y de esta tierra; así cuando algo tan insignificante no sea digno, al parecer, de figurar entre los ideales propugnados por El Ideal Gallego. Con toda consideración le saludan afectuosos Senén Várela, alcalde; José R. Legísima, registrador. de la Propiedad; Bartolomé R. Domínguez, abogado, Tomás Vidal, médico forense; Casiano Feijóo, médico titular; Constantino Gómez, substituto del Registro; íesús Vidal, farmacéutico; Eduardo G. Penedo, abogado; Leandro García, abogado; Víctor López, abogado; Celso M. Novoa, periodista) J esús Pausa, industrial y primer: teniente alcalde; Manuel Freijido, industrial y segundo teniente alcalde Manuel Meruendano, abogado; Siró La protesta de Galicia ha sido unánime. Alonso, comandante dé Infantería; SerpanDe toda la región hemos recibido cartas y do Tesauro, comerciante; Isa- uro, Alvares, telegramas que demuestran que el ideal secretario del Ayuntamiento; Ág apito Esgallego no está representado por el perió- cudero, comerciante; Ewrigue E. Macía, veterinario; Serafín. Díaz, guardia civil; dico que así se titula. A todos damos gracias, y muy expresivas Manuel- Aloso, notario; Antonio Gómez, ina nuestros colegas, por cuanto han escrito dustrial; Benito Gallego, viajante; Manuel Rodríguez, Castrelitp Torero, Florencio. de A B C con motivo de este incidente. De Ribadavia recibimos el siguiente es- García, industrial; Manuel Aloso médico; crito con un giro telegráfico de 51,60 pe- Aquilino González, ebanista; José Gomes, setas, cantidad que hemos entregado a un industrial; Juan Freijido, músico; Manuel Deaño, propietario; Constantino Rodríguez, niñito gallego pobre: Sr. D. Torcuato Luca de Tena, director comerciante; Luis González, maestro de obras; Benito Casas, propietario; Mariano de A B c. Sunches, comerciante; Saturnino- Retorta, Muy señor nuestro: Amantes hijos de la industrial; José María Pérez, comerciante; vieja España y de este privilegiado rincón Vicente Fernández, cabo de Carabineros; del solar patrio, cuyas ansias e inquietudes, Javier Mosquera, comerciante; Cesáreo Baconvertida en verbo de la raza, cantó y ladran, comerciante; Manuel Márguez, colloró a la par de sus dolores en rimas ple- merciante; Rosendo González, comerciannas de ternura y sentimiento, escritas con te; Benito R. Adán, industrial; Gabriel sangre del corazón en nuestra dulce len- González, sastre; Ramón Fernández, indusgua, la excelsa Rosalía, la. idea de usted, trial; Alfonso Casasnovas, industrial Cetan noble y levantada, última floración de sápeo Vuela, comerciante; Manuel A. Doun patriotismo ardiente y generoso, que se mínguez, relojero; José Chao, fotógrafo; afana por engastar un florón más en la Adolfo Vázquez, confitero; Manuel E. Cadiadema de glorias de esta España y de rrera, industrial; José Gómez, ebanista; esta Galicia, simbolizado en el trofeo in- Modesto Sánchez, concejal; José Casas, comarcesible de haber sido la cuna del semi- merciante; Fernando Gómez, propietario; diós, que arrancó al Océano del secreto de Carlos Rocha, fondista; Benito Araujo ¡teun Nuevo Mundo, hubo de encontrar en nedor de libros; Vicente García, propietaeste pueblo, corte en un tiempo de su- pri- rio; Antonio Alvares, comerciante; Celso mer Rey y residencia más tarde de sus Ade- Fernández, empleado; Manuel Bobillo, fislantados mayores, un eco de viva simpatía, cal municipal; Darío Feijóo, empleado; que era a ün tiempo homenaje de admira- Francisco Ellacurriaga, comerciante; Eittición y de aplauso, al hombre y a la Empre- mio Castro, comerciante; Enrique Diéguez, sa que pródigamente consagran sus talen- maestro nacional; Andrés: Cerreda, ídem; tos y caudales a la dignificación y engran- José G. Losada, industrial; Gonzalo Dávila, decimiento del solar de la raza. comerciante; Aníbal Cérvéla, propietario; Mas al enterarnos con sorpresa de que Nicolás Feijóo, propietario; Cándido Feren iniciativa tan halagadora para todo es- nández, propietario; Gimiersindo García, pañol, y singularmente para todo buen ga- industrial; Francisco Alvares, comercianllego un periódico de La Coruña, que se te; Francisco Madroño, ídem; Manuel Alarroga vanamente el título de portavoz de var ez, propietario; Fidel Domínguez, perinuestros ideales, desentendiéndose de todos to agrícola; José Alvares, propietario; Jaellos, no ha sabido ver en aquélla, en cuanto relacionada en su publicación, más que su aspecto puramente mercantil, exigiendo a la Empresa de A B Cy- que generosamente ha puesto al servicio de ideal tan alto cincuenta mil pesetas y todo su entuGuapísimos salen, retratándolos Cosa, Roca. Tétüán, 20 siasmo- -la cantidad de 51,60 pesetas importe de la inserción de las bases de un concurso llamado quizá a hacer por siempre ilustre y. gloriosa, entre todas, esta tierra hermosa y bendita en que hemos nacido; vibrantes de indignación contra proceder tan incalificable, rogárnosle, señor director, tenga a bien aceptar dicha cantidad que el pueblo de Ribadavia, formado todo él por gallegos de corazón, supo allegar en un instante en suscripción espontánea, a la cual, con entusiasmo, aportaron la cuota mínima de TRATAMfENTO 50 céntimos autoridades, profesionales, propietarios, industriales y comerciantes, y que ORIGINAL por giro telegráfico le remitimos en el día, ÓÉLf de hoy para que no pueda jamás sospecharse que Galicia pospone sus glorias ciertas o posibles y sus verdaderos ideales r a un P ÜOSí l TOO IS lASfAÜMAOSS plato de lentejas; orgullosos, además, de cooperar, como españoles y gallegos, siquiera sea indirectamente y con tan desagradable motivo, al definitivo esclarecimiento del Nuestro interés de Empresa- -aun cuando no pueda comprenderlo El Ideal Gallego, dado su ideal administrativo- -se reduce únicamente a servir al publico, que no ha podido todavía explicarse por qué no tiene diariamente periódicos como tiene ferrocarriles, telégrafo, correo, teléfonos, automóviles, tranvías, cafés, teatros, etc. Cuando una Empresa periodística reparte sus beneficios con el personal que trabaja en ella, como desde hace años realiza la de A B ¡C, no necesita demostrar que no está dirigida ni inspirada por su libro de caja. Quédense estos procedimientos financieros para los que desprecian los bienes terrer nales... vier Meruendano, médico; Alejandro. Meruendano, médico; Paulino Abraldes, propietario; Marcelino Montero, banquero; Manuel Pardo, abogado; Joaquín Pardo, ídem; Benigno P. Borrajo, propietario; Benjamín Diéguez, comerciante; Manuel Giráldez, propietario; Cándido García, comerciante; Emilio G. Deives, ídem; Servido Rodríguez, ídem; Rafael Muñís, ídem; José Rodríguez, empleado; Manuel Morales, ídem; Gregorio González, ídem; Manuel Diéguez, industrial; Rogelio Viso. propietario; Gerardo Chao, relojero; Etelvinó G. Sieiro, propietario; Ricardo R. Peinador, procurador; Modesto Iglesias, procurador; Secwndino Martínez, administrador de Correos; Carlos Sánchez, farmacéutico; Gonzalo G. Boente, abogado; Tirso Sánchez, farmacéutico; Jesús Sánchez, abogado y juez municipal; Santiago G. Rey, procura dor; Fidel García Rodríguez, procurador; Celso M. Riveira, secretario del Juzgado municipal. LA POLÍTICA DEL PORVENIR Don Ángel Ossorio y Gallardo acaba de prologar una obra de D. Juan Muñoz Casillas, titulada Los Poderes del Estado. No conozco la obra, aunque sí el prólogo, por haber sido publicado en lá Prensa diaria. A reserva de estudiar aquélla más adelante, voy a contraerme a comentar los conceptos que aparecen en el último. Dos antecedentes nos servirán para sacar fruto de estos comentarios. Ambos los ha puesto D. Ángel Ossorio y Gallardo: uno en el prólogo mismo a que mé he referido, otro en una aventura política que ambos corrimos con un deseo tan generoso como imposible de realización: el de sanear, sin hondas conmociones, el antiguo régimen. Para el Sr. Ossorio y Gallardo sería vesánico intentar una elección con el. sistema y las leyes vigentes, pues, cualquiera que fuese el triunfador, la substancia y los resultados de la institución no diferirían en nada de- los ya conocidos y execrados El pensamiento del Sr. Ossorio y Gallardo pertenece ya al acerbo de la política. Lo expuso en su día- -y lo comenté en estas columnas- -el Sr. Ortega y Gasset. Lo expuse yo, desde el primer momento de la actual situación- -y lo he repetido hasta, la saciedad- -para orientar debidamente mis estudios acerca de la política del porvenir. Hoy es indiscutible que el antiguo régimen de elección no admite reformas. El Sr. Ossorio y Gallardo lo reconoce en una frase vigorosa. Sería vesánico intentar una elección con el sistema y las leyes vigentes, porque la substancia y los resultados de la institución no diferirían en nada de los ya. conocidos y execrados. Fíjese el lector en que la afirmación del Sr. Ossorio y Gallardo es absoluta. Por eso he dicho que no caben reformas en el antiguo régimen, es decir, que no admite mejoras, porque 1 Q dañado es la raíz misma, el sistema, cual declara aquel político y escritor. Como primer, antecedente, no puede ser éste ni más autorizado ni más rotundo, Poco antes de la fecha del 13 de Septiembre de 1923, la- inquietud- -una inquietud patriótica- -iba ganando los espíritus de las gentes que no se resignaban a ver morir a España. Esas gentes de buena voluntad fueron contrastando sus pensamientos e intentaron coordinar su acción. Así nació el; partido social popular, en que nos encontramos el Sr. Ossorio y Gallardo y yo. Su programa político fue de los más serios, aunque- -como lo pusieron de rna-