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MADRID DIA 15 DE 1 U N Í O DE 1926 NUMERO SUELTO 10 CENTS. S a rmlflilMIHIM FUNDADO EL i. DE JUNIO DE 1905 POR D. TORCUATO LUCA DE TENA ABC DIARIO ILUSTRADO. AÑO VI GÉSÍMOSEGUNDO N. 7.318- VIGO. LA VISITA DE LA ESCUA DRA ALEMANA EL VICEALMIRANTE MOMMSEN (x) CON OTROS JEFES, AL SALIR DEL GOBIERNO MILITAR, DESPUÉS DE CUMPLIMENTAR AL GENERAL GOBERNADOR, SALUDANDO A LA BANDERA DE LA COMPAÑÍA QUE LES RINDIÓ HONORES. (FOTO PACHECO itiEi mii 5ilii E ntiiKiiniíEtLi n i EEI t nl frtiiHi iJTiri Eril itrrM iii3ii Eiri LA MANIQUÍ DEVOTA Una de las particularidades de los forasteros en Roma es el incesante solicitar billetes para asistir a grandes funciones en San Pedro, o para- ver al Santo Padre en las audiencias. Desde hace poco tiempo, las invitaciones que el Vaticano reparte a las señoras llevan en el reverso, cor; las indicaciones de etiqueta, un elegante figurín. A más de un comentario se ha prestado, sobre todo por parte de los cronistas parisienses, esta innovación singularísima. 4 Un figurín del Vaticano? Casi, casi, un infalible figurín... Pero éste era el modo más expresivo y simple de dar a entender aquellas cristianas condiciones de indumentaria- -r. o reñidas, por cierto, con una segura y tranquila ele gancia- -que se requieren para entrar en la mayor de las casas de Cristo, y para presentarse a los ojos de su vicario. Después de todo, el figurín del Vaticano sólo dice esto: Sed damas dignas de tan altos señores. Ante el dibujo de esa maniquí devota, donde a la modestia se alian la gracia de la línea y a distinción irreprochable ¿el continente; cabe repetir que las- señoras, por atenerse al canon pudoroso y discreto, no parecerán menos señoras, sino más señoras, más ricas en nobleza porte espiritual. Aun las Venus en su desnudo necesitan un gesto de modestia para parecer bellas y dio- sas. En los tiempos clásicos no ha habido elegancia sin sencillez, sin recato en la desnudez misma, sin aire divino. En los tiempos cristianos no ha habido elegancia sin una gota de santidad, de virtud, de melancolía al menos, tras el pecado, de algo que revele un poco de belleza moral. Pío XI ha prodigado severo y paternal cuantas- admoniciones pueden inspirar los principios cristianos, y, en último término, aquel buen gusto intelectual y casto, que profesaba la mejor Florencia. Muchas veces, toda advertencia parecía inútil... La mujer no quería entender palabras ni avenirse a razones. Fingía ceder, pero a la hora de hacer su toaleta para trasponer ü por tone di bromo, se diría, en muchas ocasiones, tentada por la serpiente. Quizá, entonces, se imaginaba: ella a sí misma subiendo las bellas escaleras entre filas de guardias suizos y cercada por un tropel brillante de turistas, venidos de los cuatro puntos cardinales en vagones de lujo. Un día sí y otro no, el Vaticano tenía que decir a algunas señoras: Basta... Non possutnus. Se citaban casos de peregrinas hermosuras, a las que con harta razón se había prohibido atravesar los sa cros umbrales. Cuando los. primeros padres de la Iglesia se pusieron a combatir la vanidad y libertad en los vestidos femeniles, el tema era ya más cjue viejo para las voces que reprendían a las mujeres, en nombre del Señor. Ni la palabra ni la ley han podido con ellas. En el largo episodio de las ordenanzas florentinas contra el lujo, las mujeres siempre se las ingeniaban 1 para burlar con interpretaciones la voluntad del legislador. En el mismo tiempo de Dante na todas eran como la pura y dulce Beatriz, y el poeta canta con nostalgia la época sencilla de su niñez. Sólo el Señor un di a podrá- -según el Profeta- quitar al redropelo a las hijas dé Sión el chapín que cruje bajo los pies y los garvines de la cabeza, las lunetas y los collares, las ajorcas y los rebozos, las botillas y calzados altos, las argollas, los apretadores, los zarcillos, las sortijas, las colonias, las alamafas, las escarcelas, los volantes y los espejos; y les trocará el ámbar en hediondez, y la cintura rica en andrajo, y el enrizado en calva pelada, el precioso vestido en cilicio, y la y tez curada en cuero tostado... El Señor- -insiste el Profeta- -pelará la mollera de las hijas de Sión... Se ensoberbecen, y andan cuellierguidas, los ojos descompuestos... Van como danzando con tintineos en los pies. Desde lo alto del techo de la Sixtina, meditabundo y furioso, Isaías, parece recordar, sus palabras de un tiempo... Ante las melenas y melenitas de ahora, de seguro piensa: No os apresuréis... El Señor os pelará la mollera... -J Sin insistir en detalles minuciosos, miestro figurín vaticano es benévolo con una