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MAPR 1 DD 1 A 12 DE FEBRERO DE 1925 NUMERO SUELTO 10 CENTS. S F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. T Ó R C U A T O L U C A D E IIJI 1I UIII. Í: II: IÍIII 1I! II! UI: I II I: II) I I I A BC p A l DIARIO ILUSTRADO. AÑO VIGE SIMOPRIMERO N. 6.900) g) f) g TENA i! iii: ii ii iii! iiiniwi iii! g Br sü; plr ASTORGA. DE LA ASAMBLEA DE LA FEDERACIÓN CATÓLICO- AGRARIA TÍPICO; DE MARACATE; i JÓVENES ASTORGANOS QUE, CON MOTIVO DE LAS FIESTAS DE LA ASAMBLEA, LUCIERON LOS TRAJES R Í A RIBERA, CEPEDA, CAMPOS, VALDUERNA, VIDRÍALES Y VA LDERIA VARIACIONES SOBRE PROUST V Y ULTIMO La obra de Proust, eri cuyas características he insistido, después de haberme leicuido en sus rasgos personales para que se precien mejor, si las hubiera, las posibles correspondencias con el caso patológico, ofrece indudablemente esa correlación sos cchada, esa presencia de un elemento niórliido en la obra literaria. Proust- -anormal desde la infancia, pero sociable y comunicativo- -ha tenido ocasión durante varios años de conocer el mundo y la vida. Veía ya la realidad objetiva con ojos de enfermo, con visión algo alucinada y fantasmal; pero, en suma, vio, vivió. Para qué buscar otra explicación al realismo de sus libros? Vinieron luego el aislamiento, la soledad forzada, el renuncianiiento; pero un renun cifimiento nostálgico y ávido, tendiendo siempre hacia c! bien perdido, hacia las co Hs amables y amadas, la sociedad, el campo, las flores, el sol. Todo lo que, sin embargo le era hostil y funesto. Su don de observación del mundo exterior, muy desarrollado en él, pero al ívn cualidad perfectamente normal, tenía, o que atrofiarse en el aislamiento po -imposibilidad material de ejer- citarlo, o cyje irritarse por el continuo roce con el obstáculo. No se atrofió. Se hizo más sutil, como las heridas, al enconarse, se hacen más sensibles. Pero al hacerse más sutil fué menos normal, y su don de observación tenía algo de mórbido. El don de adivinación, de leer en el pensamiento de los demás, no era, en suma, sino el efecto de una sensibilidad sobreexcitada, hiperestesiada, que le hacía descubrir en los seres y en las cosas los matices más imperceptibles y fugitivos. Sus pupilas, ejercitadas en la noche artificial, que él mismo se procuraba, veían en la obscuridad con la fuerza de penetración de las aves nocturnas. Su potencia visual era é xcepcional en profundidad y- en extensión. Así, cuando miraba hacia adentro sabía llegar, en un proceso de introspección y análisis que hace de él un moralista más que un novelista, hasta el fondo de sí mismo, y cuando recogía las imágenes del mundo exterior, las aproximaba y agrandaba. Las fijaba luego tal como él las había visto, y por eso nuestra mirada normal cree hallar en ellas un desmesurado relieve, que no es más que un acortamiento de distancia. ¿No será esta la distancia nueva entre nosotros y las cosas inventada por Proust, según Ortega y Gasset? La literatura de Proust no es la literatura que a diario se anunciaba durante los años de la guerra. Tampoco es una literatura, de avant- querre. Tribaudet- -del cual es la observación- -añade: Entre la literatura anterior a 1914 y la literatura de la generación educada para la guerra y en la guerra hay un singular oasis de literatura paradójicamente desinteresada. -En ese oasis coloca Thibaudet a un prosista y a un poeta: Marcel Proust y Valery Larbaud. Del segundo sabíamos todos, antes que Thibaudet descubriese su oasis, que muchos le consideran como el representante más caracterizado de ese arte tan puro, de tan supremo desinterés, tan temeroso de incurrir en el profesionalismo y de mancharse en las romíscuidádes del mettier, que se refugia en el más metafísico de los silencios, fórmula estética que nos lleva directamente a deducir que la mejor obra literaria es la que no se ha producido, y que el mismo Valery Larbaud acreditó experimentalmente dejando que su lira se empolvase durante muchos años. Claro es que Valery Larbaud es quien es, no por lo que ha callado, sino por lo que ha escrito antes V después de su silencio. Brindo la perogrullada a los que fíen demasiado en ciertas fórmulas de arte, excesivamente abstrusas o excesivamente... fáciles. De Marcel Proust no se sabe que cultivase ese mutismo, aunque, según declaración de Thibaudet (y en esrte sentido al y