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IB imniinnimiiini i iniiroi innw i 111 111 imni i a m 1111 mi i n 111 ri i n i i 11 111 EL CYVÜPP) j IS í, iO VtSM i I iOT O, COIS I IGI 1 SI Dl L MISMO XÜMBRE V LA jib r. VH DEi fOLLFOM periódicos, de un Ateneo, de un Conservatorio de música provincianos... Así como el pequeño campó de San Fantino o el amplio de Morosini podrían ser representativos de estos campos internos, el de la Academia y el de Santa María del Giglio, con su animado puesto de góndolas, trazarían la fisonomía más alegre y animada de los campos abiertos bordeados por un canal. Pero de ellos ninguno con tanto derecho de representarlos como el de San Giovanní y Paolo. La iglesia del mismo nombre es la más importante, después de la de San- Marcos. Panteón ducal, museo de la estatuaria de los Lombar- di y de Vittoria, guarda bajo su amplia nave gótica los monumentos funerarios, de los Vendramin y los Morosini y del gran dux Mocénigo, que Tintoretto pintó, y cuyo retrato es uno de los mejores que figuran en la Academia. Pero la gloria de la plaza corresponde a la famosa estatua de Verroquio. Bartolomeo Colleotii, condottiero, puesto alternamente al servicio de Milán, de Venecia, de los Visconti y de la serenísima República, legó a ésta la mayor parte de su foruina para asegurar la promesa de su estatua y sufragar su coste. La pasión por la gloria, el individualismo dominador de la época tuvo con el rasgo del Colleoni un gíesto preciso; No contento todavía, aspiró a que su estatua se erigiera en la plaza de San Marcos; pero una ley respetuosa y prudente prohibía levantar otro monumento en ella, para que. ninguna gloria osara riva izar con la gloria de Venecia, que la plaza -ft itülllHÜIl 1 II! U I ¡rl I! i h! II l! l I! l It III representa, y la estatua del Colleoni fue emplazada donde ahora está. Confiada su ejecución al gran Andrea Verrocchio, la obra fue interrumpida por el propio autor ante el temor de que el Senado veneciano dividiera el encargo con otro artista. Deshecho el error, Andrea Verrocchio modeló la estatua, que no pudo ser terminada. Su muerte coincidió con la fundición de la formidable escultura, llevada a cabo excelentemente por Leopardi, autor también de los tres magníficos pedestales que soportan los estandartes de la plaza de San Marcos. La suerte, complaciente con los audaces, se mostró pródiga con la osadía del obscuro jefe de bandas, ansioso de inmortalidad. El genio de Verrocchio eternizó su nombre y su figura, Henchido de vida y de fuerza, el Coíleoni cabalga sobre el soberbió caballo, rígido el cuerpo atlético bajo la pesada armadura de batalla. Cubierto con el casco, se concentra a su sombra el duro semblante del guerrero de mirada rapaz y rictus dominador. De toda ia estatua fluye la voluntad de dominar, la fría resolución heroica de una época que comenzó a educar a la humanidad en la valentía de mirar cara a cara al miedo, al dolor y a la muerte. Demas ado genial y profunda para limitarse a representar la figura de un héroe accidental de Venecia. ni tan siquiera la silueta característica del condottiero, la obra de Vefrccchio es una imagen altanera de la época, un símbolo orgulloso de humanidad victoriosa y potente. RAFAEL ...EL DLA yt i. PIXTO... VILLASECA,