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B C. MIÉRCOLES 21 DE NOVIEMBRE DET igi DtGI Sí DR LA MÁÑANA. PAG. 8 riosos lazos con el Apóstol Santiago, y, por último, el cómo y por qué una página de inspiración divina nos revela lo mucho que el Apóstol de los gentiles anhelaba estar con vosotros, pues fue ese anhelo el que por dos veces le llevó del corazón a los labios el hermoso nombre de Hispania, anhelo que se cumplió según testimonio del Papa Clemente I, asegurándonos además el Papa Inocente I que el propio San Pedro, ¡príncipe de los Apóstoles y primer vicario de Cristo, os enviaba desde esta Roma misionarios para todas vuestras primeras iglesias. Hubiéramos de decir, hijo augusto y bien amado nuestro, con qué satisfacción, para nuestro corazón paternal hemos estado pendiente de las sublimes y apasionadas palabras con que habéis pasado rápida revista a las resplandecientes glorias católicas a la vez que patrióticas de vuestro noble pueblo; mejor dicho, de nuestro pueblo, o dicho sea más exacta y cumplidamente aún, ríe vuestra a la par que nuestra católica, fidelísima y magnífica España. Hubiéramos también de decir, augusto y bien amado hijo nuestro, con qué cordialidad y fervor deseamos veios atendido cuanto sea posible- -que ello es harto difícil en este mundo- -en todos- vuestros deseos, y poder contribuir a ello con nuestra cooperación Agradecei emos a Dios, cual especialísímo favor, toda ocasión que nos pioporcioaiare. y podamos api ovechai con esa finalidad. Habríamos, asimismo, de decir, pero nos faltarían adecuadas palabias para ello, todo cuanto vuestra augusía y piadosa presencia, vuestra ele- vada e inspirada palabra, evocan en nuestro pensamiento y nuestro corazón v también que, merced a la una y a la otra, -surge en nuestra mente la visiótj maravillosa de todo un grande y nobilísimo pueblo y de tocia su historia. fAquí aparecen en el despacho una frase incompleta y otra a la que le falta el principio. y ¿te haber allí también hijos nuestros infelices, aun cuando siempre amadísimos, que se nieguen a acercarse al Corazón Divino, decidles que no los excluímos por eso de nuestras- oraciones ni bendiciones, sino que, por el contrario, y por aquello mismo, van hacia ellos nuestros pensamiein. tos y nuestro amor con toda nuestra más ferviente compasión paternal, que así iban los del Divino Pastor hacia las ovejas extraviadas al anhelar la unidad del redil. Paz y unidad, prosperidad v gloria: esos ü gmes vendrán todos juntos cual corteio de la Reina de los Cielos, cuando- se realice la paz de Cristo en el Reino de Cristo. Paz y unidad, prosperidad y gloria; ninguno de esos dones, eso nos lo dice el propio corazón, han de faltar a vos ni a vuestro pueblo siempre que éste, guiado por vos y por vuestros ejemplos, permanezca y vaya caminando siempre por las sendas trilladas por- vuestros antepasados y sembradas de tan brillantes como inimitable? ejemplos, y siempre que la fe y la piedad de los padies de nuestra santa religión católica, que es expresión unitaria y completa del cristianismo y bienhechoras energías de éste, siga renaciendo en los hijos y pueda así peipetuarse en las leyes y las escuelas, y merced a estas vías, que son las únicas verdaderas y las únicas que llegan a la verdadera finalidad, en la sociedad y la familia, y en la vida pública y la privada, manteniéndose de esta suerte la influencia saludable de la santidad y de la civilización de la verdadera ciencia y del arte en la armonía de los pensamientos y los corazones. Siguiendo por esas sendas, nos hallaréis siempre dispuestos a la cooperación, y si hubiere caso, a la ayuda, a nos y a nuestros venerables hermanos del Episcopado español, gloria de la Iglesia católica, y con ese Episcopado, y guiado por su disciplina, al clero secular y al clero regular, que tantas y tan hermosas páginas de caridad, de ciencia, de apostolado y de patriotismo han escrito en la española historia, como en la de la Iglesia. Descienda ahora- -dice, terminando, el Papa- -nuestra bendición, cual la deseáis y pedís, sobre vos y sobre ¡a Reina, gentil; descienda también sobre vuestros hijos, amor y esperanza- que son de España, y sobre vuestra augusta madre; descienda, por último, sobie las autoi idades, sobre el valeroso Ejército, sobie el pueblo español todo y sobre España entera. Descienda y peí manezca. Los Reyes de España en el Panteón y en la tumba del soldado desconocido Roma 20, 2 tarde. A primera hora de la mañana los Monaicas de España, con el general Primo de Riveia y su séquito, han visitado el panteón de Reyes, donde se halla enterrado Víctor Manuel II, fundador de la Unidad italiana. A la entrada del panteón recibieron al Soberano español el ministro de Instrucción pública. Sr. Gentile. autoridades ita- lianas, embajador de España, Sr. Reynoso y agregado militar, Sr. Espinosa. 1 Los Re es de España depositaron una i Indudablemente Merced a! CRISTAL OPA U N da una De vgjiía en todas las buenas casas de electricidad. Ai por mayor;