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OCTUBRE DE 1923 NUMERO SUELTO 10 CENTS. g) B los bellos paisajes de la Montaña. El primer día estuvimos en Santillana del Mar. Antes quise que mi secretario nos recreara con la maravillosa prosa de Ricardo León. Quer a prepararme lo mejor posible para saber leer en aquel libro magnífico de piedra del que cada página es un pedazo de historia; un capítulo de leyenda, una anécdota peregrina Vivir un buen rato y a mi gusto la vida española de los tiempos romancescos de- las costumbres monásticas y feudales Desde Santillana, por poéticos senderos, fuimos a la cueva de Altamira, que mi marido hacía mucho tiempo- deseaba cono; er. Se entusiasmó como era de esperar, con aquellas pinturas rupestres que, según él, han abierto un nuevo mundo a los investigadores de! arte y las costumbres de los tiempos primitivos. Al volver, el sol poniente derramaba colores y poesía por todas partes ¡Qué pedazo de mundo tan hermoso es éste! Otra- tarde estuvimos en Las Fraguas. Este nombre es familiar a mis oídos desde que era niña. Al ir a Comillas y pasar por allí nos asomábamos siempre a la ventanilla del trenv seguros de encontrar en el andén caras amigas. Una vez mi madre y yo llamamos al mismo tiempo Ignacio y se acercaron do personas; mí madre había llamado al padre, y yo al hijo, actual marqués de Camarasa. ¡Cómo pasa el tiempo! Los niños que corren hoy por el parque del magnífico palacio, construido con la más exquisita elegancia y buen gus j to por el inolvidable duque de Santo Mau- ro, son los bisnietos de aquel fiel amigo que saludaba mi madre con cariño al pasar por Las Fraguas. Las bellezas del camino de Comillas a Las Fraguas son incomparables. Yo no comprendo bien ni el gusto ni la razón de los compatriotas que empiezan y no acaban de hablar de Suiza y otros países extranjeros y olvidan que España es el país más bello del mundo. Tal vez esa falta de comprensión de la manera de ver y pensar de algunos compatriotas me hace admirar doblemente a. los e- pañoles que conservan las tradiciones de familia y gustan de vivir de cuando en cuando la vida de los viejos hogares. Encantada he ido otra tarde a tomar chocolate a su casa solariega la Torre con los marqueses de Movellán. Es una casona que recuerda a Ia que tan maravillosamente describe Pereda en sus novelas. En aquella casa y en aquellos muebles, de puro estilo español, yo me sentía como en mi casa. Y es que allí se respira el arte, la tradición, la verdadera vida española. Muy cerca de allí, en la parroquia que dicen que nació Herrera, el arquitecto de El Escorial, el marqués de Movellán está restaurando otra joya artística, una casa señorial de tradición y leyenda, construida, según crónicas antiguas, por el famoso arquitecto. Naturalmente, no he dejado de ir a Limpias ese rincón de la Montaña tan olvidado hasta ahora y cuyo nombre se pronuncia hoy con veneración en el mundo entero ¡Qué insondables on los designios de Dios! Una imagen suya en la cruz, cuya sola vista embelesa, toma vida para demostrad su poder divino a los ojos de DIARIO ILUSTRADO. AÑO DECIMONOVENO. N. 6.478 10 CENTS. los que El quiere elegir. Yo creo firmemente que no hay nada imposible para Dios, y no me asombra más ese milagro que los que se realizan todos los días en el mundo ante los ojos de los que quieren ver. Cuando el Señor nos hace el favor de escoger el suelo español para levantar hacia El las almas, hay que postrarse a sus plantas con doble amor y agradecimiento. Al llegar a Madrid el Señor me tenía reservada una alegría inesperada. Aquel día ingresaba mi nieto mayor en la Academia de Ingenieros de Guadalajara. Cuando fuimos a almorzar con el Rey, el chico vestía ese uniforme que mi madre miraba con predilección. Ella y María Teresa lo habrán bendecido desde él cielo y habrán sentido el abrazo que yó le di en nombre de las tres. FUNDADO EN EL AÑO 1905 POR D. TORCUATO LUCA DE TENA DE MI VIDA. IMPRESIONES ¡Qué hermoso es despertar en Comillas Aquí pasé, en mi juventud, una ez co; i mi madre, y otra con mi hermano, ciias inolvidables. Entonces vivía y éi amos huespedes de aquel gran montañés D. Antonio i- ópez, cuyo nombre pronuncia la Montaña y España entera con respeto. Todos, mi madre, mis hermanos y yo supimos admiíarle; él nos quiso también a nosotros, como quiso a su tierruca y quiso a España. Como recuerdo de la estancia de mi familia allí se eleva en el parque del palacio un artístico monumento con inscripciones tomadas de cartas que mi hermano me escrib ó una vez que no le acompañé: Al contemplar la nobleza y patriotismo de es tos montañeses, todos, y yo el primero, pensamos en ti, como encarnación de estos mismos sentimientos dentro del hogar, y al ver yo tu carta, como no peco de modesto, no puedo menos de alegrarme pensando que tal vez me creas digno de esta Cantabria, cuna de la Monarquía española. Bien sabes que si hago falta en algún ado, allí estoy; y si hay peligro, antes. Fue una fiesta en que el pueblo anduvo revue to con su Rey, por quien daría su vida, como el Rey la daría con toda su a ma por su pueblo. Debajo de estos fragmentos de mis cartas, esculpidas en mármol, después de haberlas yo grabado en mi corazón, se lee esta inscripción: A la veneranda memoria de S. M. el Rey D. Alfonso XII, y en recuerdo de su estancia en Comillas con a Famüia Real en los veranos de I88 T y 1882. Ha pasado casi medio siglo; he vivido desde entonces catástrofes históricas, y aquí esp iritualmente todo lo encuentro igual. Estos cántabros forman de hecho el pueblo que en los momentos difíciles anda revuelto con su Rey, por quien daría su vida, como el Rey la daría con toda su alma por su pueblo En Santander nos esperaba el marqués de Comillas digno heredero del españolismo de su padre. Estaba justamente en el ptietto el Alfonso XIII, y fui a visitarlo. Pasé un rato felicísimo, porque pude admirar el esfuerzo hecho por la Marina mercante española y el cariño con que hasta en los más mínimos detalles se han copiado las bellezas del arte español para enserarlas por e 1 mundo. Este ambiente tan puro y sano me conforta y da fuerzas para animar, a mi vuelta a Alemania, a tantas almas desgraciadas como me esperan sedientas de consuelo. Todos los días oigo misa en la misma capilla en que a lado de mi madre y mi hermano hacía castillos en el aire, que luego ponía en manos de Dios. Recordando el pasado, a las veces, se apodera de mí a ¿listeza por los seres queridos que ya 1 0 1 puedo abrazar en la tierra. Una manita que se empeña en tirar de las cuencas de mi os, ario me despierta a la realidad Algunas de las medallas que mi nieto coloca en Vera sobre el reclinatorio han estado ya en esta misma capilla cuando pertenecían a mi madre Miro al niño pienso en mis muertos, y doy gracias a Dios por estos atos de amor que me unen a! a eternidad Por la tarde reconemos en automóvil PAZ. DE LA ASTUCIA Y OTRAS VIRTUDES Dicen que los pueblos de Italia y de España tienden a aproximarse; que las relaciones entre los dos países prometen ser cada vez más amistosa: más intensas. A mi parecer, el mejor fruto que España pudiera sacar de su trato con Italia sería simplemente el aleccionamierato. Italia sabe mucho, España lo ignora todo. Para desenvolverse y comportarse en el gran fregado de la política del mundo, España podría aprender de Italia eso que los italianos conocen tan bien y que los españoles ignoramos: la astucia. Desde hace bastante tiempo España da la sensación de ser un pueblo que no ha vivido en la historia y carece de hábitos, de experiencia. E to es más extraño cuando fe considera que precisamente lo que les suele restar a los pueblos viejos, a fa ta de fuerza, es la habilidad, la astucia, un íierto modo de trapacería tvascendental. Los griegos, los italianos, los países próximcrorienta es son un ejemplo. Nosotros, al contrario, nos ofrecemos a la mirada del mundo como un pueb o que no ha vivido apenas, lleno de un candor verdaderamente inefable. El candor de España en estos último tiempos, al tratar de negocios con las otias naciones, sobrepasa los términos de lo normal España e de una buena fe palurda que maravilla Se deja engañar por Inglaterra, se deja manosear por Francia, consiente que la engañen los propios moros y dentro de ella misma deja que la vayan engañando cierto. regionalistas que concluyen, natural y perfectamente, por dar cima a su programa de separatismo. En el negocio de Marruecos- España recibe las peladuras, los malos huesos por roer, los golpes y las calumnias, y encima carga, pero sin compensaciones, con todos, los deberes internacionales. Frente a Tánger España se conduce con una blandura. Con una perplejidad y con un acatamiento de criado del más puro candor. Y de la guerra europea España no ha sabido sacar más que el poco de dinero de las mercancías y los fletes, sobre todo, su mala re-