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ACTO SOLEMNE Sesión extraordinaria en el Ayuntamiento. Colocación de una lápida conmemorativa. La obra de I barra. SESIÓN EXTRAORDINARIA EN EL AYUNTAMIENTO Ayer mañana se celebró en el Ayuntamiento, bajo la presidencia del alcalde, una solemne sesión para honrar la memoria del gran impresor Joaquín Ibarra. En primer término, hizo uso de la palabra el ilustre ex ministro y presidente de la Asociación de la Prensa, D. José Francos Rodríguez, quien, después de enaltecer la labor realizada por aquél, dedicó grandes elogios al Ayuntamiento por haber llevado a cabo un acto tan justo corno el de reparar el olvido en que se hallaba hombre de mérito tan extraordinario. Y terminó haciendo ver al Concejo las inmensas ventajas que a Madrid reportaría la constitución de un Museo municipal en el que pudieran reunirse las obias de arte, documentos, retratos y cuanto contribuyera a reconstituir el historial de aquellos hombres que se hubiesen destacado por su labor y por sus méritos en la capital de E pafia. Después leyó el Sr. Cotarelo unas cuartillas con datos históricos referentes a la personalidad y obra, de T aquín Ibarra, haiéndolo a continuación los Sres. Moiato Atienza, representante este último de la sociauón del Arte de Imprimir. El Sr. Martínez Reus pronunció un eloteuente discurso, en el que estudió a Ibarra flcomo impresor y pedagogo. Elogia la iniciativa de los Sres. Franijcos Rodríguez y Moraío, pues a ambos se debe especialmente el iusto homenaje que a Ibarra se rinde por el Ayuntamiento, ty después de una evocación a la obra realizada en Madrid por el gran impresor, terminó exhortando a todos, y especial mente a cuantos pertenecen al gremio de i las Artes Gráficas, a matar el individuaHs! mo para llegar a la constitución de emtpresas poderosas que lleven nuestro pensamiento a los países americanos y contribuyan a colocar la imprenta española a la ¡altura que se merece. El Sr. Gómez la Torre manifestó que, no como concejal, sino como tipógrafo, ya Bque toda su vida ha ejercido este oficio, ¡se asociaba al homenaje que se rendía a Wbarra, para cuya labor tuvo también fraP ses de entusiástico elogio, i El Sr. Ruiz Jiménez dio las gracias a cuantos con diversas representaciones habían asistido a esta reunión por el Concejo convocada, y anunció que acto continuo iban a trasladarse a la calle de Núñez de ¡Arce, con el fin de descubrir la lápida que en la casa número 13 se había colocado. C O L O C A C I Ó N DE UNA APLACA CONMEMORATIVA t El Ayuntamiento; en eíecto, se dirigió bajo mazas, y precedido de una sección de la Guardia municipal de a caballo, a la expresada calle, donde esperaba la llegada de la Corporación un numeroso gentío. Una vez frente a la finca donde estuvo instalada la imprenta, leyeron dos sonetos dedicados al impresor Joaquín Ibarra los poetas D. José Rincón Lazcano y D. Matouel Machado, y el alcalde, tras breves palabras para explicar a los allí presentes la significación del acto que se celebraba, descubrió la placa conmemorativa. Esta es de azulejos talaveranos, obra de JiáKl Í X contiene la siguiente inscripción: Aquí estuvo la casa de Ibarra, gloria de la imprenta española. 1725- 1785. El acta, escuta en pergamino con ornamentación de estilo barroco, es realmente una obra artística, que fue elogiada por cuantos la contemplar 01? Se debe al pintor y funcionario municipal D. Martín Ibañez Eelda. Terminada la ceremonia, el alcalde, con 3 QS Sres. Octavio Picón, Cotarelo, Francos Rodríguez, Morato y el secretario, señor Ruano, quien no poco ha trabajado poique fuera un hecho la iniciativa del homenaje celebrado ayer, regresaron al Ayuntamiento con el mismo ceremonial LA OBRA DE ÍBARRA En el notable folleto que con motivo del homenaje a Ibarra ha publicado el director de Investigaciones históricas del Ayuntamiento, D. Ricardo Fílente, se dedica un capítulo, quizá fl más interesante, a estudiar la obra del impresor. Ibarra- -dice- -fue uno de los primeros impresores del mundo, y tal vez el primero entre los españoles, pues sus libros tienen un sello inconfundible que los convierte en algo superior y verdadei amenté artístico, no só con relación a las producciones edi, toriales de su tiempo, sino a otras, las mejores entre las más antiguas y modernas. Para aquilatar, empero, los méritos excepcionales de Ibarra como impresor, conviene tener en cuenta la época en que floreció y los adelantos positivos- -para aquél entonces verdaderamente extraordinarios- -que le debe la técnica del arte a que consagró su talento y sus actividades. Sabemos ya que Ibarra era hombre estudioso y de iniciativas; amante con el corazón y con la inteligencia de la labor a que se. entregaba, Tan buena disposición en aquella época, cuando todavía la imprenta se hallaba en igual estado, o poco menos, que en tiempo de Gutenberg en lo referente a la perfección del mecanismo, facilitaba ancho campo de acción al espíritu investigador y progresivo de Ibarra. La prensa de imprimir era todavía de madera, la misma del siglo xy apenas- perfeccionada; los tipos se fundían a mano, que el imperio de las máquinas es cosa de nuestra época, y en España poco anterior a 1850. Él papel se elaboraba a mano también, en tamaños reducidos; mat quilla y marca mayor. Las tintas eran fabricadas por los mismos impresores puesto que en muestro país todavía nq existía el comercio de ese ramo industriad Era desconocida! a prensa de satinar, y ni por asomo podían sospecharse los actuales cilindros glaseadores. No existían todavía los rodillos para entintar, que nadie usó cuarenta años después de muerto Ibarra, en cuya imprenta, como en todas las habidas durante los cuatro primeros siglos de la tipografía, ¡a estampación se verificaba dando tinta a las formas por medio de balas, que así llamaban a una especie de tampones compuestos de una almohadilla redonda, forrada con piel de carnero, montada en una manija de madera torneada, atada con bramante por ña canal hecho al borde inferior del mango. Dos balas se necesitaban para batir y dar tinta a la 1 forma. I as almohadillas estaban rellenas- deyjana, que debía cardarse. muy a me- nüd y bies, a k s háks se íetnaba tinta y se distribuía sobre el tablero y entre sí, y luego con ellas se entintaba el molde, pagina por página, lo cual constituía ua mérito, casi un arte, hacerlo bien, porque de la regularidad de ía tinta dimanaba! igualdad del trabajo, y p r ende, la? sr- feccicn visual de. ios libros... Las impresiones de Ibarra, aun las mas ricas y soberbias, n son apaiatosas, sino severas, sencillas y tan eoi rectas, que en filias se contiene el arte tipográfico del siglo xvín, bajO todos sus aspecto? puesto que eu aquellas estampaciones, cone parejas lo escogido del papel de hilo con lo bien dispuesto y equi ibrado de sus rumbosos márgenes; los tipos claros y hermosos con su espaciado regular, perfectamente concordado con el cuerpo del tipo, y el ojo de la letra está siempre en armonía con la caja total de las páginas y el regateado (cuando lo hay) dispuesto con criterio, y buen gusto. Es que Iban a n íué un especialista más o menos distinguido, sino un impresor completo, que dominó por igual toda cuanta atañe a la perfección del libro. La obra de cajas de agüella imprenta lleve, ventaja en lo profesional a la de otros establecimientos de su tiempo. Según cuenta su discípulo Siguenza, que trabajó veintiocho años en su casa, Ibarra eyitaba la división de aquellas voces que constan de dos sí abas, como pa- ra, so- lo, fiada, va- so. Dividía las palabras por las vocales, como ina- es- trOj O- ro- pe- sa, en- ten- dimi- en- ta, como se ve practicado tfh la excelente impresión de la Historia de España del padre Mañana, corregida por el señor Santander, y celebrada de los extranjeros aún más que el Quijote. El maestro Ibaira tomaba todas las medidas del ancho de la plana a entes justas de Parangona (cuerpo equivalente al moderno 18) pala calcular su altura; de manera que partía de una base fija, en la cual se adivina el sis- tema de ciceros. Por aquel tiempo, en Francia, los Fournier y Didot estudiaban el canon para unificar la medida tipográfica, que p r fin, en 1775, cristalkó en el actual puntp y en el cicero. La estampación de los libro? de Ibarra se distingue por dos cualidades piincipales: por la nitidez y por el vigor de la tinta; circunstancias que unidas al papel de hilo de buena calidad, avaloran el libro sobremanera en lo material. Los biógrafos de nuestro impresor todos consignan que la fabricación de su tinta era producto de una fórmula particular que siempre tuvo en secreto. Hay quien indica que entraba en su composición cierta dosis de azul de Prusia, y todos afirman que la acomodaba fácilmente a las diferentes temperaturas. Una de las dependencias importantes de la casa levantada x profeso, dicen que era el laboratorio para la tinta de su eonsumo 4 11 Cuando en casa de Ibarra debían impt u rnirse ejemplares especiales de bibliófilo, a vitela o pergamino o papel marquilla coa grandes márgenes, se levantaba la forma para modificar la imposición y sentarla em otra prensa, a fin de evitar que las huellas de las páginas impresas en el tímpano dificultaran ¡a perfección de unos pocos ejemplares que, como e s natural, debían resultar superiores. La generalidad de im- i pretores españole menos puristas, no daba importancia bastante a ese aspecto aristocrático del libro, siendo negligentes en ta- les pormenores que, sin embargo, revejían 1 un temperamento de artista correero y pu cro en la figura del gran aragonés. Nuestro Ibarra fue innovador sesuda en diferentes órdenes ¡del ramo tipográfico, parece que debió comunicar su afán de per- fección aun a los operarios de su casa Da lugar a sospecharlo la circunstancia; de haber sido el celador de las prensasf de a taller Eedro Rodríguez: el primero; que sepamoj de- entre los españoles qugj