Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Lo que pide el público. LA FRENÉTICA BUSCA Y CAPTURA DE LA ACTUALIDAD La curiosidad humana, los caprichos del que en la época romántica fue llamado el monstruo de mil cabezas han dispuesta que en toda fiesta pública, en todo suceso resonante, en cualquier anécdota cotidiana recogida por la Prensa, historiadora infatigable, existan dos protagonistas: el verdadero, el que todo el mundo ve, aclama, censura, aupa, hunde o halaga, y el otro, el anónimo, el oculto casi siempre, el que no atrae la. atención de nadie, porque en ello le va la eficacia y el valor de su cometido. Este héroe, todo actividad y modestia, que sigue siempre al héroe oficiaP, todo ruida y resplandor, es, como nadie ignora ya, el fotógrafo de Prensa. Rara vez nos fijamos en él, cuando la solemnidad, por sus proporciones, fascina totalmente nuestra atención. La cabalgata está transcurriendo; los clarines hienden el aire y lo agrietan con su épica magnificencia; el cielo, azul y en fiesta, se extiende como una bendición para exaltar el acontecimiento; por todas partes, en las caras y en las cosas, brilla ese júbilo que el buen tiempo da a los espectáculos callejeros... No todos los días se casa un Rey, ni s, e glorifica a un genio, ni se conmemora una gloriosa efemérides. La gente, agitada y poderosa como una pleamar, va de un la- da a otro, arrollar, se desparrama, se une, ávida de ver, atenta al menor episodio, con su gigante olubilidad de niño. Es como una tromba de carne, que si no sabe reprimirse tampoco atina a perdonar. La actualidad, dueña y señora, le dilata las pupilas, le reseca la garganta, le alborota el corazón. Su embeleso, pues, y su afán de enterarse no le permiten ver al hombre calladico, ágil y como ajeno a la circunstancia, que, máquina en mano, desde lo alto de una escalera, sin contagiarse del tumulto, del lauro, del vértigo ambiente, obtiene una, dos, todas las fotografías adecuadas a la información que horas después ha de dar el periódico, caliente y oloroso como un manjar sabrosísimo para la voracidad de la muchedumbre. H i TI II. I unja i i ni i BU u n 1 asia n g 1 i i ni i ni M U H D i t n i i nniiin nunniii jrn ni SI ES PRECISO HUMILLARSE FURTIVO, SE REFUGIA... Mientra todos, en un banquete, comemos- -cuando comemos- el fotógrafo de Prensa apercibe su paquete de placas, su bobina de película. Cuando la manifestación nos arrastra, y la bandera nos enardece, y el fervor nos embriaga, el repórter, cazador nunca rendido de la actualidad, enfoca el instante característico que ha de perpetuar con dinámico grafismo la escena. Nosotros, asistentes, circunstantes, comparsas, actores, podemos acudir adonde se nos antoje, prescindir de lo que nos enoje; de la fuerza del sol, de la monoto- SI HAY QUE SUBIR Y ARRIESGARSE, SUBE... nía del desfile, de la verborrea del héree, de la garrulería que, a lo peor, da sa más elocuente vacuidad a la apoteosis... El servidor de la actualidad, sm embargo, no puede permitirse este lujo de seleccionar sus emociones; carece de fisiología; no ha de opinar; es un devorador de instantes que sepulta allá en lo más obscuro de su aparato. Mañana, un cronista, parcial casi siempre, narrará el hecho según le parezca Solo la fotografía, con su adusta honradez y su pasividad, dará fe notarialmente de lo cierto El perseguidor de la actualidad, obrero humilde, habrá aportado su piedra al enorme caserón de ía historia, donde, como es sabido, no siempre resuena la voz moza y dulcemente persuasiva de la verdad... Contados son los lectores qtse, Bojeando un periódico, se dan cuenta, ni aun aproximada, de lo que muy a menudo cuesta enterar al público por medio de la referencia gráfica. Ño dejaría de resultar divertido un catálogo de las hazañas, eir más de tai caso pintorescas, pe los fotógrafos de Prensa han realizado para cumplir su misión. En ocasiones, mil causas diversas se oponen a ello, tanto de orden material como de otro no menos invencible, derivado de la misma naturaleza humana. El público desea conocer, ver en la hoja impresa, la imagen del genio o del degenerado que constituye la actualidad; pero, contra lo que la petulancia de los racionales permite suponer, alguna vez el hombre del día se niega a asomarse a las informaciones periodísticas. Por supuesto, estos ataques agudos de modestia son realmente excepcionales, y hoy. junto al criminal, vemos retratado ¿1 aprehensor, y aí lado del festejado aparece, radiante también, el camarero. En definitiva, el persecutor de la actualidad está habituado a la intrepidez. Desconoce el sueño, la fatiga, la dificultad. Es un vencedor sistemático de la estolidez del engreído y de la hostilidad del elemento físico. Lo mismo cuando la Policía arremete que cuando arrecia la nttbe. si hay qut obtener una instantánea bonita, habladora T n r r r n r r r r f Frn? n s in m 1 r m i r rnu 1