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Crítica de arte EL EXTRAÑO P I N T O R E U G E N I O Y SU A R T E P O L I M O R F O 1 mi vsiMrinaiMn niurMiuMMiim! 11 1 1 LUCAS En el sombrío ambiente artístico español de los años 1830 al 50, uno de les contados puntos luminosos- -quizá el único potente- -que iluminaban ta pintara de paisaje, ha sido el caso Villaamil. Este artista avanzado e inquieto, precursor de todas las técnicas modernas, gozó días de popularidad y renombre. Y tras la gloria llegó- -dentro de la pobreza española- -el relativo bienestar. Eugenio Lucas, con- su modestia de eterno satélite, decidió girar en torno a la pintura de Villaamil, y, con sus dotes maravillosas de asimilación de técnicas y de estilos, caminó por los mismos senderos abiertos por el pintor ferrolano. Y superando a aquel tocayo suyo ochocentista italiano- -Lucas Jordán- pintó tales cosas villamilescas, que de no estar firmada resultaría imposible determinar la paternidad. La pintura de Lucas, ejecutada siguiendo esa orientación es la pintura que, al decir de Balsa de la Vega y de otros críticos que le precedieron, presenta grandes semejanzas con ía pintura inglesa, especialmente con la de Turnen Mas esa influencia inglesa no era una influencia directa. Habíale llegado filtrada a través- del fino temperamento de Viilaarail, y traída a España por el paisajista inglés David Roberts, verdadero fundador inconsciente de una efímera escuela hispano- ingiesa de paisaje, que Haes se encargó de exterminar... Eugenio Lucas era hombre de ana facilidad asombrosa. Pintaba de primer intento, sin titubeo ni rectificación, lienzos, tablas, cartones. Un buen día, apuesta con Villaamil la máxima producción en tiempo limitado, y aun cuando se declaró vencido ante la portentosa fecundidad del contrincante, seguramente no quedó muy rezagado. Martín Rico, en sus Memorias, tan expresivas e interesantes, narra esta contienda, espeoie de record de elocuencia y fluidez del pincel. A LA TIENTA (COLECCIÓN GIMENO) Pasado el 1850, Lucas, más sereno, más maduro y con sus nervios menos inquietos, parece reconcentrarse alguna vez, abandonando la producción vertiginosa e irreflexiva, para hacer en alguna obra labor honda y meditada, una especie de examen de conciencia artística. Por entonces surgen sus primeras obras personales, pintadas sin acordarse de nadie. Y entonces es cuando Lucas aparece como pintor castizamente español, que sabe recoger y adaptar a su época la técnica de la escuela de Madrid. De la almoneda de algún hogar que se deshizo, rodó hasta la tienda de un comerciante de antigüedades un retrato de dama desconocida, no guapa, mas si expresiva y INTERIOR DE UNA GÓNDOLA VISTA DE MOXTECARLO (ACUARELA) (COLECCIÓN LÁZARO GALDEAXO) de porte muy español o, más exactamente, muy castellano. Tocada con mantilla, toma con su mano derecha el abanico, ese objeto tan nacional y pintoresco que por aquel tiempo jamás se desprende de las finas manos de una española. Una mujer sár abanico- -decía Teófilo Gantier el 1840- -es cosa que aún no he visto en España. Este retrato, que hoy pertenece al Sr. Gímeno, es una obra extraordinaria de la escuela de Madrid, encarnada en Eugenio Lucas. Francamente construido, virilmente pintado, sólido de dibujo y fino de color- -rico en grises- es un gran retrato que honra a Lacas y eleva el concepto de su arte, un poco tachado de servil e impersonal Pintada esta obra el 1855, marca el apogeo de Locas. ¡Lástima que este gran temperamento temiese instintivamente al vértigo de las altaras! De haber querido volar alto, España contaría en su historia artística con otro gran maestro. Mediado el siglo xix, la vida pública española enfermó de un mal que se hizo cró, nico. Los hombres públicos dieron en situarse en pleno torneo oratorio, sonoro y