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Un Mecenas del arte. EL CARDENAL DESPUIG Y DAMETO CREADOR DEL MUSEO DE RAXA privilegiado. Así ocurrió al gran mallorquín D. Antonio Despuig y Dameto, nacido en Palma el 1745 y fallecido en Luca el 1813. Hijo de los condes de Montenegro, dedícase a la carrera eclesiástica, y en ella alcanza rápidamente altos puestos. Viaje ro infatigable, manifiesta una constante y noble curiosidad aue le abre horizontes insospechados, excitándole una gran apetencia o avidez estética de coleccionista. Y como el hombre es hijo de su tiempo, y en aquél privaba una erudita más que sentida afición a lo griego, dase a coleocionar estatuas, relieves y cuanto pudiera evocar esa época, entonces más supuesta que ajustada a la Historia. Aquel prelado, como casi todos los de su tiempo que de cultos se preciaban, cuando entre sus dedos hacía pasar lentas las hojas del breviario, dirigía la vista y sus preces a Dios; mas, terminado el rezo, su imaginación, plena de paganismo estético, recorría anhelante mil y mil lugares del Olimpo, y en tropel desfilaban, en interminable cabalgata, aquellos dioses del mito, perfilados, solemnes, con sus ritos no siempre compatibles con la moral cristiana... El cardenal Despuig había residido en Italia varios años- -más tarde allí muere- y aun cuando no conocemos su vida en detalle para afirmar plenamente su visita a Pompeya, no resultará aventurado suponer que vio la ciudad resucitada, y allí su fantasía le hizo vivir los años que precedieron a la gran catástrofe. Prelado muy siglo XVIII que fuera de sus funciones sacerdotales sentía la vida como una reminiscencia pagana, adquiere un día por poco predio unos terrenos de excavación en Ariocia, población italiana vecina a Albano, terrenos que había removido sin suerte el pintor inglés Gabino Hamilton, dejando entre los escombros gran parte de su fortuna y quizá lo más caro de sus ilusiones. Sentencia minera es la que afirma que la Pocos lugares habrá tan próvidamente favorecidos por la Naturaleza como la isla de Mallorca, verdadera- señora del Mediterráneo. Allí nada parece conspirar contia el hombre. Clima dulce, tierra fecunda suficientemente poblada para no hacer sentir la molesta desazón del vacío ni tampoco el estorbo de una lucha intensa contra la concurrencia excesiva, la vida se desliza plácida, sin otro trabajo que soñar despierto... Isla dorada, por su luz vibrante de ígneas rutilancias, es también Isla de la calma, según certeramente la definió en una novela Santiago Rusiñol- -su gran enamorado- ya que allí la vida se presenta con un constante sentido de contemplación estática, siempre opuesta a toda manifestayCión de dinamismo. El mallorquín es hombre tranquilo y reposado que saborea la vida a pequeños sorbos y no quiere perder en afán precipitado el disfrute de su copa mágica. Quien desee ver Mallorca, que no lleve prisa ni se apene si olvidó el reloj... Un espíritu turbulento, excesivamente inquieto, no logrará penetrar el sentido sensual, de reposo heleno, que allí se vive Por eso la Jorge Sand, plena de romanticismo violento, no comprende a Mallorca, sus nervios saltan, y necesita desahogar su alma en aquellas virulentas páginas de Un hiver a Majorque (1838- 39) Tranquilidad nerviosa, sosiego de la mente, indiferencia ante la marcha ininterrumpida del tiempo son las condiciones primordiales necesarias a todo aquel que intente penetrar el oculto sentido estético de la isla. Quien mire comprensivo hacia el mar observará que en ninguna ribera del Mediterráneo parece tan fraterno como allí el clásico nombre de Ma re Internwm, ni en parte alguna logrará respirar un ambiente de paganismo más completo que aquel. Fiesta de los ojos, que unas veces posan su mirada en azules lejanías graciosamente recortadas y otras contemplan codiciosos la romántica albura de los almendros en flor o los naranjos de áureos frutos que destilan mieles. Así la vida corre tranquila sin grandes convulsiones, y el hombre alcanza dilatada vejez, que un día se apaga dulcemente. Yo sospecho que en esas tierras el hombre no necesita nada; la Naturaleza lo ha previsto todo. Ni frío que paralice ni calor que ahogue. Ambiente eternamente tibio de caricia, tierra ubérrima, mar que guarda un depósito inextinguible de riquezas y es ruta que conduce a las más varias y aun opuestas civilizaciones. Desde Mallorca podéis lanzar una mirada evocadora a las hispanas costas levantinas y a la gala costa azul, al litoral italiano y a las tierras africanas... Durante síiglos, barcos que llega ban de esas costas traían no pocas influencias espirituales. Lentamente, como milenaria cristalización estética, Mallorca formó su personalidad, que aun hoy- -a pesar de los despojos- -muestra al visitante culto; personalidad fuerte e inconfundible, que ya empieza a perder, atacada de insano cosmopolitismo orientado hacia una estéril uniformidad. Uno tras otro se van borrando los rasgos que definen: casas típicas, monumentos históricos, pintorescos trajes regionales, costumbres seculares... 5 Ya es dolor! lililí Mili I II C U 1 AAL DESPÜIG Y DAItlETO Hubo un tiempo en España- ¡ya lejano! -en el cual las aristocracias de la sangre y del dinero, de la cultura y del talento, comprendiéndose mutuamente, vivían unidas por fuertes lazos. Ello tenía, socialmente, mil ventajas, y en tocante al arte, producía Mecenas que más de una vez organizaban colecciones, protegían artistas, dedicaban buena parte de su peculio a la compra de obras y rendían culto fervoroso a las cosas del espíritu. Nacer en un ambiente de arte, rodeado constantemente de productos bellos y exquisitos, vivir los primeros años fijando en el misterioso archivo del cerebro mil imágtines que jamás se han de borrar, ya es Situarse por mandato del destino en terreno RAXA. -CAMINO BEL LAGO