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C 6.289 V I E R N E S 2 P É MARZO DE 1923 AÑO XIX L PROFESOR EINSTEIN EN MADRID ¡j hora con Einstein. El hombre. Cuándo vio la relatividad. Detalles de su vida. El artista. Sus ideas políticas. La llegada a Madrid. Las conferencias. Una distinción una expresión melancólica; su mirada es lejana, como acostumbrada a lo infinito. La nariz. es hermosa, algo aguileña. Unos pequeños bigotes cubren el labio superior. 1 La boca es sensual, muy encarnada, más 1 bien grande; entre los labios se dibuja una sonrisa permanente, ¿bondadosa o irónica? ¡Quién podría definirlo! La tez es tersa, 1 ombre de Einste in se ha abierto lu- mate, de color moreno claro. o camino en estos últimos años enToco en la puerta. Einstein levanta ha 1 hombres dcctos de toda Europa, a cia mí una mirada sorprendida, casi asusj ¡1 han sorprendido las profundas y tada. ¿Habrá sufrido mucho por las in 1 teorías del abstruso matemático y discreciones de periodistas? Entro, me presento, le exhibo el A B C de esta mañana, octima de la relatividad ha- venido que lleva en primera plana su fotografía. u. ucionar los principios consagrados Y sencillamente, sin más preámbulo, se lecie ncia. tanto entre los sabios anti, u orno entre los modernos. Un insospe- vanta, me da la mano y me invita a sentarme. Es alto (acaso tenga un metro 75 h 1 honzonte de experimentación y escentímetros) ancho de hombros, con la esairge ante los hombres advocados a 1 s r iiciat. matemáticas, al conjuro de los palda algo encorvada. Siento honda emoción al estrechar esta mano que sobre el u principios sustentados por el promisterioso universo ha escrito, desde New 1 man. 1 ostu ados del eminente sabio abar- ton, las cosas de mayor trascendencia, y al an 1 tos que se relacionan con la filoso- recibir la mirada de este genio, que ha sai i 1 iral, con la mecánica, con la astro- bido penetrar en los misterios que permanecen opacos y ocultos a los demás homnomía, con casi todas las ciencias físicas bres. y naturales, cuyos fundamentos axiomáticos pasan a ser motivo de controversia y Mientras el tren corre hacia Madrid, tran? formaciones esenciales. La doctrina de Einstein me honra soportando mis. preJa relatividad viene a echar por tierra los guntas. apotegmas de Euclides, las concepciones de EL HOMBRE Néwton y casi todas las admitidas verdaAlberto Einstein nació en Ulm (Wurtemdes incontrovertibles de los clásicos de la berg) en 1879. Después de haber adquirido geometría y la mecánica. el título de bachiller en un colegio de MuLa audaz, originalidad de la doctrina de nich, la familia se trasladó a Milán. EinsEinstein ha sugestionado no sólo a. jos homt n habla bien el italiano, y, dio en este bres tío ciencia sino al mundo aristocráti; co y elegante de 1, las grandes poblaciones idioma sus conferencias. en Italia. De Milán sé fueron a, vivir a Suiza; Einseut opeas. En París y Londres hanconcurrido oir la palabra del eminente innovador tein pasó cuatro años en la Escuela Politécnica de Zurich, donde- -lo confiesa risuelas mus bellas y linajudas mujeres. En ño- -resultó estudiante bastante mediocre. Francia, después dtí Bergson, el; original En 1901 se naturalizó suizo. De 1902 a filósofo ningún hombre especulativo ha con 1909, necesitado de un ingreso fijo, acepseguida el éxito de Einstein en los medios tó un empleo: fue funcionario en el Rerefinados de aquella sociedad. A ello ha contribuido lá circunstancia de gistro de invenciones y marcas, de Berna. haber permanecido Einstein, alemán, apar- CUANDO VIO LA RELATIVIDAD tado de. la controve rsia con Francia duranDurante esta época, exactamente en 190; te la guerra mundial. Einstein no firmó el, ¡a la e dad de veintiséis años! encontró manifiesto célebre de los sabios alemanes la idea fundamental de la teoría de la rea raíz dt la declaración de la guerra. latividad especial; y dos años más tarde, Ll eminente físico Empezará mañana la la de la relatividad general. De ioxxj a r. erie de tres conferencias que ha de dar en 1911, enseñó en las Universidades de Zurich Madrid. y de Praga. Al siguiente año, él antiguo Al recoger en estas columnas la noticia alumno mediocre era nombrado catedráde 3; i llegada, damos la más cordial bie n- tico del Politécnico dé Zurich. En Fevt nid; i al ilustre sabio. brero de 1914, la Academia d Ciencias de Berlín le confiaba la dirección del Laboratorio físico. Y en 1915, mientras Europa se destrozaba en Ja guerra, este genio de la cie ncia, absorto en el desarrollo de sus teorías, completaba su desen... En Guadalajara tomo el rápido de Bar- volvimienío. Desp ués de la guerra viajó celona y me pongo en busca del que es por Inglaterra y los Estados Unidos, donilustre huésped de España y hoy de Made dio sus conferencias en alemán, porque no domina a la perfección el inglés. drid. Después desechar la mirada en unos En el año último fue invitado por el Cocompartimientos, lo percibo a través del legio de Francia. Ahora viene a España crismal conversando con su esposa. Sería imdirectamente del Japón, donde pa? ó seis posible confundir con otra esta cabeza casemanas, recorriendo todo el pa: s, y dd Paracterística, que es más bien la de un arlestina, donde permaneció quince días. tista qne la de un sabio. Tiene el pelo abundante, largo y rizado, que ha sido muiy Viene por vez primera a nuestro país, y negro pero en el cual predominan ya las dice que le ha sorprendido é. adelanto de canas. Su frente es muy alta y combada; Cataluña. Visitará Tóíeáo, y procurará dar la surcan dos arrugas profundas. Cuando itea conferencia en Zara vuelve a Berlín, donde ri reflexiona, gÉ t (4o s rec s por aflo- ía entre sus Ist Dr timo o autor de la teoría de la reid es nuestio huésped desde anoche. rUona, donde ha dado tres confeesquemáticas de sus nuevas conJ ífs científica, ka venido a Madrid, disertará también, invitado por el 5 de profesores de la Universidad versidad de Leyden) y donde falta hace seis meses. De los sabios españoles, conoce personalmente al físico Cabrera (su amistad sé. trabó en Zurich) y al profesor Tetradas. De reputación, conoce desde hace veinte años al sabio Ramón y Cajal. DETALLES DE SU VIDA- ¿Tendría usted la bondad de indicaí a los lectores dé A E C los detalléis de su. vida cotidiana? -le pregunto. Se echa a reir; tiene una risa muy ju- s venil. ¿Pero a quién podría interesar esto? replica. Luego añade: -Pues biejn; voy a satisfacer su curiosidad periodística. Mi vida es muy irregular. A veces, cuando me preocupa un problema, no trabajo durante días enteros; me paseo, voy y vengo en mi casa, fumo, sueño y pienso. Por el contrario, hay semanas en que no ceso de trabajar. Pero, en general, me acuesto a las once y me levanto a las oeho. Comq ve usted, mi ctíérpo y mi cerebro necesitan un largo sueño reparador. Salgo raramente por la nó- dhe; me molesta la vida social. -Í Ah! Pues lo ignoré hasta ahora- -le interrumpe, también riendo, su señora- -j yo creo que salimos bastante y recibimos mucha gente. Pero me alegro saber que esto t molesta, porque también me moles ta a mí. En cuanto volvamos a Berlín, cambiaremos de mañera de vivir. -Conforme- -dice Einstein. Luego se dirige a mí, y añade: -Desgraciadamente, fumo mucho, aunque sé que el tabaco perjudica a la salufl y a la memoria. Por esta misma razón, no pruebo alcohol, ni tomo café, excepto de vez en cuando, en Sociedad. EL ARTISTA- ¿Tiene usted tiempo para ocuparse de literatura, de arte, de música? ¿Es cierto que es usted un excelente violinista? -Hombre, le diré; me gusta mucho la música y toco, en efecto, casi diariamente, el violín. Pero, e xcelente violinista... -Pues no le crea usted- -ine dice alegremente su esposa- no sólo tiene un alma de artista, sino también una excélente téc- nica. ¿Cuáles son sus músicos preferidos -Bach. y Mozart. ¿Y sus poetas preferidos. -Shakespeare y Cervantes. Leo muy ai menudo el Don Quijote y también las Novelas ejemplares. Cervantes me gusta de una manera extraordinaria; tiene un humor encantador, al cual se suma uqo involuntariamente. También me gusta la literatura rusa, ante todo Dostóyevsky, y de sus novelas pongo en primer lugar Los hermanos Karamazof. En cuanto a la pintura, me interesa desde luego; pero, aún más me interesa la arquitectura. SUS IDEASPOLmcAS -Le ruego a usted- -me dice Einstein- que rectifique las declaraciones que se me atribuyen. Es cierto que acepté la invitación de los sindicalistas; pero dije lo con- trario de lo que efseriben los periódicos. Dijj que- no soy revolucionario, ni; siquiera leí el terreno científico, puesto que quie d, con servar cuant uifid i UttÉÍtdó élimi- Una Hora con Einstein V. -l