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A- B- C. SÁBADO 3 DE F S B RE. R. O DE 1923. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PA 7. Tampoco tuvo fortuna, en la época que ahora evoco, Isaac Alb éniz, a quien des- pues de. muerto prodigamos elogios extra ordinarios, sin duda para corresponder a sus méritos singulares, y además compensar el desvío con que le tratamos cuando vivo, y sano nos ofrecía los frutos de su inspiración. Se; estrenó en Apolo una zarzuela titubada. San Antonio de la Florida; él libreto erai. de. Eusebio Sierra y sobre él bordó Albéniz- composiciones impregnadas con el perfume de nuestra Patria, que hoy tanto nos deleita y que ayer, apenas si aspirábamos. La zarzuela San Antonio de la. Flo, rida pasó casi inadvertida, y a las pocas semanas, otra del mismo autor, La sortija, f- ué- francamente rechazada en el teatro dé la. calle dejovellanos. La. sortija se había estrenado con éxito feliz en Londres, y Albéniz hizo que tradujeran el libro para someterle al fallo de sus compatriotas, que le volvieron desdeñosamente la espalda. Isaac Albéniz se fue de la tierra sin. ha. ber paladeado el asentimiento entusiasta que ambicionaba de los públicos españoles, contentándose con los de franceses e in gléses. Así, hoy, cuando nos extasiamos en los conciertos con las melodías de Iberia, me- acuerdoj a pesar mío, de aquella noche en que se maltrató a La sortija, obra; de Albéniz, compositor en el alma de: quien vibraron. con pulsaciones geniales los soni dos ¡característicos de la raza hispana; éíaro que al- fin la- justicia se impone; pero es triste cosa que, por lo común, lleguen las reparaciones cuando quien las merecía no puede disfrutarlas. No dirá lo mismo el gran artista Manen. Desde niño pudo saborear los aplausos, -y hoy como ayer, España le festeja. En el salón de D. Benito Zozaya, madrileño muy simpático, famoso por. su. establecimiento musical de la Carrera de San Jerónimo, Juanito Manen, a los diez años, y hace de esto veintinueve, entusiasmó a una lucida concurrencia tocando el violín. Sus oyentes auguraron entonces que aquel rapaz s elía- célebre. Los pronósticos se han. cumplido, y, el virtuoso de antaño puede hogaño, envanecerse de haber mantenido y acrecentado la fama que siendo niño alcanzó. Eii- la Princesa, donde María Guerrero se. apercibía, para. iniciar- su inolvidable campaña regeneradora del teatro español, estrenóse María Rosa, el drama de Guimerá que tradujo D. José Echegaray. Cuando al guien: murmtira; en; e, sto s díasj aue. el: dramaturgo catalán, nacido por cierto en Cana rías, desdeña los aplausos madrileños, opon- go a quienes tal afirman el recuerdo de las representaciones de- María Ros x. A ellas acudió Guimerá, deshecho en justas alaban- 1 zas para el, traductor de su obra, para los intérpretes; y de modo singular para María Guerrero, que. siendo una muchacha lucía ya esplendores artísticos, por ninguna otra alcanzados después. i Qué noches en que tríunfaimente surgía María Rosa, encarnada en una actriz que marca toda una época de gloría en. nuestra escena i, Ricardo Calvo refrescaba los, laureles, conquistados junto á su insigne, her- manó Rafael; Fernando Díaz de Mendoza encaramábase al elevado puesto en que- se mantiene, y D. Felipe Carsi, al cabo- de treinta y. cinco años de andar por. provincias, probaba en Madrid sus condiciones extraordinarias. Uno de los incidentes teatrales más comentados durante los días que ahora traigo a la memoria fue el producido con ocasión de estrenarse la conocidísima zarzuela El tambor de Granaderos. Los empresarios de. Eslava, donde Chapí ejercía pre. dommio y, éófde el iatnber, r- edobló. mvichaj veces, buscaron para protagonista de la obra a Matilde Pretel, contratada entonces por el empresario de la Zarzuela. Matilde Pretel estaba en su apogeo: menuda de cuerpo, graciosa, flexible, seductora, poseía una voz extensa y poderosa, manejada con exquisito arte. La gentil artista supuso que para la época en que se representara El tambor de Granaderos habría terminado sis, contrato con la Zarzuela, y aceptó el compromiso pero al llegar el oportuno momento se encontró con que no podía cum plirle. Entonces sucedió algo muy curioso, Loa empresarios de Eslava entablaron contrai los de la Zarzuela un interdicto para re- i cobrar a la actriz Matilde Pretel. Fue abo- gado de aquéllos Carlos. Díaz Valero, jurisconsulto que tuvo sus pujos, de autor y, murió no hace muchos años; era representante de los segundos José Feliú Codina dramaturgo notable, desaparecido del mun do cuando hallábase en plena fama de escritor eminente. El -forcejeo judicial para obtener elcon curso artístico de. la Pretel fue accidentado y considerable. Al fin; quedó él carnpc por los primitivos. poseedores de la interesante tiple, y en Eslava estrenaron- Él tam or de Granaderos, representando la obra Isabel D -UN- GAGETlLLERO) En el último trimestre de 1894- estaban animadísimos; los espectáculos pábücos de- Madrid: en; el Real; con buena. compañía 1, las veladas eran. espléndidas mucha gente! mucho arte, mucha elegancia; en resumen lo contrario que ahora. Asistimos entonces a la caída de un divo, que- depuso- su soberanía después de ostentarla! -en múltiples ocasiones. Massini llevaba diez años de imperio, diez años d- e vencer por los alardes de su voz clara, intensa, insinúan te, conmovedora. habíase acostumbrado a nuestros aplausos, a nuestros mimos, y entre ellos transcurrió el tiempo, que ¡ay! destruye inexorablemente las gallar- días y ¡v disipa las ilusiones. Se cantaba. Lohengrin; era. una noche de Noviembre, 5 en todas las localidades; del. teatro agolpábase la concurrencia acostumbrada a que Massini la consolase un poco de haber perdido con Gayarre al sublime intérprete- del legendario Caballero déi cisne. Pasaron los dos primeros actos sin pena- ni- gloria respecto del; teaor. TkgóTél tercero, y en el dúo con Eisa advirtiéronse en Lohengrin- desfallecimientos ánespéra dos. La voz- transparente, acariciadora, convirtióse en áspera, temblorosa; tuvo un chasquido como de haberse. quebrado, y. el público, siempre olvidadizo y cruel, prescindiendo de las venturas pasadas, rugió colérico al notar la momentánea flaqueza del artista. Terminó, el acto, tercero entre siseo. s, y al llegar el cuarto, alg; o se desquitó. Massini diciendo con idulcísi- ma media ¡voz la; célebre narración; per- o. el desastre sé había iniciado y era irremediable. El cantante empezaba su decadencia, y ante, ella- el aparecía gruñón, y despreciayo- i, Brú. v ¡Gántó ¿en: -aquella- temporada Massini, además dé; Lokengtín Ótelo, Aida, Sónám 6 ÍÁÍ (advertiráerlec. tqr qué los: tenores de hace, uó cuarto de siglo loV. captaban todo) pero las noches, entusiastas, gloriosas de, Otros años no se reprodujeron, y 3 a figura; del insigne artista) primero empalideció, ¡borrándose después poco a. poco hasta de la memoria de sus más fervientes admiradores. Otro lance- desagradable- de. aquel; período teatral, fue el; estreno: de Los. áondénados. -Se veriñqó. enJa Comedia. donde. Car- men Cobeña, Miguel Cepillo y Emilio- Thui 11 er hacían primeros papeles. La obra de! inmortal Galdós fue rechazada, en térmi- nos inadmisibles, tratándose del nías grande de nuestros literatos- en el. siglo xix. Lo que mayor amargura produjo al, maestro fue leer las gacetillas, donde se narraba lo sucedido en el estreno de su qbra, apli- candóle el mismo trato que a los autores ordinarios. Gáídóis, por úriica vez. en su vida, arremetió contra los chicos de la Prensa endilgándonos un prólogo, -en él cual centelleaban las. que as del ínclito varón, en el alma del cual estuvieron siempre reunidos el genio y la desgracia. Hoy, transcurrido mucho tiempo, confesamos que el preclaro novelista tenía un poco de razón. Van desapareciendo las cía- sé- s en la estructura social; nivelada por el continuado tumulto del progreso; pero t r a tándose de categorías del entendimiento, su inmutabilidad es. indiscutible, y así, aunque e? empuje de lo moderno destruyese todos los podahes que rigen al mundo, quedarán, incólumes las- majestades y los señoríos del 5 talento, con prerrogativas, acatadas sin es- El- éxito de la Brú fue feliz, y, desde en- tonces- inicióse su- vida escénica triunfal. ¡Quién no recuerda las- mil, ocasiones en que- Madrid- entero apiaudió en Apolo a la ¡que fue una de sus actrices favoritas! Bri; liaban en la Brú, aparte de sus condiciones, personales- de, mujer hermosa, garrida con. belleza un poco altanera, aptitudes artísticas sobresalientes, que: mantuvo durante muchas temporadas. Al fin de una de ellas, sin que nadie se enterase de la resolución, adoptó Isabel Brú. la de retirarse, de la escena Hoy vive lejos de ella, como ejemplo de que en el. mundo, aún más que desear aplausos. y conseguirlos, vale despreciarlos. Los: artistas teatrales que pueden permitirse lujos tienen uno. suculento: el de no mostrar ante el público la decadencia de sus- facultades, y. ello se consigue haciendo 1 mutis por el foro- antes de que, conjugan- do la vida, se llegue a Ws. tiempos pretéritos. Por la. tra. nscrípeiún 7 J. FRANCOS RODRÍGUEZ, ATB C. EN NUEVA YORK LA RETIRADA- y DE EUROPA Se ha impuesto 1 a unánime voluntad del pueblo norteamericano: as tropas qué el Gobierno de los Estado, s Unidos sostenía eñ Alemania han recibido la orden de regresar. El Senado lo pidió, así. al presidente, Harding- y éste se apresuró a cumplimentar la petición; Con este gesto han querido decir al mun: do los; pacifistas, norteamericanos qué elloá no- aprueban la belicosa actitud de Francia al invadir Ja región alemana del Ruhr. Yi esta es al mismo tiempo, la más clocuerke y categórica respuesta a las jeremíaír. s íameñtaciones del viejo Clenienceau, cuyas alforjas, rebosantes de risueñas esperanzas al llegar a los Estados Unidos, salieron tíe aquí vacías. El Tío Sam HQ se conmovió ante los halagos voluptuosos de la bella Mariana. V fe í i t H i s ¿g l estado Hig ¿Habrá; que repetirlo una vez más? Los norteamericanos; que yá escarmentaran bástante, lio quieren volver, a pensar- en los horrores de otra guerra, y mucho menos a beneficio ajeno. En los primeros días del entrante mes estarán ya de vuelta los cáa renta ficiaks y. 1- raúllar 4 soldados