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A B C VIERNES 17 DE NOVIEMBRE DE 1922, EDICIÓN DE LA MAÍfrANArPAG. 12 tío. avanzó rápidamente hacia su jefe; recorrió algunos pasos y otra bala le, hizo rodar sin vida. Después tomó el mando el capitán Hita... y vino la rendición... El día 20 de Mayo de 1915, un solemne cortejo fúnebre, recorriendo las calles de Ponce, la segunda ciudad de Puerto Rico, bajó hasta los muelles y depositó a bordo del transatlántico Montevideo, los restos mortales del comandante Illescas para ser trasladados a Cartagena, su ciudad. natal, donde le tenían dispuesta honrosa sepultura el noble alcalde y varios vecinos de aquella ciudad. Ponce en masa, incluso el Cuerpo consular, bandas de música y hasta las más aristocráticas damas de la ciudad ponceña, unidas a la masa imponente del pueblo, acompañaron los fúnebres despojos del héroe, demostrando, como escribo en mi Crónica qué aquel muerto era también nuestro muerto. El mayor general, Oswald Herbert Ernst, residente en la actualidad en Washington, autoriza en mi citado libro, entre otras, estas manifestaciones: Illescas se portó como un valiente soldado (like a brave soldier) pero durante toda la acción parecía que te guiaba la idea del suicidio, pues mientras sus soldados estaban a cubierto por las. trincheras, él se exponía a las balas enemigas. Este general Ernst conserva, como un trofeo glorioso, en una panoplia, el sable de Illescas. El coronel W. H. Hulings, que mandaba durante el combate el 16 de Pensylvania, me autoriza con su firma un memorándum en que se lee: Yo había observado, durante la acción, que un oficial español no había cesado, de recorrer a caballo, y paso a paso, muy lentamente, toda la línea, de combate bajo el nutridísimo fuego de mi fuerza. Inflexible continuó, de manera gallarda e intrépida, tranquilo y sereno, entre sus hombres, y bajo aquel huracán desnegó, hasta que una, bala lo derribó. Quise conocer el nombre de aquel hombre, para dar de su bizarría testimonio a sus compañeros, y supe que el caballero, singularmente hermoso, tendido allí victorioso aun en la derrota, era el jefe de las fuerzas españolas. El capitán Harry Alyan Hall, qué man- daba la compañía deLá de Pensylvania, la cual dio muerte a. Illescas con sus fuegos, me hizo entrega, paco después del armisticio, de la siguiente carta, para que la enviase, como así lo hice, a la señora viuda de Illescas. Ponce. Puerto Rico, 20 de Agosto de 1898. Señora doña Eugenia Búgallo, viuda de Martínez Illescas. Señora: Permítame que antes de abatido- nar esta isla, teatro. de escenas tan dolorosás para usted, le ofrezca mi más honda simpatía, en medio de su aflicción, y le exprese mi admiración profunda hacia el va- lor de su esposo. Antes de. sucumbir pasó y repasó seis veces a lo menos toda la línea de nuestro fuego, hallándose, distintamente, a nuestra vista y bajo los disparos que. sin interrupción le hicimos por espacio de una hora. En tales circunstancias, debió comprender que su muerte era inevitable. La rendición, estoy seguro, jarnás. hubie- se podido obtener, mientras él viviese; sobrevino inmediatamente después de su caída. Su muerte fue la de un héroe; señora, el dolor inmenso que la sobrecoge debe mezclarse con la íntima satisfacción que ha de producirle el saber, que. sü esposo, hasta en su. manera de caer, demostró ser el tipo legendario del soldado ideal. Le suplico tenga a bien perdonar la intención de quien, como yo, formaba parte de las fuerzas adversarias; pero la admiración hacia el- enemigo intrépido y valeroso- es privilegio del soídado y una de las pocas satisfacciones de la guerra, y yo entiendo que es- mi: deber remitir este, tributo a la memoria de aquel héroe. Ousdó de usted atento. seguro servidor, Harry Alvan Hall. (Firmado. Capitán del. 16 regimiento. de Pensylvania. Para terminar este relato, escrupulosamente histórico, debo añadir que el cadáver de Illescas fue trasladado a Pones en una ambulancia militar, y mantenido allí, en capilla ardiente, toda una noche, por orden del general Wilson, y entenado al siguiente día con los honores militares en i un nicho cedido gratuitamente por el Municipio de dicha ciudad. Los restos del- capitán Frutos López reposan en el cimenterio de Coárno, bajo un sencillo mausoleo levantado a expensas dé: aquel cura párroco, el virtuoso y patriótico padre Marcelino Rodríguez. LA FIESTA NACIONAL. TOROS Y TOREROS BANQUETE A LOS NACIONALES El domingo, a- la una de la tarde, se celebrará un banquete en honor de estos aplaudidos diestros en- el restanrant del café Nacional. Al agasajo, muy justo, asistirán mjuchos admiradores de los baturros. Los niños alegran ios hogares Todos los recién casados al comenzar su vida matrimonial tienen visiones de alegres horas con niños saludables y felices, pero, por desgracia, ¡cuántas mujeres jóvenes que ansian tener hijos se ven privadas de tal felicidad debido a algún desarreglo desús funciones que podría ser corregido con un tratamiento adecuado! EL Compuesto Vegetal de Lydia E, Pinkham es justamente la medicina qué se necesita para obtener el arreglo, como lo demuestra la siguiente carta: jPuebla, Puebla, México. Tomé el Compuesto Vegetal de Lydia E. Pinkham para dolores en la cintura y en la espalda y también debido a que mis períodos eran hemorragias y duraban más de cinco días. Había tomado otras muckas medicinas sin obtener alivio. Una amiga me recomendó el Compuesto Vegetal que ella había tomado. Ahora que estoy curada le manifiesto. el agradecimiento que mi marido y yo sentimos por Vd. He dado a luz una hermosa niña y ambas gozamos de perfecta salud. -Sra. MAKÍA MACHORRO DE ROSAS, Joaquín Ruiz. 27, Tienda, Puebla, Pi e. México, Muchas de estas cartas prueban la eficacia del Compuesto Vegetal efe Lydia E, Bipkham 1 YDIA E. PINKHAM- MEDICINA- GO -JLTNN,