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MADRID DÍA 14 DE SEPBRÉ. D E 1922 NUMERO SUELTO 10 CENTS. S) 8 VB DIARIO ILUSTRADO. AÑO DÉCIMOOCTAVO. N. 6 J 4 4 10 CENTS. FUNDADO EN EL AÑO 1 0 POR D. TORCUATO LUCA DE TENA 95 CEU I A. F I E S T A F R A T E R N A L 1 A OFICIALIDAD DEL CAÑONERO BONIFAZ EN LA VISITA AL CAMPAMENTO DEL TERCIO, DONDE LOS OFICIALES DE ESTE AGASAJAROS A LOS MARINOS CON UN BANQUETE. (FOTO COSTA SALAS) BREVES APUNTES DE UN CORTO VIA 1 E ni 5? hA B A R R A D E SANLÚCAR. BELLA PERSPECTIVA DE LA CIUDAD. GIGANTESCAS RA ELjCOTO DE DOÑA ANA Yo he dicho en Sanlúcar que según iba el río Guadalquivir acercándose a esa ciudad se ensanchaba, cuidaba de adornar sus riberas, se embellecía magníficamente, como si quisiera llevar a la costa amada 1 máximo de sus esplendores. El agua dulce y el- agua salada juntábanse en el inmenso estuario, y allá entre las nieblas se me aparecía el Jugar de la barra, movib e y variable donde hoy parece que está seguro el paso, y luego interviene la catástrofe. Cuando se juzga allí la navegación venturosa, los peligros aparecen. El r o y el mar se jurtáne- ntré la hermosísima playa de Sanlúcar de Barrameda, ornada de bellos hoteles, -y las marismas del coto de Doña Ana, famoso lugar de la venatoria espa. ño 1 a. Hube ic acudir a las amenas er- i Uc ones de Rodríguez Marín para saber lo que ese coto y su nombre determinaban. Mide unas nueve leguas de longitud y su anchura varía de dos a cinco. En. la actualidad su superficie pasa de 25.000 hectáreas, pues ha adquirido y agregado algunos predios limítrofes el opulento jerezano D. Guillermo Garvey, propietario y reconstructor de la hermosa finca, que hoy pertenece a los duques de Tarifa. Y la Dona Ana que da nombre al inmenso cazadero, según resulta d las averiguaciones de Rodríe guez Marín, fue Da Ana de Silva y. de Mendoza, -hija de los príncipes de Eboli. Allí fue obsequiado el Rey Felipe IV, en el año 1624, con una suntuosa cazata, tan abundosa de los más exquisitos comestibles, que el Doctor Thebu- Ssem pudo decir que las célebres bpdas de Camacho fueron penitencia de monje y parvedad de anacoreta si se comparan con la pasmosa sobreabundancia de mantenimientos que el duque juntó en el- bosque, bastante para hartar, no ya a ia corte de España, sino a todas las de Europa Pues bien, en el momento en que yo pasé de las tablas del San Telmo a un muelle improvisado, donde amigos queridísimos me aguardaban, no pude apartar mi mente, ni aun mi vista, de aquel rincón fluvial y marítimo de donde nartieroi? 1 as naves de Magallanes oue iban a dar la vuelta al murado, y como ahora, en los das presen- tes, se rinde homenaje a Sebastián Elcano en fecha inolvidable, experimenté la emoción trágica de una de las empresas mayores que la humanidad ha realizado. Y así Sanlúcar de Barrameda, la ciudad rica y bella, industriosa y culta, iba a re- cibir muy pronto, pocos d as después de mi; llegada, el homenaje universal. No podía ser mi viaje un conjunto de. emociones suaves. El recuerdo de las últimas expediciones de Colpn, que de San- lúcar partieron, y este viaje sublime, que, ea el actual momento se conmemora, su- rerio; -en empeño, brío y triunfo al de los argonautas helenos, despertaban en mí vibraciones de admiración y de espanto: ta- maña es su grandeza. Mirando en torno, puede en mí más hoy lo pretérito que Id presente; porque no podré olvidar que de Sanlúcar partió Cristóba Colón en sus últmos viajes. Había descubierto él ya el Nuevo Mundo. Preparaba, y aquí realizó, la continuación de una obra gigantesca, casi divina, Había acert ¿do. No correspondieron los premios a la empresa. Fue perseguido. El, cruel e i n fausto Bobad Ha había sujetado con grillosIos pies del héroe, y en las manos de éste había clavado, gravísimas esposas. Es que, corno proclamó uno de los hombres más eminentes del nuevo renacimiento. Alejandro de Hutr. bolt, el genio necesita para