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UNA- GLORIOSA FIGURA NACIONAL Los, últimos momentos. Algunos datos biográficos. Obras de Ja sonora Pardo Bazán. de M. adríd. El Centro de Galicia El Ateneo I D. Carlos VIL Ella iba con el: sentimiento 1 que entonces animaba su espíritu; yo iba como un gran curioso, que siempre lo he sido. Para la insigne escritora que acaba Ni tengo a la mano tifla biograáía ne- de morir, D. Carlos era 1 representante crológica de doña. Emilia Pardo Bazán, d e la fe de sus padres; los que luego fueron ni en mis memorias quedan aquellos he- condes de Pardo Bazán por desiigríid ponchos que debiera, haber conservado fiel- tificio. Ño olvidaré nunca aquel viaje; nuesmente. Me sobra el entusiasmo, pero me tra estancia en Venecia y las atenciones que falta la recordación. merecí por el aspirante al Tronío. Lo que quiero decir es que la condesa, ¡Por cierto que cuando se publicó mi ar. de Pardo Bazán ha ejercido, sobre todos tículo, referencia de mi visita al Preten los modos literarios una influencia muy diente, tuvo no pocas amarguras de a- qu- egrande y vehemente. Leí sus lsbros. desde iilos que siempre ponen por delante de la que ella comenzó a producirlos. realidad histórica la pasión política. Yo no Cuando apareció! a sublime rememora- iba a Venecia a otra cosa que a ver al caución de San Francisco de Asís (1882) tuve dillo de la última guerra civil. Y hubo in el. honor de conocer a- la magistral escri- sensatos que imaginaban que yo tenía pretora. Después de estos coloquios siguieron tensiones de propaganda... Pobres de ellos... otros, cuando se imprimió la novela Pasxud Lopes, que me- había impresionado Murieron los tales en la ineficacia de sus profundamente. El Estudio crítico de las vidas. Quedó el recuerdo de mi visita al obras drí padre Feijóo acreditó la sabi- palacio de Loredán. Cuando entró en eil salón de su palacio, duría de esta mujer, muy joven entonces. Había ella dedicado toda su vida al D. Carlos, vestido de frac, sin condecora estudio. Poseía varios idiomas modernos. ción alguna, saludó a Emilia Pardo Bazán. Poseía el, latín. Desde entonces hasta el Ella se había afinojado, como corresponde oía de ayer no cesó la labor. Ha sido prin- a la- etiqueta de los antiguos Monarcas. Lecipalmente creadora de caracteres, descrip- vantóla D. Carlos del suelo y besó su mano. tora de paisajes, dialoguista insuperada, Con, nosotros estaban Viídósola, Melgar, narradora comunicante de la emoción... Y secretario entonces de D. Carlos; el prínciha sido, además, crítica, erudita, conocedo- pe de I turbe, su chambelán, y. otras perso ra de los. problemas filosóficos y pedagógi- oaíida des eminentes. cos, y cronista excelsa. Don Carlos me dijo: Por dondequiera que ella fue en sus vif- -Celebro conocerle. j es, recogió impresiones y. las anotó prodi- sesacia. Ya Sé que se íiaMe honra su pre tratado de la etigiosamente en sus páginas. No caben en este apunte ni lo méritos queta de su. presencia cerca de mí... Y el príncipe sonreía con benevolencia. de la gran dama que acaba íe morir, ni: la inscripción de sus libros, ni la 1 esencia de Su sonrisa indicaba lo poco que él tenía en ellos. Para todo falta tiempo en un trabajo cuenta estos detalles. No había sido Rey periodístico como el que estoy realizando. sino en una aventura por los países del Y, sobre todo, me falta la serenidad, por- Norte de España. Era el eterno emigrante. que experimento una gran amargura. Se Había viajado largamente. Sabía muchas nos ha ido la maestra, se nos ha ido la mu- cosas de los oíros pueblos! Y entonces fue jer, de incansable labor, de peregrino in- cuando- él me dijo a Q que ha sido una i gienio, de honda y de intensa sabiduría. Y profecía: como yo escribo poco después de haberse- ¡Otra guerra civil no habrá eü España me comunicado la noticia. de esta desgra- mientras yo viva. Harto daño hemos hecia nacional, apenas conseguiré otra cosa cho; yo aimo. a los españoles como a mis que poner una siempreviva en la tumba. h i j o s i Siempreviva, porque sólo merece homena Obsequiónos el Pretendiente con unamagjes inmortales doña Emilia Pardo Bazán; no porque lo que yo escriba sea digno de nijfica comida a la españrfa. Emilia Pardo Bazán se sentó a. la derecha de. D. Carlos. perdurar. La conversación fue totalmente Lo que os digo, a quienes me íeáis, es por la gran escritora. Y D. Carlosdirigida la oía que estas páginas no son sino ei principio con: reverencia y admiración. de otras que trazaré con. mayor reposo ¿Ciérto. que en esa noche, cuando escucliá ¡para homenaje de la condesa de Pardo Ba- ¡bajjsos de cuando en cuando el rumor de zán Quiero dedicarle todo el entusiasmo Jas olas del Gran Canal, se nos aparecía a ¡de mi admiración, el respeto que merece su congregados ¡maestría, el honor que corresponde a ese todos los allíhembra augustala imagen de España. Y la de ingenio. máximo... Y así contribuiré, den- írsenos encontró la fórmula que acaba de definitiva ro dé mis escasos medios, a la glorificación, la emoción que todos. experimentábamos. de la preclara gallega. r- -Señor- -dijo eSla. al Pretendiente- no Cuando se verificó la peregrinación española con motivo del Jubileo sacerdotal del sé lo c, ue dará de sí la vida. Es probable que Gran Pontífice León XIII tuve la honra de los anhelos de tantos buenos españoles sean coincidir ea Roma con doña Emilia Pardo malogrados... Este mar glorioso que cir Ba ¿zán. Juntos salimos Je Madrid, juntos cunda vuestro palacio nos habla siempre permanecimos en la ciudad inmortal. Y en- de la aventura sublime. Nos congregáis a tonces escribimos, ella, sus hojas primoro- cuantos hemos venido a saludaros, a los sísimas; yo, mis humildes apuntamientos- d e fieles y a los impíos. (Y ¿1 pronunciar este periodista. Recibiónos en audiencia Su San- úitimo vocablo saludóme sonriente Emilia. Don Carlos interrumpió, -diciendo: tidad. León XIII, que lo sabía todo, que lo. -Aquí no hay impíos. Aquí no hay sino conocía todo, dedkó a doña Emilia altas españoles... Pocas semanas hace, que via l a b a n z a s níeroin unos ¡republicanas, de Valencia. -Yo. Más tarde fuimos la Pardo Bazán y yo los senté a mi mesa, corno sentaré a. cuanal pr- eteoso Rey JS? -SMSSñ S 1 SI cómo, vivg y figiao. España. La condesa cíe Pardo B zán radica en. sus melancolías e último hidalgo esjpañol... Y otras cosas dijo D. Carlos que no quiero reproducir. Yo no sé si Emilia Pardo Bazán. exi e rimentó alguna amargura en. ese viaje ÍJJ en esa visita a Loredán. Lo único que sé es que, poco más tarde, ella se separaba da su misión amorosa a las tradiciones. Y eso no ¿ué deslealtad ni cambio ea los ideales. Es que las cosas iban por modos diversos de antes. Es que la Monarquía restaurada se adueñaba de todas las voluntades amigas del orden. De esta suerte, la maestra de la literatura contemporánea, respondiendo a su espíritu de observación y de rectificación, se inclinó un. día ante el Rey D. Alfonso XIII, quien, sabiendo lo que esa reverencia significaba, otorgó a la genial maestra un título nobiliario, su amistad y su respeto. Y nada más por hoy... Suenan las campanas... Dispónese el entierro... Ella se va, ella se nos va para siempre. Pero a bien que aquí quedan, en la Biblioteca, sus obras, sus invenciones, sus trabajos... El duelo que nos produce el viaje para siempre va a sernos indemnizado por la; serena tíontemiplación del áureo montón de volúmenes. Ortega Munüla. Una gran pérdida nacional Brusca, inesperadamente, ha desaparecido de la existencia una de las más gloriosas figuras de las letras contemporáneas. Ha muerto la excelentísima señora doña Emilia Pardo Bazán, condesa de Pardo Bazán ¿y su nombre ilustre, incorporado desde hace años a lá Historia de la Literatura española, brilla y continuará brillando como; astro de primera magnitud, con luz propia como los nombres de nuestros grandes maestros de la novela y de la crítica. Doña Emilia Pardo Bazán, dama respes table y respetada, tuvo mascu Hnidad cerebral, fe ea su esfuerzo perseverante, asistido por talento privilegiado y por fecunda: imaginación creadora. Bravamente luchó como publicista gara abrirse paso, para darse a conocer. Necesitó combatir contra los arraigados prejui cios de los que consideraban que la mi sión de la mujer- -especialmente de la mtijer española- -debía circunscribirse al cuidado del hogar. y a las labores propias de su sexo Mantuvo recias polémicas con los doctos varones que ppr entonces ejercían el magisterio de la crítica, no desmayó ante las acometidas de que fue objeto, y, al fin, al multiplicarse por los años el pro ducto del trabajo diario, nadie osó regatear el triunfo pleno, definitivo, de la noble dama que se erguía sobre un pedestal formado por cien volúmenes de novelas, de cuentos, die estudios críticos, de narraciones de via- i je. díe dramas y estudios... De todo aquello que era palpitación y reflejo de vida. Trabajadora infatigable, fiábalo todo al trabajo asiduo; sabía que la base del talen to está en la perseverancia y que la conti- nuidad del talento es el genio. Así, todas las mañanas, durante muchos años, doña Emilia, Par. do Bazán- omo el inolvidable Galdó; s- -empleaba tres o cuatro horas en ibir iSÍn perjuicio ¿e reanudar la. Jabor; E.