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MADRID. DI A 27 DE ÑÓ BRE. DE 1920 t NUMERO SUELTO DIARIO ILUSTRADO AÑO DÉCIMO 1 SEXTO, -N. 0 5.582 IB VB tíí- ÍO CENTS. FUNDADO EN EL AÑO i o POR D. TORCUATO LUGA DE TENA gs Per la- importancia que para IJspaña reviste, en: el aspecto de sus relaciones con Ja América española, y por- el (Seseo de que lqs lectores do A E C estuviesen bien informados de los rasgos salientes del viaje, que realiza a Chile 3 a Misión que, en nombre de nuestra Patria, se asocia a la conmemoración del centenario del descubrimiento del Estrecho de Magalla- nes, rogamos a nuestro ilustre colaborador D. José Francos Rodríguez, jefe. de la Misión- civil. que iíésé para esíe. día- lio, cronista de. esa, infer esántfeima éjfclir í: i6 h. Amablemente accéaió al requerí- miento el Sr. Francos Rodríguez, y yá líemos publicado- la crónica, henchida de patriotismo, que nos envió desde Puerto Rico, sin esperar- -para que no perdiese actualidad- la, que hoy insertamos, primera de la serie, y que hasta ayer ito lia. llegado a nuestro poder. La labor que para A B C h comenzado el Sr. Francos- Rodríguez no. necesita elogios; parí u. alabanza, basta el nombre bien conquistado por. ccte insigne periodista. Llevamos quince días de navegación, salvando las horas que consumimos recoTrieitdo Tenerife, la capital señoril; la españoítsima; ciudad de la Laguna; el espléndido y deslumbrador valle de la Orotava, tendido. como una alfombra al pie de la altura soberbia del Teide. Llevamos quince días de quietud física y de continuas inquiétudes espirituales, todas las que sugiere la perenne contemplación del mar, siempre igual y siempre distinto; unas veces halagador y dócil; soberbio y ceñudo otras voces; a ratos infundiendo esperanzas, y en ciertos instantes repleto de amenazadores enigmas. A! cabo de dos, semanas saltamos a tierra, interrumpiendo iá ruta, con el fin de recoger. carbón: La poderosa máquina no sé sacia, y convierte en humo toneladas y toneladas de combustible, del que es necesario repostarse. Para quienes están quince días encerrados en un navio, al T láraj tierra les pai- ece un regalo re- cibido y disfrutado, como los colegia eí el- día cíe asueto. Nuestro propósito, es decir- el del comandante del barco, ínclito marino, tan experto para su cargo como amable para quienes viajamos bajo su guarda, era tocar eii San Thomas; pero desde San Thótnas ños dijeron que carecían de carbón, y para aprovisionarnos de él pusimos proa a Puerto Rico. la antigua posesión española. Impensadamente, de manera forzosa, forma parte de nuestro itinerario un bello pedazo de tierra que trae a nuestra memoria muchas glorias y muchas desdichas nacionales. Claro, está qué nuestra visita a la bella Borinquen es de riguroso incógn r to y por unas cuantas horas; pero, quién prescinde de recorrer parajes donde un oía brilló la soberanía española! ¡Quién, no co ntempla en cinematográfico desfile Jugares donde siempre palpitará, nuestra almp. j dónde aún suena rotundo el español! Ello explica el placer íntimo con que lie- Bi. os desembarcado como turistas, a los cuales emocionan un poco muchas de las cosas- (fue miran. LA MISIÓN ESPAÑOLA EN AMERICÁ; i empecemos a ejercer nuestros cargos en América; porque en ella nos preparan, puestos de acuerdo el cariño: y. el interés social, recepciones brillantes, y, sobre todo, materia- de estudios- que reportarán beneficio, a la cultura, al comercio, a la industria de España y de sus adorables y venturosas hijas. presentación de España va a saludar- primero 7 a la República de Chile, en Misión oficial; luego, de manera oficiosa, pero poniendo siempre el corazón én el proposito, a otros pueblos de la América española, tales como la gran República. Argentina, Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela, paises; todos donde asoma, por entre prosperidades, triunfos y progresos, el profundo amor que. guardan al. nuestro, contra el cual sólo suelen, maldecir. los, hijos descastados que a ratos ¿padece. ¿El infante de España D. Fernando de Baviera; los generales Altplaguirre, como académico de la Historia Arráiz, representante de las fuerzas de tierra; el gene- raí Barreta, marino ayudante del Rey; los comandantes César Fernández y Ordovás, que lo son del infante; el Sr. Valentín Gamázo, secretario de Su Alteza; el alto funcionario dé E s t a d o S r Pía, el tercer secre- tario, S n Silva, y el agregado señor du- que del Arco, forman la parte de Misión embarcada, y al frente de la cual ha puesto el protocolo a quien suscribe esíós ren- glones, que por suscribirlos; y por r ser justo se coloca, como, es debido, éii el último lugar. Además 4 é. los dichos miembros, figuran entre los comisionados, y e sumarán a nosotros en Chilejlel; marqués de Tz- ate, pariente del rico español Sr. ÍJefléndez, que ha costeado, él; monumento a, Ma- gallanes; el! vizconde de. Morera, y el presidente de la Cámara de Comercio de Cártagena. Para todos habrá tarea, ei cuanto en En los. quince d: as de navegación hemos procurado hacer examen de. conciencia y preparar el espíritu para las- observaciones que nos esperan y las tareas importantes que deseamos cumplir. Hasta la hora presente, y en buena sea dicha, gracias a Dios, la expedición fue dichosa. Un barco de guerra es una máqu na de combate, no un yate de recreo. Está construido, para la defensa de intereses y territorios nacionales, no para comodidad de expedicionarios, y los marinos militares, hombres de- sacrificio. y fe, cuando están a bordo hallan más ocasiones de poner a prueba su vocación qué el deseo que pudieran tener porros, regalos del vivir. Viviendo en el interior de un barco de guerra sé reciben lecciones prácticas, de patriotismo y disciplina; cuanto es particular queda sometido a la tarea colectiva. Es el navio como un mundo pequeño en el que no pueden imponerse ni los ánimos voluntariosos- ni los privilegios de quienes crean poseerlos. Todos Se adaptan, a la regla general, sin exclusivismos, para contribuir al fin común, que es el de llegar lo más pronto y lo mejor posible al punto de- destino. La Misión ha encontrado de su gusto el barco de guerra, prescindiendo dé egoísAprovecho la oo, j? imíu a para: ponerme mos, acaso naturales. porque le parece apercri; ntactó; ¿oh: iósilect res e. rA B C, a; cjbirse mejor- dentro: de él. para el desem. quienes prenso Veíerif lb s principales; stice- peño del cargó que se le confía. El- barco sos de este viaje, por varios motivos tras- es tan pedazo de nuestra tierra; le acompaña endentól. En el acorazado España, una reel pabellón de la Patria enseña resumidora dé nuestros deberes y de nuestros; fervores le. ampara la fuerza, puesta al servicio del Derecho; le conducen sobre la- superficie: del mar la pericia del. hombre y las má ¡uinas poí el. ideadas, símbolo de la riquez; nacional que representa. Vamos bien en el baíco de guerra, y aun que unos días el calor nos. abruma y. otros días deficiencias irremediables nos recuerdan, de modo- pasajero, felices pormérioreB de la vida; nórniál, al cabo se impone e mayor gu- sio, qué. es el. de hallarse junto aestos marinos, todo amabilidad y gentileza; al lado del infante, personaje de los más amables y sugestivos entre cuántos conocí; tratando a hombres maduros y jóvenes, qué unas veces por su. ciencia, otrapor sus servicios, aquél por el ingenió, es- totro por su atraeqi- ón- simpática, todos atenúan el duelo que produce en el ánimo er a cada minuto más distantes los rincone 5. guardadores de nuestra actividad sentí- mentaL Y luego, que como no hay nada que. hacer. no hay tiempo para, nadar. Estudiamos por; la ¿mañana y por la; noche éscribi: mos antes de dormir para cdnfiar á las cúartir Has- el resumen de la jornada. Ja banda miiitár de los marinos, por lá tardes; Revoca todo el repertorio dé- lóámáestrds españoles -á las ochó de la nochéy ios soldados entohari, la plegaria a la Virgen, qué nóü inyita a pensar eri- laa cosas divinas; oímos misa) ps domípgqs. sobre cubierta, y suena la Marcha. Real, en las; soledades del mai: COmo; un himno dé. a Natüralé- za entera a! poderío supremo de Dios. í De- vez en cuando asistimos a inter. esantes conferencias. Nos habia el infante: don Fernando de ja organización militar, en diversos países dé Europa; el general Barrera describe navegaciones emocionantes o pasos porteril osos, -como el que haremos (Deo volante) del Canal de Panamá; él general Altolaguirré desmenuza de manera magistral, distintos sucesos históricos re- iacionados con el descubrimiento, y coiiqúis ta de América; el general Arráiz refiere con, pericia extraordinaria, trances belicosos, y los demás discutimos y comentamos cuanto se expuso. El examen de estadísticas, mapas y cartas marinas; la contemplación de las operaciones realizadas: por la tripulación; las maniobras dirigidas, desde el puente: las. que se verifican en Jas- to- rres. todo ello hace, que el día se consuma con rapidez increíble. Luego, cuando llega la noche, el libro es. el más eficaz camarada; él. libro y el papel se apoderan del ánimo para defenderle contra la melancolía, y si ello no basta, conviene subir a. cubierta, mirar al cielo, ver bien lo que nos dicen las estrellas cuando parpadean y darles 3 a respuesta a las olas para qué ellas lleven nuestro sentir al lugar donde le es: peran. La vida en un barco de guerra es muy útil a los hombres civiles, sobre. todo s, los políticos que examinan en las Cortes los presupuestos del ministerio de Marina. Además, dentro de uno de estos castillos notantes se reconcentra el propio espíritu para desechar de él errores que man nvo terco y adquirir ideas a veces ni siquiera sospechadas. -Sigamos efl el España, ñuestr- expedición, que ha de ser larga y fatigosa; qué requerirá grandes esfuerzos, recompensa-