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INFORMACIONES DE TRIBUNALES El tesoro del De? fin. Ultima sesión. El veredicto. El trágico suceso del paseó de Rosales. Conclusiones provisionales. El escrito de! -fiscal. La acusación privada. La defensa EL TESORO DEL DELFÍN. ÚLTIapelaciones, recursos e incidencias numeMA SESIÓN. TODOS A LA CALLE rosas; cambios de letrados, y de Salas, porque este asunto correspondía a la Sección Habíase dicho en la Audiencia la tarde tercera, y por muerte del Sr. Gamazo padel viernes que la sesión de ayer dedicaríasaron los. negocios de uno a otro Tribunal; se exclusivamente a las defensas, con el protestas, dilaciones y dudas, que aún subfin de que el Sr. Gotarredona hiciera el sisten a la hora presente, porque ni se telunes el discurso resumen y pudieran los nía la. seguridad de, su celebración hace una Jurados dictar su veredicto sin apremios semana, ni se había resuelto que el juicio de tiempo, y sobre todo sin la fatiga que se verificase a puerta cerrada. impone una sesión que dura varias horas; ¿Qué ocurrirá? pero no fue así. celebración, el punLa presidencia concedió la palabra al se- to Respecto a. lapues creemos parece, alguien ya resuelto, que si ñor Haro, defensor de Rafael Coba, y a había continuación hablaron el Sr. Barea, patro- acto, propicio a pedir la suspensión del este no de Darío Fernández, cuya inocencia hizo to en ha comprendido que podíaaplazamienasunto tan ruidoso perjudicar resaltar el distinguido abogado en un no- más que beneficiar, el resultado del. procetable, y brillante informe; el Sr. Alvarez y existe de que se celebraArranz, representante del platero Agruña, so, el juicio, la, impresión se- le ocurre faltar rá si es que na a quien defendió con verdadera maestría; a: alguno de los señores jurados, porque Boixader, encargado de la defensa de Váentonces habría que hacer nuevo señalarela, qué hizo con gran habilidad, y Serra- miento, sin que en ello tuvieran intervenno Batanero, quien patrocinaba a Velloso y- a Isidra Rodríguez, y cuya culpabili- ción, ni r. esponsabilidad mofal las. partes. Por lo que. se. refiérela la publicidad de dad sostuvo con elocuencia. los debates, 1 a. ley, no, deja lugar a dudas, Tpdos estos letrados negaron la participues establece él artículo 68o de la de Enpación de sus respectivos patrocinados en juiciamiento criminal que aquéllos serán el hecho de autos, si bien el Sr. Haro sostuvo que a Coba le alcanzaba una respon- públicos; pero, no obstante, podrá el presidente mandar que las sesiones se celebren sabilidad la de encubridor de un robo que a puerta cerrada cuando así lo exijan raha realizado Pedro Lara, sujeto del que se ha venido hablando en el juicio con fre- zones de moralidad o de orden público -o cuencia, pero al que nadie ha visto; ni co- el respeto debido a la persona ofendida por el delito o. a su familia. noce. Terminados los informes, el Sr. Gota- Depende, pues, lo que en este asunto ha tredona creyó preferible que el juicio aca- de hacerse del exclusivo criterio de la Sala, porque la defensa, no interviene, y la acubase también anoche mismo, y, en efecto, sación, privada, según nuestras noticias, no hizo el resumen de los debates con ecuanise opone, como el fiscal, a que la vista sea midad y acierto insuperables, y el Jurado pública. se retiró a deliberar. El juicio está señalado para los días 22, EL VEREDICTO 24, ante! a Sección cuarta, que for A las nueve y media de la noche se re- 23 y los Sres. Robles, Pérez Martín y Garman anudó la sesión, para dar lectura del vere- cía Sierra. dicto, que, fue de inculpabilidad para todos Informarán tres médicos, dos de ellos los procesados, con la excepción de Rafael forenses; dos peritos calígrafos y dos arCoba, a quien se declara encubridor. propuestos por Las acusaciones solicitaron revisión de meros, también citados el fiscal. 26 testigos. Hay por éste Ja causa; pero el Tribunal no la concedió. Sostiene la acusación, a nombre de don Abrióse, pues, el juicio de Derecho, y Mariano Ortega Morejón, padre en él solicitó el fiscal, y a esta petición se tima, el letrado D. Rafael Reyes. de la vícadhirió el abogado del- Estado, qué se imEl Sr. Valero Martín al sepusiera a Rafael Coba seis meses de arres- ñor Alvarez Quevedo, y larepresentadel prodefensa to y dos por la parte legal que le corres- cesado, D. Pedro Velasco, se halla- a carga, ponde por la indemnización. El Tribunal hízolo así. e impuso al pro- de D. Javier Jiménezalde la Puente, que ha ilustre cesado la pena que solicitaban las acusa- venido a substituir que es quien criminalista D. Gerardo Doyal, se encargó ciones- pero como ya la tenía cumplida, en primer término de la representación del porque lleva dos años en prisión prevenacusado. tiva, fue puesto en libertad, como los resLa acusación privada propone 17 testitantes encartados en este proceso. gos y dos peritos. EL SUCESO BEL PASEO J 5 S 5 5 La representación del Sr. Alvarez Quevedo no propone ninguna prueba, La defensa, un solo testigo. CONCLUSIONES P R O V 1 SIOHALES EL ESCRITO DEL FISCAL Dos años y cinco meses han transcurriEs breve y sencillo. do desde la fecha del trágico suceso del Dice que el procesado, Pedro Velasco paseo de Rosales. En tan largo lapso de tiempo, el procesa- Moreno, apremiado por los negocios, se So, D. Pedro Velasco, cuya prisión no se ausentó de Madrid para la Argentina en acordó a raíz- de la muerte de su esposa, los primeros días, del mes de Diciembre doña María Lourdes Ortega Morejón, fue de 1917, y ya en Buenos Aires, noticioso encarcelado ü puesto en libertad; y hubo de que su esposa. doña. María de. Lourdes Ortega Morejón, desde el mismo día de stí partida vivía maritalmente, en la. propia -casa- -conyugal; -con D. José Alvarez Que vedo, regresó sin avisar a persona alguna a España, a bordo del vapor Catalina, enrolándose con nombre distinto en 1) re S gistros del buque, y, una vez en Madrid, persuadido de su afrenta y, deshonor, eji la mañana de autos penetró en su casa y, sorprendiendo a su mujer con D. José Alvarez Quevedo, sacó una pistola, de la qué iba provisto, disparó varias veces sobre ambos, con propósito resuelto de matarlos, y causó a su mujer dos heridas, una mortal de necesidad, y a D. José Alvarez Quevedo otras tres lesiones. El fiscal, por estos hechos, pide para Pedro Velasco la pena de dos años, cuatro meses y un día de destierro a distancia de 125; kilómetros, y pago de costas y de responsabilidad civil, según la cual el proce- sado debe satisfacer a los herederos de doña María la cantidad de 15.000 pesetas, y a D. José Alvarez Quevedo la cantidad de 300. LA ACUSACIÓN PRIVADA El letrado D. Rafael Reyes, catedrático de Huelva, que viene precedido de gran, renombre, ha hecho un escrito muy minucioso y razonado para sostener- la culpabilidad de D. Pedro Velasco. Pinta con trazos vigorosos la figura de éste, relatando sus faltas, y haciendo destacar la conducta censurable que observa el procesado desde los primeros meses de su matrimonio. Asegura que Velasco vivió exclusivamente de los bienes de s. u esposa, y quei él presentó a ésta al que después llegó a intimar con ella. Llevando una vida de libertinaje vivían los tres felices, dando al traste con el capital y las rentas de doña María, haciendo hipotecas sobre inmuebles y empeños de alhajas y muebles, unas veces a nombre de doña María, otras del matrimonio, algunas de D. Pedro Velasco y bastantes de D. José Alvarez Quevedo. Cuando comenzaron a faltarles los re cursos se decidió, qué el esposo, PedroVelasco, saliese para Buenos Aires, COIÍ; un poder amplio de doña María, para sal- dar los bienes que poseían en aquella Re- pública, otorgando a su vez el procesador otro poder a doña María de licencia ma- f trimonial. En Octubre de 1917 regresó de la Ar- geritina, y fue recibido en Cádiz por suesposa, por su hijo Pedro y por el médico D. José Alvarez. ¡No satisfizo a la esposa la gestión admi- f: nistrativa que Velasco realizó en Améri- i ca, porque después de haber hipotecado: terrenos por valor de 60.000 pesos y co- brado las rentas, solamente le- envió 75.o co pesetas. A este hecho, disfrazado por los celos, obedeció el disgusto que había ya de se- pararlos para siempre. En los disgustosa llegó Pedro a amenazarla con incapad- tarla. ¡Los esposos empezaron a hacer vida se- t parada, y en alguna ocasión Pedro! a ame nazó de muerte, y como siguieran los di. s- gustos, Velasco decidió marcharse a Amé- rica. Para que este viaje se realizase tiaCÍa falta dinero, y se obtuvieron 14.000 pesetas del empeño de unas alhajas de la esposa. El mismo día de su salida para Cádiz revocó Pedro Velasco el poder de licen- cia marital, reservándose el derecho de no- tificarle esta revocación para cuando 2 creyera conveniente. Entre los esposos se cambiaron diferentes cartas recriminándose, y en una de Pedro Velasco a su esposa, del 26 de Febrero de 1918, escrita en Buenos Aires, fe