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MADRID D 3 A 15 DE 1 U L 1 O DE 1920. NUMERO SUELTO 10 CENTS. Ig f DIARIO ILUSTRADO. AÑO DECIMOS E X T O N. 5.466 tíí 10 CENTS. FUNDADO EN EL AÑO 1 0 POR D. TORCUATO LUCA DE TENA 95 MADRID. LA MUERTE DE MARIANO DE CAVIA EL CADÁVER DEL EXIMIO LITERATO EXPUESTO EN LA REDACCIÓN DE EL SOL (FOTO DUQUE) EL CABALLERO DE LA A N D A N T E E S P A Ñ O L E R 1 A Era ayer. En una oerveceiía de la Carrera de San Jerónimo acostumbi aban a ¡eunirse seis u ocho muchachos recién Helados de distintas regiones de España, amadores del Arte, pletóncos de esas ambiciones propias de los que, con la confianza en sí mismos, se consideran capaces de intentar la conquista de excelsos ideales. El núcleo del grupo lo constituían un periodista- poeta y un poeta- periodista- -cordobeses ambos- -y cuatro asturianos. une. con aspiraciones de ejercer la crítica; otro, con afanes de darse a conocer como novelista; otro, con vocación resuelta hacia el periodismo satírico, y el últ mo, sin haber reveiado aún sus aficiories y sus deseos. De oyente, a cierta distancia, asistía a laf teitulia un muchacho moreno, corto de geiiio y largo de melenas, que prestaba gustosa atención a los apasionados debates de sus vecinos de mesa, pero absteniéndose discretamente de intervenir en la charlaUna tarde, el poeta- periodista andaluz- -d; ctor de la revista La Diana- -leyó unas esnoías des umbi antes, joyas de un alma de Y el oyente silencioso, desechando su habitual reserva y sobreponiéndose a su timidez, corrió a felicitar al autor, al poeta Manuel Rema, y desde aquel punto y hora quedó incorporado a la tertuliaInmediatamente, el muchacho melenudo sorprendió y admiró a sus nuevos amigos por lo intenso 5 extenso de su cu tura, muy superior a sus años; por sus fe 1 ices aciertos de a uda observación y, ante todo y sobre todo, por su amoi acendrado a España Poco a poco fue íeveiando los quilates de su erudición- -adquirida en un colegio de jesuítas- las facetas múltiples de su luminoso cerebro y las sales de su ingenio, hermano de los que en nuestro siglo de oro, alternaron el cultivo de la literatura a lo divino con los donaires de la novela apicarada. Y el tímido erudito, el novel es, cr tor baturro, no recato a sus contertulios que de todos los géneros en que podía ejercitar su p! uma, el único que no le agradaba era el taurómaco, y no por odio hacia la llamada fiesta nacional, sino por aversión y repugnancia hacia ciertos contactos casi inevitables. Cuando se disolvió aquella reunión de juventudes- -bautizada con el título de Bths Club- el poeta- peiiodista, Manuel Reina, sra el jr mer orIVbre de la rima española; el penodista- poeta, D. José Sánchez Guerra, se destacaba en la política, que había de llevarle hasta la presidencia del Congreso de los diputados; el aspirante a crítico, D. Armando Palacio Valdés, tenía ya personalidad envidiable como novelista; el aprendiz de novelador ejercía brillantemente la crítica, haciendo temible y respetado el seudomsmo de Clarín; el periodista satírico, Tomás Tuero, lograba prestigio con sus derroches de gracejo insuperable; el asturiano que no se había especializado, Adolfo Posada, iba derechamente hacia la cátedra y estudiaba con ahinco asuntos sociales, en los cuales no taidó en descollar. x en fin, Y, el antiguo alumno de los jesuítas, el enemigo de la literatura tauromáquica, Mariano de Cavia, se hallaba convertido en maestro de revisteros laurinos, entusiasmando al púbi; x con las clónicas firmadas por Sobaqu- lio. Y era a er. Desde ese ajer ue se remonta a cuai enta años, Mariano de Cavia vivió siendo algo ralísimo en la sociedad contemporánea. 111 periodista español que no es ni quiere ser más que perodista, que rehusa mercedes oficiales, que rechaza granjerias políticas, que no se deja seducir por el señuelo de un act- i de diputado, que desdeña el medio, eme no asiste a fiestas ni