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t V I V MADRID. EN LA IGLESIA DE LA ENCARNACIÓN BODA DE LA SEÑORITA MAVITA GARCÍA PRIETO, HIJA DE LOS MARO UESES DÉ ALHUCEHAS, CON D. CARLOS ALBERT Y DESPUJOLS. (FOTO ZEGRI) cesión me he valido de la Planta de Vi que le habían sentado en una butaca mienProzersión del Corpus, hallándose S. M. tras le hacían la cama. en Madrid que se encuentra en las páginas Martín, también sufría menos. Se pasea 82 al 84, acompañada de explicaciones y ba por el parque afinde distraer su imagi- anotaciones, en el curioso manuscrito de nación del inquietante recuerdo de su pa 146 hojas en que están reunidas Jas Eti- dre. Hilarión le había visto en Brive, y asequetas y funciones de Palacio en los si- guraba haberlo encontrado con un aspecto glos xvi y mediados del xvn. muy raro Cuando recibí la comunicación del señor- -i Ah! -pensaba el joven- Si pudiera Obispo de Madrid- Alcalá, en nombre del ir a buscarle; tal vez consentiría en volver Comité ejecutivo de la Asambla Nacional a Luzarche... En el otro íado le harán bedel Apostolado de la Oración, haciéndome ber... Es día de mercado... Concluirán por el honroso encargo, de organizar y dirigir volverlo loco. esta hermosísima página de Arte, no pude El marqués no quiso hablar ante su huésimaginarme las facilidades y el entusiasmo que todos han puesto en cooperar para que ped del grave estado de su madrastra; pero esta exacta reproducción de lasfiestasEu- tuvo qué violentarse para hablar dé cosas cárísticas en Madrid, en 1570, tuvieran este indiferentes, cuando toda su preocupación estaba concentrada en el piso alto. gran éxito, v debido en primer término a A las siete en punto, cuando tocaban al tantas ilustres personalidades, a las que me complazco en hacer constar mi agradeci- Ángelus las campanas del pueblo, llegó a miento más sincero, sintiendo no tener es- los jóvenes- un rumor de lucha hacia el patio y vores que gritaban: pacio para citarlas una a, una. ¡No entrará us! x. l JUAN COMBA. ¡Es preciso! Profesor de Indumentaria Sel Real Conser; Será inútil! vatorio de Música y Declamación. ¡Pues quiero, y no me lo Lüpedüá. usted! FOLLETÍN DE A B C; Roberto se precipitó fuera del salón, encontrándose con un hombre que se peleaba con Hilarión y el ayuda de cámara. EL SECRETO El desconocido volvió la cabeza, mosDE LA MARO U ESA trando su rostro pálido y su desordenado traj e. NÚMERO 12 S CONTINUACIÓN -j Esto es demasiado! ¿El adversario de La marquesa no le conocó; sólo dijo- Gerfaut aquí... ¡Estoy maldita! ¿Leonardo Vertichoux? Eran las seis de la tarde cuando Roberto- ¡El mismo! Aunque el patio está ya acompañó hasta el pórtico al venerable pas- un poco obscuro, lo reconozco perfecta- tor de Luzarche. volviendo inmediatamente mente. Quiere entrar y nuestros criados le al cuarto de Gerfant. cierran el paso. Este continuaba mucho mejor. Había Ahora era la aguda voz del candidato sodormidlo, y se sentía tan despejado y ágil, cialista, que clamaba: -íQuiero ver a Gerfaut... quiero verlo! -i Oh! déjelo entrar- -suplicó Gerfaut. -No sé si debo... ese hombre está muy exaltado... ¡Quién sabe lo que será capaz de hacer... -Déjelo entrar, se lo ruego; hay en su voz algo que me conmueve. Roberto cedió; su amigo siempre llevaba la razón y no podía resistir a aquel deseo expresado con tanta firmeza. -Hilarión- -ordenó Roberto desde lo alto de la escalinata- suelta al Sr. Verticboux. Dejádmelo. Ante tan inesperada intervención la sorpresa de los criados fue tal, que abrieron las manos, quedando libre el prisionero. Él desdichado, con la corbata suelta, arrancado uno de los botones de la americana, su traje lleno, de polvo, rodo demostraba haber hecho a pie una largal; uimuiat: pero el detalle más notable era el ramo de rosas blancas que llevaba en la mano. ¿Dónde lo han puesto? ¡Quisiera verlo Su voz era de angustia; su respiración, cortada; -Vertichoux debía estar rendido. -Venga usted; sígame- -le dijo Roberto. Un poco temeroso de lo que pudiera ocurrir, precedió por las galerías al extraño visitante y abrió la puerta de la habitac ón. El antiguo pasante se detuvo; con la vista recorrió la vasta cámara, casi a obscuras: como la butaca de Gerfaut estaba en un ángulo de ella, no lo vio al pronto. No veo los cirios! -balbució. -i Qué cirios? -Pues... los que se le ponen a los muertos. ¡Me han dicho que Gerfaut no existe... -Si le han dicho eso, lo han engañado; vive, y la prueba es que está aquí; véalo usted. JEANNE DE COULOMB. (Continuará?