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C, JUEVES ig P E FEBRERO P E I 9 I 9 TrnTcroisr BT 5 I7 A MAÑANA. PAG. Jadosfin. la ganancia que suponía la eleva- Hilvona tomó grave aspecto, y ño pudiefción desmesurada de, géneros o de alquile- ron solucionarlo ni las Juntáis de médicos, res; aumento que el doctor entregaría a los nj los liberales gobernantes a la vaselina establecimientos de Beneficencia y familias per- fumada. ¡pobres. Pero lo- resolvió una clase social altaHabía tía caso dudoso; cuando el casero mente patriótica: los empleados en Teléjíuese médico. Se solucionó pasando copia grafos y Correos. Estos simpáticos servide las notas recibidas a la Casa del Pueblo, dores del Estado soresiano se dijeron: a fin de que todo obrero se negase a traba- -Ya que los hilvoneses se consideran jar en la casa del médico casero, si no se extranjeros, démosles gusto; declarémoslos íe pagaba tm jornal de 200 pesetas o más, extranjeros: todo telegrama, carta o pa ¡según la elevación de precios hechos en los quete a ellos dirigido debemos detenerlo, alquileres. puesto q ¡ue no lleva los sellos suficientes i La primera nota recibida decía asíí para ser- cursados al extranjero. El que suscribe declara que en la tienDicho y hecho: durante mucho tiempo 8 a de Luparcio Uñate, plaza de Lusting, cuantas cartas, paquetes y telegramas dirinúmero 15. me han cobrado dos pesetas y gidos a Hilvona llegaban a las Centrales quince céntimos por un queso de peñas arri de Correos y Telégrafos iban a la chiha, habiéndome, costado, el mismo queso, tina peseta y ochenta céntimos la semana menea. ferroviarios parecióles muy patrióA los ¡anterior. Protesté del aumento, y el comerciante argüyó que era motivado por la ele- tico el procedimiento, y lo imitaron, negánvación de las tarifas ferroviarias; mas y o, dose a cargar en los vagones las mercan ¡que conozco la cuantía de esa elevación, lie cías consignadas a Hilvona, así como a deducido Cftíe, por ella; le corresponde a ese descargar las que de Hilvona procedían. De este modo, los hilvoneses vieron paqueso un aumento de dos céntimos solamente, y no de 35. Quiere decir que, por la ralizados c entorpecidos muchos de sus neelevación de las citadas tarifas, el comer- gocios; y como el negocio era sagrado en ciante se lucra en 33 céntimos en cada que- aquella región separatista, los hilroneses sito de peñas arriba, sobre lo que ya inde- amainaron en Siis pretensiones, y los buenos patriotas soresianos bendijeron al Cuerbidamente se lucraba. Lo que tengo el honor de comunicar a po de Telégrafos, y al de Correds, y a los ésa benemérita Junta de médicos, a los ferroviarios, que, por lo visto, Unos y otros fines acordados. -Antonio Gómez Salvatie- son los llamados a resolver esta clase de conflictos en las naciones como Soresia, rra. donde los gobernantes, en el año 1859. goCopia de otra nota recibida. Anacleta Villa Pérez pone en conoci- bernaban a base de vaselina perfumada. 1 miento de la Junta de médicos que a los MELITON GONZÁLEZ. diez y seis años de habitar en el segundo piso derecha de la calle de Pommiers número 77, el casero, D. Cipriano de. la BriNOTAS RÁPIDAS. ba, me aumentó 80 pesetas el alquiler mensual; á los seis meses volvió a subirme el M A D R I D A L D Í A alquiler otras 80 pesetas, y ahora, pasados ¡Por qué, por qué temblar! cantó Maotros seis meses, me anuncia igual aumento, sin. haberme hecho en. el. piso ni siquiera drid, como el barítono en la popular zar 1 remiendo de un. ladrillo desde que lo zuela de Chapí, después de pasada la ternpestad; y, dicho y hecho, se lanzó a la calle, ¡habito, Tome nota de esto esa benemérita Jun- sacudiéndose el agua de la lltívia y sintiénta, y proceda contra ehmencionado Cipria- dose caracol, que busca el sol y lo encuentra. lio de ik Briba cuando llegue el caso. Se encontró además con los escolares de Amenazados y castigados con la pena de ojo por ojo, diente- por diente, tenderos algunos Centros que, como acto de solidaalmacenistas, acaparadores y caseros tuvie- ridad con sus cofrades de Qrañada, deciron que venirse a buenas y comportarse dieron, ¡voto al chápiro! no entrar ea clacomo personas domesticadas, y el pueblo se, sin tener presente que se puede dar lecbendijo a las Juntas de médicos, que, por ción y protestar de todo lo protestable, Hia- lo en Soresia demostrado, -son los llamados nífestarse contra el diputado por aquella resolver esta clase de conflictos sociales. ciudad andaluza v pedir al Gobierno algo de lo que ya había hecho y boycotear al 1 Otra manifestación de egoísmo fulmi- Sr. La Chica, j Cosa más rara que la gente nante se presentó en Soresia al firmarse moza y alegre de lo suyo no quiera nada ía paz entre Vermutóbia y Tupínambia. con La Chica! La manifestación füé ruiTiempo hacía que Hilvona- -región que dosa en algunos momentos, y fue llevada siempre vivió y medró a expensas de laS a las puertas del Palace Hotel y del Palace demás regiones soresianas- -ondeaba Ama Congreso cuando en el salón de sesiones bandera regional; dábanse vivas a Hilvo- de esta última casa se discutía largo y tenna libre, mueras a Soresia y a su Ejército; -se cardaba un himno mal intencionado; se dido sobre las cosas caciquiles granadinas. ¡Si llego a ser Bo bdil llevaban bánderitas, de Hilvona en él ojal y se insultaba a $o resia por distintos procuando se armó aquella zambra, cedimientos, no reprimidos por el Gobierno no me sacan de la Alhambra de Soresia, porque este Gobierno, que conni con la Guardia civil! tinuaba siendo liberal, muy liberal, no po- dijo el poeta- anónimo; pero indudabledía reprimirlos sin fallar a su progransa mente no contaba cotí los sucesos que más político, y se limitaba a aconsejar, a los tarde habían de ocurrir al píe del maravibuenos patriotas, temperamentos de vase- lloso palacio. lina perfumada: La zambra de por acá fue, además de Validos de esta impunidad, los Maceo y los Máximo Gómez directores del movi- diurna, nocturna, poraue ios estudiantes ormiento separatista, laboraban tranquilamen- ganizaron otra manifestación procesional, te, y íias. ta consiguieron puesto en él Par- con cirios encendidos y qori- qori a, todo lamento, donde presentaron su pretendido trapo Y fue lo peor que las noticias de Granada eran peores en las prifoeras hoproyecto de lesa patria. La mansedumbre del Gobierno envalen- ras de la noche. tonó a los hilvonenses de tal modo, que ya Cedió el temporal; pero la nieve de la llamaban extranjeros a los del resto de So- sierra impidió el restablecimiento de las resia, y el pleito de la independencia de comunicaciones con el Norte, regresando a Madrid los frenes que habían lalKB 15 días anteriores. En el pueblo de Guadañé ma se hundió un templo recientemente! construido, resultando de la catástrofe t r e personas heridas. Por si se había hablado poco en el Coa- greso del caciquismo en Granada, el m! s- mo asunto sirvió de tema a una conferetíí cia en el Ateneo. Del misterio del Federal, fiada nuevo en concreto; pero la mar de suposiciones incluso la de un nuevo huerto del Francés, para mayor interés del folletín. Estreno en el teatro del Centro; concier- t to del guitarrista Segoyia en el ítitz; no- i che serena, pero amenizada- coa granadla ñas, tan tristes en esta- ocasión, ¡ellas que son lps alegres. í rA MECE FOLLETÍN NÚMERO 45. CONTINUACIÓN LA MANO INVISIBLE SEGUNDA PARTE EERNADETTE: Sólo en la berlina que lé Jlevabá g lf hotel, Hugo había bajado uno de los cris 4 tales para respirar a sus anchas el aire enV balsamado de las primeras ¡horas matis nales... Las gentes que se cruzaban- con él, obré ros que iban a su trabajo o trasnochadores que regresaban a sus casas estaban dema 4 siado acostumbrados a las locuras del Car- í naval nizardo para sorprenderse exageran damente al ver el lindo rostro de cloien, coi roñado por un gigantesco tupé rojo qu j el vizconde asomaba por la portezuela. De la cena de cabezas, de la que salíáj sacaba Hago una especie de aturdimientos en el que se confundían el ruido de las co pas de Champagne, al entrechocarse; ISÉ, carcajadas y las frases sin sentido; el albar pálida que se iniciaba entre bruma s- añadís! a este vago malestar el frío de las noches pasadas en claro. El coche se detuvo ante la verja de trfE hotel de Cimier; el joven se apeó y entró! en el jardín, eni el que se dibujaban ya dis- tintamente la silueta de las altas palmera- á y las hojas agudas de los cactos. El aire estaba jmpregnado del olor de Iaá rosas, de ese olor que en Niza le persiguea uno por todas partes y evoca. involunta (riamente en las almas melancólicas el te- cuerdo de los fragantes cementerios de la! costa, en donde duermen tantos cuerpos ju- i veniles, cuya alma ha ido a reunirse coit Dios. Las anchas calles enarenadas estaban or- t dinariamente desiertas a aquella hora maV tinal... Aquel día, sin embargo, el vizconde de Persignan vio dos mujeres que se acers caban en dilección inversa a la eme él seguía. Con un movimiento rápido se echo a locara, odiosamente pintarrajeada el capu- i chón de su recio capote; no quería que les reconociesen con su ridículo, disfraz. Las desconocidas se cruzaron con él. Eran, indudablemente, ama y criada. La que iba delante llevaba un libro ¿é oraciones en lá mano. Estaba completamen- te vestida de blanco y, bajo el tvelillo, sa adivinaban sus facciones de na p ureza per- fecta; su talle era esbelto y elegante. JUANA DE COULOMB. (SE CONTINUARA! TTMÜIMililMiílin HUÍ nilirilirni iir rfninr! iJii iriiinrairinmnrrirTMrTitmrrTM, n