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innella sesión gritos, amenazas, protestas Insolentísimas contra Pi y Margall. Este, se- 1 freno, en pie, sin que se advirtiera el más ieve movimiento en su rostro, parecía no ¡enterarse de la tempestad promovida por Bus frases. En los intervalos de calma, las jiepetía, y nuevos acentos iracundos encontraban impasible al orador. Justo es decir que sólo. en aquella ocasión prodújose Pi y Margall con acritudes injustas. Ordinariamente los radicalismos de Pi no estaban en lo externo, sino en lo interno; en el- pensamiento, en la doctrina aderezada con prosa digna de figurar en las antologías por lo bella y sencilla. El revuelo político- del pesíodo que evoco no fue de tmos días y levé, sino intenso y muy prolongado. Aún se temía que de nuevo se aliaran en armas los enemigos del régimen, y é temía con razón, como luego se verá. iAún se hablaba de los espadones, y- eran luchos los que en Comités, tertulias y Caemos tenían fe en que Ruiz Zorrilla les regalase la República mediante una insurrección vencedora. Así produjeron grandes afanes las amenazas del general Salamanca, popularísimo desde los sucesos de las Carolinas. El general, dolido de algunas desconsideraciones cometidas con él, llegó a decir que era insufrible la acción política caciquista, capaz de substituir a la voluntad del pueblo. Palabras que han estado en los labios de todos los hombres públicos cuando los hombres públicos no estaban en el Poder. Por la transcripción, J. FRANCOS RODRÍGUEZ. ACCIOK PATRIÓTICA TENGÁMOSSE N TID O POLÍTICO Lo que determina el nivel político de un país es el sentido de colectividad. Cuanto más piense un pueblo en los intereses generales, más aptitud tendrá para gobernarse a sí mismo. Si comprendemos que los intereses comunes a todos son la, verdadera fuente de prosperidad de una nación, comprenderemos también que el país que tenga más sentido político es el que tiene más garantías de triunfo en la vida. Desgraciado del pueblo en que cada cual no piensa más que en sí mismo. Está condenado a sufrir eternamente la influencia extranjera. Tener sentido político y ejercer acción política no significa perder el tiempo eñ tonterías y pequeneces de campanario, o pasarse la vida rindiendo culto al fulanismo. La actividad política consciente se demuestra llevando en todo instante a la práctica el ferviente deseo de intervenir en la gobernación del Estado, en la medida de las propias fuerzas. Estudiar atentamente la labor de los ministros y. de los Cuerpos colegisladores; analizar la acción de los propagandistas políticos; prepararse para ejercer el derecho de sufragio como si se tratara de resolver un. verdadero caso de conciencia; vigilar escrupulosamente la labor del Municipio; pensar finalmente, que el bienestar y la prosperidad de cada ciudadano está siempre sujeta a la general de la nación: eso es poseer sentido político. Y, además de esta labor de reflexión, el sentido político exige otra labor de acción, iue debemos cumplir exteriorizando en to- Lea aiaSasia das ocasiones nuestro pensamiento por todos los medios posibles. En estas cuestiones, el pecado no está en el error, sino en la apatía o la indiferencia. ¿Tiene sentido político el pueblo español? Lo tendrá pronto, pero aún no lo tiene. Vive en un ambiente muy poco propicio para su desarrollo. ¿Qué otra cosa puede esperarse de oír hablar continuamente de filtraciones, irregularidades, sobornos, cohechos, venta de votos, encasillados, caciquismo, fondo de reptiles, manos puercas y otras cosas por el estilo? Entre todos hemos de purificar esta atmósfera malsana. En los asuntos de carácter público, cada cual debería sentir en su propio rostro el latigazo que azota el de los demás, creerse con tanta culpa como el más culpable. Así intervendría con toda su alma en la obra de regeneración común. Cuando oigamos decir que una mala persona, valiéndose del cargo que ocupa, há hecho pagar a un infeliz i.ooo pesetas para proporcionarle el empleo de guardia municipal u otra cosa parecida, debemos sonrojarnos como, si fuéramos nosotros mismos los autores de. tal bajeza. ¿Piensa algo de esto el pueblo cuando deposita el voto en la urna? Uno de los defectos más humanos es creer que todas las censuras con que los moralistas fustigan los vicios e imperfecciones sociales se dirigen siempre al vecino; nunca a nosotros mismos. Nosotros somos un dechado de perfección. Esto nos pasa en el teatro, cuando los actores recitan algún concepto de sana moral Esto nos pasa en la cátedra, en la conferencia, en el templo o: en donde sea. Creemos que todo se lo d cen al que está sentado a nuestro lado, no a nosotros. Nuestra gran vanidad obra corrió un escudo de hierro en el que se estrellan los dardos de la justicia. Pero ej caso e EL VERANEO DE LA FAMTLTA REAL tK MAJESTAD LA REINA DOÑA VICTORIA (x) EMBARCADA EN UNA LANCHA GASOLINERA, DIRIGIÉNDOSE AL BALANDRA PARA TOMAR PART 8 EN UNAS REGATAS. (FOTO S A M O T)