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A B C. S Á B A D O 6 DE OCTUBRE DE 1917. EDICIÓN 1. PAG. 13 dados con toda justicia. López Núíkz debía de creer lo m ismo también; pero su indignación contra el olvido de ua nuevo Peláe ¿era superior á su última indignación. Últimamente nos traía sus artículos wmo quien lleva una queja contra el Municipio a La voz d e la calk ¡Lea usted, lea usted... 1 esto sí que es horrible! Ya verá cómo murió el infeliz Rodríguez, 1 mis grande épico éd fj) mer ¡trimestre de 1870. Y nosotros corríamos á arehabulitar á Rodríguez en La Ilustración. Don Juan aspira á redimirse de esta üt ratura, á abandonar su azada á desenteixaclar lírico, á conjurar las sombras de tanto y tanto poeta hambriento que á él acudían. Porque se debía de haber con ido la voz entre todos los más vanidosos lanza ripios que murieron obscuramente en el sigilo pasado, y no había uno que 1 reclamase y oibtoróese de él un bombo ísqn, ion retrato arbitrario en Ja vieja revista. Don Jwn ha visto anoche huir esas som 5 ras tragicómicas. Porque El rayo ha de procurarle m s dinero que una gruesa de poetáis desconocidos en estado de fiambre. -W. FernándegFlóreg. i DON JUÁH Y DON PEPEO Don Juan López Mmez, mientras transcurren las primeras escenas de la comedia, pe mantiene al costado ce D. Pedro Muñoz Seca, su colaborador, como una, gabarra BÍ socaire de un transatlántico. Don Pedro Muñoz Seca, con la experimentada autoridad que le proporciona su condición de autor de más de quinientas obras dramáticas, va vertiendo de vez en vez una observación en los oídos de su compañero. Don. Pedro ¡mira por una rendija del decorado, y don Juan mi ra para D. Pedro, escrutando ansiosamente la impresión. Don Pedro, dice, separándose bruscamente: -Este personaje ya entró ea el público. Don Juan suspira: ¿Y a entró, de veras? -Ya entró. Después D. Pedro se pone á pasear y 4 encender cigarrillos, y D. Juan ya detrás paseando y fumando. 1- -Ya entró esta escena, -No me diga... A Que ya entró. Don Juan suspira otra v z. Don Juan stá jugando ahora una carta importante. íiti sus tres anteriores estrenos la saerte no fue muy benigna para él. Don. Juan ÍIUSCA en 1 teatro un refugio contra ciertos fantasmas que ¡e acosan. Nosotros sabemos... Hostoros conocimos al Sr. López Nú ez cuando dirigíamos La Ilustración Española. López Núñez, grueso, un poco pálido, un poco calvo, aparecía de mes en mes, nos saludaba dprdialmente, extraía unas cuartillas de su bolsillo y nos decía misteriosamente í- -Le traigo i usted unos datos curiosos acerca de la vida de un hombre casü desconocido: el ilustre poeta Peláer, muerto en 1850. Y leíamos las cuartillas. El ilustre desconocido estaba retratado en ellas: fecha de nacimiento, fecha de defunción, una anécdota... aquella vez que dijoen un café... IYI dos ó tres cuartetas de las suyas, de las inmortales. Como al ilustre desconocido no le había pasado nunca nada importante, López Núñez fatigaba su inspiración para dar relieve al artículo. -I Conoce usted cosas de este hombre? -nos preguntaba. -Nos suena- -baillbucíamos tímidamente, recelando perder nuestro prestigio directivo. -iEs una injusticia que e le haya olvidado tan prtonto! ¿verdad? -i Es una canallada! -corregíamos con wndiignación. López Núñez depositaba nuevamente las cuartillas sobre! a mesa. -Así le rehabilitaremos. -Sí- -gemíamos, no muy segures de que eS Sr. Paláez interesase á algún lector- debemos rehabilitarle. Antes de marchar, López Núñez tilos preguntaba ¿No tendrán ustedes en d archivo algún retrato de Pdláez? -i Y cómo no va á haber algún retrato de Peláez 1- -bramábamos- ¡Eih, miren ahí á ver si hay algún retrato de Peláez! No había ninguno. Nos mirábamos consternados. López Núñez nos brindaba una solución: -Entonces. si usted quiere. yo le daré el encaJrgo á un dibirante amigo mío qu e está algo necesitado. Después de todo, con una i erdlla y un sombrero de copa se puede hacer algo que se parecí mucho. Y se hacía así. Nunca reclamó nadie. D tas ros perdone la mala idea; pero siempre hemos creído que aquellos poetas de que nos hablaba López Núñez, ó no han gxisíido nunca, ój, si existieron, están olvi- SB. J 5 ARCIA 0 ET 3 GA EN EL PAPEL DE HOXJNGWOHTH f ESLAVA. DIVORCIÉMONOS Durante su excursión veraniega, la oonw pafiía de Eslava ha vuelto á la circulación, UNA MUJER SIN IMPORTANCIA entre otras obras, la comedia, de Sardou, Comedia en tres actos, de Oscar Wilde, Divorciémonos, uno de los éxitos más per- traducida al castellano por Antonio sonales de la ilustre y siempre memorabkj María Tubau. Los periód eos locales nos impusieron dé la extraordinaria aceptación que la obra, 1 había tenido al ser representada nuevamente por la compañía de Eslava, y, sobra todo, destacaban el singular acierto de Catalina Barcena, que había incorporado á su ya dilatado repertorio una comedia quei tan admirablemente encaja en su tempera- mentó. i El haberla representado recientemente esa actriz prodigio que se llama Rosario Pino daba mayor interés al momento, y al público ocasión de establecer compara- 4 cienes. No es nuestro propósito entrar en ellas, penque entendemos que dentro de la psicología de un mismo personaje hay tantos as- i pectos y matices, que at. n con ihterpreta- i ciones distintas, siempre que no se desvira túe lo fundamental de su composición, pueden ofrecerse otras tantas reproducciones igualmente interesantes. En el viejo arreglo de Divorciémonos Martínez Sierra ha remozado algunas escenas, dando más cómica expansión á otaas, ADAIÍUZ EN EL PAPEL DE MISS XGU TO hasta llegar en algunos momentos á los linderos del vodevil. Tiene, pues, Catalina Barcena ancho campo donde equilibrar y contrastar todo 3 los valores en las diversas gamas de su arte, qu e es como una ventana ajbigrta á todas las luces, á todas las alegrías, á las más ínfimas ingenuidades. Catalina Barcena da una impresión muy, suya en la personificación de Cipriana; esT adorablemente irreflexiva y caprichosa) tor- nadiza y, mimosa, enamorada é inquieta, ca- becita loca, pero tan femenina, tan seductora siempre... i El éxito más enfcus as ta coronó su la- bor, confirmándose plenamente cuantos elogios había merecido del público y de la crw tica provinciana. Con Catalina Bárcenaí compartieron el éxko Paco Hernández, irreprochable en. su pa pel, y Manolo París, qoie dio 3 a más cómica ridiculez al marido en expectativa. Carmen Muñoz, muy guapa y elegante; Isabelita Garcés la señorita Morer y Pe rico Sepúlveda completarta el excelente 1 conjunto. La escena, admirablemente puesta. 1 SEÑORITA KQXALA EN EL PAPEL DE JOSS ETHEL J Del dan da trafbaio de la s resenls temjj NOTAS TEATRALES