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Edison, entre otros, estudia el medio de vitar eléctricamente, desde cualquier buque la amenaza de los torpedos, desviando su dirección al ser lanzados por los submarinos, ó haciéndolos explotar antes de que lleguen al Blanco. Los submarinos constituyen hoy la principal obsesión de los norteamericanos. Spe rry, el inventor del giróscopo y, del estaba lizador, tan eficazmente puestos en uso, e invenlor también de un torpedo aéreo que sorprendió á cuantos lo conocen, acaba de inventar el arma definitiva contra la acción agresora de los submarinos. El nuevo invento ha sido ya aprobado por la Junta consultiva de la Marina, que pres de el propio Edison, y en la que también figura Maxim, el autor de los famosos cañones y explosivos que llevan su nombie. No se sabe, naturalmene, en qué consiste el invento de Sperry, quien se ha limitado á decir que se trata de sigo muy sencillo y extremadamente práctico, que ha de comenzarse á emplear en los barcos mercantes. Los submarinos germanos no tardarán en conocer sus efectos. Y esto es todo. ¿Qué más puede desear Inglaterra de los Estados Unidos? Cuenta con su oro, con sus municiones, con sus alimentos; contará muy pronto con una eficiente defensa contra los submarinos y hasta con una modernísima escuadra mercante, de madera y acero... Aunque la defensa contra Jos submarinos le llegará un poco tarde á Inglaterra. Y la nueva flota comercial no será inglesa, sino norteamericana. Pero alguna ventaja han de reservarse los norteamericanos, cuyas hazañas industríales han hecho de este incomparable pueblo el más dinámico de i a tierra. MIGUEL DE ZARRAGA A B C J Ü E V E 8 ia DE JUL? O DE 1017. S P I C I O N PAO, 6 la necesidad tenemos aquí en Cataluña, con el tl ffijx nu teoría maduran las uvas Démosle, potes, tiempo al tiempo. Y, mientras tanto, si yo no me meto mucfeo con los catalanes, que los catalanes no lo tomen demasiado á mal. Y que no lo tornea demasiado á mal, tampoco, en el resta de Espana. Nueva York, Mayo de 1917. D E NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN BARCELONA PARÍS, LONDRES Y REUS Barcelona rne ha recibido, en realidad, como pudiera recibir a un extranjero. No es que los amigos barceloneses me conside ren extranjerizado después de mis viajes, sino que se complacen colocando su ciudad en e- 1 mismo iplano de París, Londres, Berlín, Nuevta York, etc. Después de visitar estas grandes capitales- -decía un per ódico catalán- en Camba viene á Cataluña. ¿Qué hofrores escribirá de nosotras? Y, como habían pasado varios días sin que yo escribiese horror alguno, otro periódico hizo un artículo manifestando su desilusión: Este silencio resulta muy sospechoso. Es preciso que se escriban esas crónicas, que quiten la cabeza á nuestros títeres. En ciudad alguna podrá encontrar al redactor de A B C materia tan á propósito... No voy á tener más remedio que meterme con los catalanes, aunque sólo sea por cortesía. Mis amigos esperan que, á continuación de Alemania y de Londres, yo publique un tomo t tulado Reus, en donde los ponga á todos como ahupa de dómine. Ya q e no vea en ellos virtudes particulares, quieren que les saque á la vergüenza pública unos defectos especiales de su carácter catalán, completamente distintos á los defectos generales del carácter español. Desgraciadamente, los únicos defectos especíale que yo he encontrado en los catalanes hasta ahora son, defectos de prosodia y de sigtaxis. í 4 Conque viene usted á descubrirnos, c h? -me preguntaba un amigo, el mismo día de mi llegada. ¡Oh! Nada más que un poc ¡uJvo. Les descubriré á ustedes lo menos poilble... Pues aquí hay mucho campo para uste 4. Claro que, así, de pronto, no verá usted gran, cosa; pero, como d: ce un reiría que afíroiadora. fii sentido científioo y el senque no tido ae relatividad entre los intelectuales, Pero yo insisto a creer tu cada pueblo y en cada momento necesita álfetrenfces sistemas Ideología El vicio del siglo xix, que es el vicio de inucjhas personas librescas consiste en la propensión á lo absoluto consiste en icreer, como si se estuviera e JULIO CAMBA. los años de Rousseau, que el hombre maca naturalmente buenio, semejante á todos los hombres y blando para, cualquier forma d ASPECTOS ESPAÑOLES educación. Los bonibres somos distintos, los pueblos somos diferentes; lo que es un beneficio en Holanda, se convierte en una perturbación en la República ecuatoriana. ¿No El mesFanismo revolucionario es un mal hemos leído en Emerson Ja condenación de espantable por cuanto fomenta la pereza, la la codicia y de ese hediondo culto del dólar inhibición y l a critica más negadora y de- que produce la fiebre de dos yanquis? Esa P rimeñte. v Hay en España partidos po- condenación, hecha en un país que padece líticos que durante mucho tiempo se han plétora de codicia, resulta un bien; si transcolocado en una actitud obstrucción sta in- ¡portamos esa campaña anticodiciosa á Avicapaz de hacer ni de dejar hacer nada. El la, cometeremos un delito, porque en Avila, mesianfsmo revolucionar lo, al aplazar la al contrario, falta el ansia y la fiebre adacción para cuando la levoluc n se haya quisitiva. consumado, en real dad aplaza la verdadera vida nac onal. Los pueblos, si no avanzan De este modo, pues, yo he creído realizar más ligeramente, es á causa de la traba que un bien proponiendo en España el cuito del oponen los partidos avanzados. Y España, optimismo y de la afirmación, porque la remás necesitada que nadie de avanzar ap, rlsa mora de España es su sensual 1 smo pesimisy que últimamente palpita como nunca, le ta, su pereza negadora, su infecunda crítidebe á sus partidos avanzados el daño de ca, su masoquismo despectivo. La crític una remora bien lamentable. podra ser fértil en los pueblos muy vigoroEntre los que se titulan intelectuales no sos, como la ducha ó la sangría al cuerpo escasean los espíritus íntimamente frivolos brioso; en los pueblos débiles, la crítica acaque ven hasta con agrado todo indicio ó rrea el decaimiento. Tónicos morales, alienpromesa de. revolución. En otro artículo me to, esperanza, fe, ilusión: esto pide España. En España hemos tenido grandes negadetuve á considerar la psicología de estos intelectuales revolucionarios. En sus natu- dores, que quiere decir grandes desdchas. ralezas- sensualistas, en su moral irrespon- Muchos de v, testros grandes negadores no sable, una conmoción catastrófica toma el fueron, en rfeahdad, otra cosa que ecos de aspecto de un espectáculo, como- para un voces extranjeras; se dejaron fecundar por chico caprchoso; ó significa una ocasión la opinión adversa de fuera de España, y al para cumplimentar á la propia conciencia, juzgar á España la veían efectivamente desdemasiado torturada por una vida de ocio- de un plano exterior, con mirada previasi dad, de café y de cotidiano incumplimien- mente negativa. Ahí tenemos el casto- de to. La catástrofe, en tal caso, vendría á bo- Larra. rrar todas las culpas y traería una vida, Era Larra muy joven cuando escrib ó sus una cuenta nueva. artículos amargos. Era un jovencillo, y de Al contrario, el espíritu verdaderamente veras hay derecho á residenciarle, puesto moral sabe que los milagros no son posibles, que á los veinticinco años se pueden escriy que sólo por la labor y la virtud de cada bir versos definitivos, pero no una densa y uno avanzan los pueblos. capacitada crítica de un pueblo ó de una ¡El m. lagro! He ahí el peor de los mc- sociedad. Como jovencillo que era, Larra s anismos, el que espera la felicidad de un se dejó arrastrar por la ola del romanticiscambio catastrófico, de una revolución. El mo, qae en su tiempo inundó á España. espíritu consc ente sabe que las catástrofes i Cómo no fecundan nada, y que una revolución es crítica de tomar en serio los juicios y la joven, apasionado, un caso anticientífico, porque quedan en romántico? un escritor he ahí el fondo de p e las causas esenciales, como son el cli- la literatura La queja; Con igual tono, isi ma, el territorio, la raza, las hondas tra- con palabras romántica. quejaba el escritor d ciones. Una mente científica sabe que románt co en iguales, seeti París, en Viena, Londres, cada país necesita sus métodos particulaNueva York. En el propio res, especialmente los países distintos, como en Roma, enhacía Edgaid Poe sus tristes, Nueva York España. Tiene en cuenta el sentido de la re- sus desconsoladas páginas... Nuestro Larra latividad, y no trata, por tanto, de querer pulsaba el bordón de su lira con ardiente para la comarca de Cuenca lo que se usa brío y, para quejarse mejor, tomaba Esen Flandes. El resto son niñerías de inte- paña como experimento. iso vale la pena lectual recién salido de su cascarón libresco Hay también la egolatría, por la cnal de trabajar sobre un dato personal como del irrealismo de cada individuo, armado de cuatro libros, Larra, el caso más típico escritor de actuala crítica. Larra era un piensa que él propiamente, en virtud de una lidad; halagaba, sin duda honradamente, el razón providencial, será quien salve á Esvulgar ambulante de su paña. Y si á la egolatría intelectual no le instinto escritor óromántico español época; fue en la llaman pronto á los altos puestos del Go- épocaelen que el público de España admirabierno, se afiliará en las filas revoluciona- ba el romanticismo literario y todo lo q f rias y combatirla los organismos más sa- significase queja, negación, pesimismo. Si grados cuanto la erudición y la experien- Larra hubiera nacido en Londres, de su cia nos dicen que en el Gabinete, en la re- pUima amarga habrían salido iguales quedacción, en la cátedra y en el taller es donde se fraguan las verdaderas revoluciones, jas acerca de la vida, de la gente y del país las fecundas. Por lo tanto, y contra la opi- británicos. nión de muchos, yo creo que á todo revoluEn consecuencia, y dados los avances cionario habría que interrogarle personal- que la experimentación y la psicología han mente ¿Qué te han negado? ¿Qué es lo logrado actualmente, hay derecho á realique deseas con impaciencia? ¿Qué causa zar una operación de contracrítica, y propersonal te guía á la rebelión? ponerse ante todo crítico: Bien, veamos, ¿quién es el crítico, qué seguridades de Refiriéndome nuevamente á mi libro La sinceridad nos brinda, por qué critica y afirmación española y i. mi prédica sobre qué motivos personales le inducen á cri el optimismo mencionaré el casi enco- ticar? nado asombro con que muchos han acogido JOSÉ M. SALAVFRRI ESPAÑA Y T A CRÍTICA nriiíir nmitinrmsiFniiiri nrritmrimnuntmnt Tmnnitiimii imi miTM