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A B C DOMINGO 18 DE MARZO DE 1917. EDICIÓN i. a PAG. 6. eso V iison se dirige al pueblo y no da un V sol i iaso sin sentase sostenido por la voluntad nacional. ¿Puede pretenderse que esta voluntad la representan los 12 senadores germanófilos í- ente á los 83 senadores patriotas? ¿Puede decirse que dominan en el Congreso yanqui los elementos hostiles á la política del presiente, cuando, de los 53- 1 miembros de que constan las dos Cámaras americanas, hay quinientos ansiosos de secundar á Wilson? Pueden cerrarse los ojos á la evidencia, pero 110 se conseguirá suprimirla. Y la evidencia es en este caso que, poco á poco, Alemania se ha ido enajenando las simpatías y las amistades con que conlaba en Norteamérica y que hoy- -sean los que fueren los expedientes y los complots de sus agentes y secuaces en los Estados Unidos- -la gran nación transatlántica figura en el grupo de sus enemigos. Así se considera la situación en Francia. Herbette cree que ha llegado la hora de prepararse á la alianza con los Estados Unidos, y- para Clemenceau está fuera de uáda que Wilson, constitucionalmente investido del derecho de recurrir á todos los medios de defensa en el caso, bien manifiesto ahora, de un ataque del extranjero sabrá usar con energía de su poder. ¿Guerra? ¿Neutralidad armada... Nadie lo sabe á estas horas. ¿Se sabrá cuando este artículo se publique en Madrid? La respuesta la ha de dar Alemania, y Wilson la aguarda filosóficamente. De él son estas ponderadas razones: Nosotros- -dirigiéndose á los ciudadanos de la República en la inauguración de su segundo mandato presidencial- nosotros podemos vernos arrastrados por la circunstancias, y no por nuestro propósito, ni por nuestro gusto, á una afirmación más activa de nuestros derechos, tal como nosotros los concebimos, y á una participación más directa en el gran convicto. No hay provocación. Hay claridad y- dignidad... Hay la afirmación de que los Justados Unidos no se someten á la voluntad de Alemania ni aceptan con mansedumbre sus métodos de guerra. Hay Ja afirmación c e una fuerza- -al servicio de la humanidad enera en este caso- -frente la fuerza egoísta de Alemania... ¿Partirá de Berlín h orden de torpedear en su viaje de rea- rp 53 ai Rochester v al Orleáns... ALBERTO EL NUEVO EMPERADOR DE RUSIA ALEJO XICOLAIEWITCH, HIJO DE NICOLÁS I I QUE REINARA BAJO LA REGENCIA DE SU TÍO, EL GRAN DUQUE MIGUEL ALEXA 3 STDROWITCH. (FOTO X E W S) INSUA París, Marzo de 1917 DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C E N NUEVA YORK EL PERIODISMO AMERICANO Yo he tenido ha- ce tiempo un director que quería hacer periodismo americano. -1 Que hay que reventar un caballo? -me c ecía aquel hombre excelente, explicándome sus proyectas- Pues me revienta usted un cabillo. ¿Que hay que reventar dos cabal as? Pi es m e revienta usted dos caballos. ¿Que hay- que reventar tres caballos? Pues me revienta usted tres caballos... Cuando llague el caso, podrá reventar usted todos 3 as caballos que crea conveniente... Para aquel hombre, el periodismo americano consistía en reventar caballos, en destrozar automóviles, en hundir barcos, en saltar puentes y en descarrilar trenes. Si l dbiera podido llevar sus ideas á la práct ca, España hubiera quedado deshecha á los seis aeses de publicación del periódico; pero l e faltó dinero. Su empresa exigía expíales vastísimos. r- -Está visto- -me decía tristemente, algún tiempo después- El dinero español es cobarde. Aquí no se puede intentar nada grande... A? proponerme ahora hacer sobre el terreno un ensayo s- obre el periodismo ame- licano me vienen á la memoria los planes de mi antiguo amigo y Compañero; pero estos planes ya no me producen el efecto cómico que me produjeron cuando los oí por primera vez. No es que yo crea actualmente que para hacer un buen artículo haga falta reventar caballo ninguno; pero sí creo que en el acto de reventar caballos se podría simbolizar lo que este periodismo tiene de verdaderamente típico. Ante el criterio americano, más importante que la noticia es la manera como se obtiene. Supongamos que salen dos repórters, uno del Evening Post y otro de! Ez ening 1 elegram, á averiguar el mismo suceso. El primero se mete sencillamente en el tranvía, llega al sitio gue sea, habla con las personas con quienes tiene que hablar y obtiene la información deseada s- in haberse gastado arriba de 50 centavos. Ei segundo comienza par disfrazarse. Luego alquila un aeroplano. Se fractura una pi rna. Atrepella é dos transetintes. Soborna á un portero... Y este segundo repórter obtiene la misma información que el primero, pero de una manera mucho más accidentada y por un coste de 500 dólares. ¿Cuál de los dos repórters les parece á ustedes mejor? A los americanos, no sólo les parece mejor el segundo repójrter, sino que su notic a les- parece más impjiiaüte que la noucia del piimc. Y es qi t. mientras el Post 1 0 pu 1 de anunciarle á sus lectores más que 1 1 1 muerto, por ejemplo, suponiendo que te trata de un ciimen, el hvening lelcg- aii anuncia un muerto y dos transeúntes hei dos, y un aeioplano roto, y un porteio sobornado, y un gasto de 500 dolaics Lo importante, como digo, no es la notic a, sino el modo de obtenerla. Luego viene el modo de presentarla. No se trata c literatura. Se trata de tipografía. Una raí- ma noticia pufde valer más ó menos, segu 1 esté titulada, con letras de dos ó can letras de treg pulgadas. El público supone que h i una relación entre la importancia de las 11 formaciones- y el tamaño de sus letras tiu lares, y cree que un extraordinario titulad J con letras de á tres pulgadas contiene algo m is gordo que un extraordinario titulado con letras de á dos. Es decir, el pública cree esto en teoría. En la práctica resuki que no hay letras grandes más que en relación á las letras 1 pequeñas, y que sólo c 1 el mundo de estas últimas pueden sugerir aquéllas la idea de algo sensacional. Y de aquí se deriva el gran error del periodismo americano como periodismo sensacionalisU Para que el Evening I elegram, que lanza cada dos horas una edición encabezada co 1 cairacteies de á media cuarta, emocionase un día realmente al público, tendría qc e encabezarse eii letras de cuarta y media, y esto le es impasible, á causa de su tamaño. El Evening Post, que es el menos americano de los diarios neoyorquinos, puede ser sensacional un día. El Evening Telegram no puede ser sensacional nunca. Hay algo de fundamentalmente falso en el periodismo americano. La realidad no justifica este periodismo de letras gordas y de extraordinarios constantes. Y si la realidad fueseuna cosa como el periodismo atnericanoquiere representarla, este periodismo seguiría siendo falso, porque lo ordinario no puede ser el publicar extraordinarios, y porque no puede presentarse como algj anormal lo que ocurre normalmente. ¿Y la rapidez? Probablemente hubo una época en la que el publico de Nueva York estimaba mucho poder comprar á. las cinco y cuarto ó las cinco y media, en cualquier parte de la ciudad, el periódico de las cinco. Virio la competencia, y hoy los periódicos de las cinco se compran á las tres; ios de las seis, á las cuatro, y los de la mañana se adquieren antes de acostarse, á eso de las once de la noche. ¿Adonde va por semejantes casninos el periodismo americano? Así como en otras partes los periódicos pueden progresar indefinidamente, aquí no. Las noticias del día nunca se podrán adelantar en más de veinticuatro horas. El tamaño de las titulares nunca podrá exceder de una cuarta. Y cuando un periódico haya alcanzado estos límites tendrá forzosamente que paralizarse. 4 Estos límites, por lo demás, puede decirse que los han alcanzado ya los periódico? americanos con motivo de la crisis política ¿Como se las arreglarían, si estalla 3 a guerra, para que la guerra resulte más sensacional que la paz? JULIO CAMBA. Nueva York, febrero de 1917. INTERESA A los señorea fotógrafos de profesión jr fi los aficionados que envíen á la Redacción de A B C fotografías sobre algún asunto deInterés y Se palpitante actualidad, se lee abonará CINCO PESETAS por cada prneba que publiquemos. Al píe de cada fotografía se Dondrá nombre de su autor i Tunr mirrr i m w r iirnirrrT rrimiiniironiin rnrimimit innmin nimrmimTMri