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DE; TODO EL DO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRA; FO Y TELEFONO g OE TODO ÉLVAttlN, DO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRA, FO Y TELEFONO EDITADO POR LA EMPRESA PERIODÍSTICA PRENSA ESPAÑOLA i y K DEL VIAJE DE LOS REYES S. M. -EL REY REVISTANDO A LA MARINERÍA DURANTE SU PRIMERA. VISITA AL ACORAZADO ALFONSO X I I I EN BILBAO. (FOTO ALBA) dé estallan las granadas, pues apenas nos- -Usted volará conmigo. separan veinte kilómetros de los primeros Este oficial ya ha sufrido una caída graVOIJAXDO SOBRE VARSOVIA fuertes que rodean á Varsovia. No son los ve; tiene parte de la mandíbula inferior de cañonazos estridentes y secos que había- plata, porque resultó con la cara desíror Cuando, muy temprano, salimos á la pla- mos oído en Francia; son como truenos de zada. Es audaz, casi temerario. El- acci za, de Wiskitki, ya las automóviles nos es- tempestad sobre la llanura, que no contesta dente que sufrió no le. ha restado nada de peran, gruñendo con toda la fuerza. de sus con su eco. Mientras nos presentan á los su audacia. Un soldado, le trae la pelliza potentes motores. La mañana es fresca y aviadores y estrechamos sus manos, los sol- de cuero, la bufanda, el- casco, y entonces transparente. Tras de pasar Szymanowo dados abren los hangares y; comienzan el abandona el monóculo. Otro soldado me enllegamos al. punto en donde la carretera se examen detenido de todas las, piezas, de trega las mismas prendas, y cuando, me acoencuentra con la que va de Sochaczew á todos los resortes, de todos los tensores de modó la pelliza observo algunas sonrisas, Blonie. Dejamos los automóviles y nos in- las palomas Al lado de los hangares hay porque ésta se hizo para nombre de más, ternamos por unos campos de pastos. Es- un enorme automóvil que es taller de repa- corpulencia que mi modesta persona. Salcondidos tras de un grupo de árboles hay raciones, y más allá otro con piezas de re- tamos al aparato mientras los mecánicos dos hangares, nidos de- dos taubes, los fa- cambio. ¿Estamos cerca de la batalla? Na- examinan por última vez el motor ¡Ah, el mosos pájaros que un día vi volar por pri- die lo creería viendo la calma, la tranqui- motor! Su trepidación se confunde. con los mera, vez sobre la plaza de la Concordia, lidad con que estos soldados trabajan. latidos de nuestras, válvulas arteriales y Él teniente N... qué viste uniforme de liega á formar parte de nosotros. Nos paen París. Salen á nuestro encuentro los coracero, pero con el distintivo de aviador- rece algo vivo, algo que puede salvarnos pilotos, y. los observadores. Son muchachos ióvenes, alegres; y, viéndoles tan dichara- en, el brazo derecho, grita: ó llevarnos á la muerte por un. capricho, Quién de ustedes quiere ver Várso- por una locura de caballo bravio, por un cheros, nadie supondría que á todas horas tienen la. guadaña de la muerte amenazan- -vla? El que lo desee que levante la- mano. desfallecimiento... Pero éste ruge con tai do sus vidas. Allí están, esperando las ór Al instante cuatro manos señalan el cie- potencia, tiene una voz tan fuerte, que padénes para los reconocimientos, para guiar lo. La del coronel Emerson, la de míster srece decirnos: Yo os llevaré sobre las mies más altas y venceré á los huracanes. á la a? HUer 5 a, para lanzarse contra el avia- Swing- la del- Sr. Negruzzi. y lat mía. Cómo somos cuatro los pretendientes, y Y cuando mugía- soplaba tan- reciamente, dor ruso, qué: sé atreva á volar sobre las conió: sóÍQ hay dos. aparatos, se decide que; que la tierra se levantaba, en polvareda. El tropasalemanasv, I la. suerte señale quiénes volarán. En la go- águila quería escapar, tenía prisa por reEl tronar delcáñóií éá. sordo, parece le- rra dé un soldado se ponen. -cuatro n- úmeros. montarse, esfuerzo. janó, porque el vienfo éS contrarió; pero El coronel Emerson saca el número z, y yo común de y era preciso todo el retenerlo. muchos soldados para estamos muv cerca de los lugares, en don- el i. El teniente N... toe dice: -Frei! (libre) -gritó el teniente N, A B C EN POLONIA