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HOMENAJE A UN ARTISTA EN SEVILLA EL ILUSTRE PINTOR GONZALO BILBAO (x) EN EL J A R D Í N DE SU E S T U D I O RODEADO DE LAS CIGARRERAS, QUE LE TRIBUTARON UNA MA. NIFESTACIQN D E SIMPATÍA A SU LLEGADA. (FOTO BARRERÁ) en nuestra memoria con trazo perdurable esta silueta, tornamos á los automóviles, que aguardan trepidantes y que han de llevarnos, mediada la noche, á Jaslo. JUAN PUJOL. Krosno (Galitzia austríaca) Mayo 1915. A B GEN ¿A PARÍS IZQUIERDA Los grandes plátanos frondosos, los que proyectan su sombra en el Sena, han adquirido este año un verdor lujuriante y espeso. Pero en el Sena, río generalmente tumultuoso y animado, hay un no sé qué de melancolía... Los barcos fluviales navegan como de ordinario, -y los puentes retiemblan ai peso de la circulación. Falta alguna cosa, sin embargo. La guerra ha impreso en todos los sitios su huella profunda. E- e el caballete del largo pretil, los puestos Je los que venden libros usados y estampas arcaicas, unos están cerrados, otros entreabren apenas su cobertura. Los vendedores que se arriesgan á abrir del todo s i tenderucho pasean ociosos, fuman en vano su pitillo, aguardan estérilmente al providencial y maniático extranjero que antes, después de hurgar en. los montones de papeles viejos, pagaba buenas monedas por un libro, un grabado, un manuscrito roñoso. Algún estudiante suele llegar; mira, consulta, revuelve, se aleja. Los estudiantes no tienen dinero para echarlo á perder. En la orilla izquierda del. río se ha acentuado aquella nota de relativa calma, que es el mejor- eíicanto del barrio Latino. Las tiendas que se han cerrado, los hombres que se han ido á la guerra, los extranjeros que no vienen; así, el barrio, en, fin, adquiere un- verdadero tono intelectual. Un tono intelectual del antiguo régimen, cuando la Sorbona albergaba á k s comentadoresde Santo- Tomás, de Aristóteles. Las numerosas librerías abren aún sus puertas. Pero en sus escaparates se- ha. introducido el morbo guerrero. Son esas librerras pequeñas y mohosas, caras á los diletantes y los anticuarios, que siempre han guardado la tradición de las felices sorpresas. Revolviendo en los montones de papeles, ¡cuántas personas afortunadas encontraron el libro ó la estampa que. nadie hasta entonces pudiera hallar! Ahora, las H. brerías, junto á los volúmenes generosos é inactuales, tienen que ofrecer en el escaparate el último folleto chauvinista, empapado de polémica, de odio y de represalia. Y junto, á los picantes grabados del tiempo de Luis XV, en que aparecen mujeres de gran peluca y pantorrillas al aire, hoy deben exponerse esos otros grabados sanguinolentos y furiosos en que un alemán, por ejemplo, hace tajadas metódicas del blando cuerpo de un niño. ¡Oh tiempo feliz, el de adelante, cuando la distancia hará que toda esta inmundicia de pasquín y de soflama parezca entretenida á la gente! Lo mismo que hoy nos parecen. entretenidos los triunfos de la muerte, lóbrega, diversión de los artistas medioevales. La plaza del Panteón está más- desierta que de ordinario. Y en las explanadas laterales es tp. rí grande lá soledad, que entre los adoquines asoma la hierba. La gigantes- ca cúpula alza su bella pesadumbre sobre el barrio intelectual. Dentro del Panteón duermen su sueño de gloria los genios de la Francia. Las puertas quisieran abrirse para recibir al genio actual, al genio de la hora presente. ¿En dónde está el genio? Pero no es el momento todavía. Las puertas siguen cerradas. La aguja de la iglesia de Saint- Germain des Pres se yefgue obstinada, á pesar del tiempo y de los. cambios. A su costado abrieron un bulevar de traza moderna; pero no importa. La plazoleta que antecede á la torre centenaria conserva siempre su sabor. Vetusto y provinciano. Se sigue la calle hacia el río, y- cada vez aumenta el sabor provinciano é inactuali Algo nos dice que en la calle habitan sacerdotes. En efecto, allí pasa uno, meditabundo, con su, sotana ua poco raída. Una casa con las ventanas chicas y herméticas; es un pequeño hotel como para seminaristas. Y aquí una librería religiosa: Libros de devoción. Estampas d santos. Una estatuita de Juana de Kvca. armada de cruz y de mandoble; Junto m ella- ¡era preciso pactar! un retrato dé Joffre, el general de la cara cuadrada. Pero más arriba, más allá del jardín át Luxemburgo, los pintores se han reservando ciertos cafetuchos de Montparnásse, ¿Qué hacen los pintores entré tanto? Aguardan á que pase la guerra. Aguardají con un valor estoico, el único valor, es ver dad, que pueden emitir. No hay encargos, i Suerte maldita I Lo (yanquis y los ingleses, los que comiprabail toda suerte de imaginarios lienzos, no haijj venido. ¡No han llegado, no, aquello irw comprensibles señores que pagabaii dineroj