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A B G. SÁBADO 5 E E JULIO DE 1 9 r 3 rEDlC 1O N t. PÁG 75. SESIÓN DE AYER LA CAUSA DEL REGICIDIO Como anunciamos oportunamente, ryer. farde se -canudo la vista de la causa seguida contra Rafael Sancho Alegre, por delito Jde regicidio frustrado. I A las dos menos cuarto se constituyó el ¿Tribunal de Derecho, presidido por el magistrado Sr. Martí Correa, y ocuparon sus meatos el fiscal, Sr. Medina, y el defensor, ¡JBr. Barriobero. En la Sala había bastante público, y en las Jjalerías, las mismas medidas de precaución pne se adoptaron en las primeras sesiones, k Entró el procesado Sancho Alegre, ostentando en el ojal de la solapa una roseta! Jblanca. LOS MÉDICOS INFORMAN Como ya dijimos, asisten al juicio para ¡Informar como peritos los Sres. Moreno, jSDrau y Fuentes, por el fiscal; Segarra, Pailancar y Laredo, nombrados por la Sala, y ¡los Sres. Achucarró, Vera y Esquerdo por la defensa. A instancias del presidente, los facultativos toman asiento en el estrado, y el fiscal Íes formula las siguientes preguntas: t 1. a Si- el procesado Sancho Alegre padece alguna enfermedad mental. 2. a. Si, en cago afirmativo, estaba el día 13 el crimen bajo la influencia de un acceso He enajenación mental, y! 3. Si, á pesar de hallarse enfermo, San cho Alegre tiene períodos en los cuales discurre, piensa, y es, ea una palabra, responsable. EL SR. BRAVO El facultativo Sr. Bravo comienza hajciendo la historia de Sancho Alegre, quien s hijo- -dice- -de una mujer soltera y de adre desconocido. La madre falleció cuando el procesado íenía escasamente tres años, á consecuencia He una tuberculosis pulmonar; á los diez ños comenzó á trabajar, y puede decirse íaie no fue peor ni mejor que otros niños esa edad, pues ganaba. un jornal porque ias necesidades de la vida le obligaban á ¡tiio. ti A los diez y siete años tuvo un acceso Convulsivo, según parece, de epilepsia. El médico refiere después las relaciones- e Sancho con Rosa Emo, su fuga para evi jfar- la oposición- de la familia al matrimor iiio, las disensiones que más tarde, y hecha jya la boda, surgieron entre los cónyuges, y jjjos viajes que precedieron á los accesos Convulsivos que sufrió en los hospitales de Alicante, Valencia y Barcelona. Estos ataques, según los médicos que en Aquellos puntos lo reconocieron, eran epiíleptiformes, y nosotros no lo ponemos en Hudá, pero tales certificaciones no acreditan jiptra cosa sino que el procesado era inútil t ara. el servicio militar. Pudo ser una epilepsia transitoria, siníomática, y de todos modos, de ninguna gravedad, pues es lp cierto que Sa ncho Aíeijgre es lo menos epiléptico que se puede ser, ya que ahora mismo, según tengo entendió flo, van, transcurridos diez y ocho ó veinte atieses, en los cuales no le ha dado ningíra res de accesos, hay, como puede verse, un verdadero abismo. Sigue relatando el perito los viajes de Sancho, en los que tampoco hay nada de anormal, ni oueden, por consiguiente, calificarse de- viajes morbosos, como el que realizó no ha mucho tiempo el telegrafista de la, Prosperidad, quien, habiendo salido de su casa sin rumbo fijo una mañana, tué encontrado muerto en la orilla del Jarama, á los cuatro ó cinco días. Este es el viaje del enfermo mental, del inconsciente; pero los de Sancho son distintos, pues aquél, por una porción de detalles comprobados, puede asegurarse que los hacía y recordaba perfectamente, aun muchos tiempo después de realizados. A continuación examina al procesado, afirmando que físicamente no se advierte en él ninguna anomalía; su cráneo ts normal, sus dientes bien implantados, su mandíbula no tiene mayor ni menor proporción que la del hombre sano, en la bóveda palatina nada hemos advertido, ni en las orejas ni en el globo del ojo; no hay en él, en una palabra, ninguna asimetría ni estigmas de ninguna, clase, aunque esto. de los estigmas va ya siendo rechazado por numerosos mé dicos y tratadistas. Hemos reconocido- -agrega- -la lengua del procesado, porque no podemos olvidar que ha sufrido ataques convulsivos; pero no hemos hallado en ella ninguna cicatriz ni señal de mordedura, como se advierten en otros epilépticos. El afirma que en la cabeza tiene algunas cicatrices; pero deben ser muy pequeñas, porque nosotros, á pesar del reconocimiento á que lo hemos sometido, no lc. s hemos encontrado. El Sr. Bravo examina después la posibilidad de que el procesado sufra accesos psíquicos, y lo niega en absoluto, porque el epiléptico osíquico, el furioso que sufre un acceso de esta clase, agrede á su padre, á su madre y á todo el que se le ponga por delante, y lo ataca con una furia, con una saña sin igual; siendo inútiles los ruegos, las súplicas, las lágrimas para apartarlo de la realización de su delito, porque lo comete sin inteligencia, convertido en una fiera. ¿Tenía Sancho Alegre accesos de esta clase? Indudablemente no, pues sus actos anteriores y posteriores asi lo han demostrado. Respecto al hecho de autos tampoco prueba que fuera un anormal, pues lo meditó, lo anunció y lo llevó á cabo como lo hubiese llevado otro cualquiera; por animosidad, por odio á lo que entiende que debe destruirse, efecto de sus ideas político- sociales. En los reconocimientos que hemos realizado nos ha recordado el suceso con toda clase de detalles, lo cual revela que tiene una buena memoria, si bien debo advertir que, al conocer por nosotros la importancia de este dato, procuró mostrarse algunas veces olvidadizo y desmemoriado. El procesado no es, pues, un alucinado ni un delirante, ni un loco, y por. virtud del examen de su persona y de sus actos, por virtud de los reconocimientos á que hemos sometido su cerebro, sus ojos, su piel, etcétera, podemos asegurar que el procesado estaba cuerdo antes de cometer sü delito, al x realizarlo y después de realizarlo, contis nuando cuerdo á la hora presente. sEl Sr. Barrjóberp. pregunta al perita t a c c e s o Esto, ¡demuestra que es. una epilepsia la Oel- procesado muy atenuada, pues entre la Suya, y Já de ííps infelices que. sufren dos ataques al día, ó dos ó tres por semana, y la l l g q u g a g á h á n sÉfrido e teaa dónde ha realizado sus ésíudios y auñquS el presidente estima que no debe contestar, el facultativo dice que ha sido auxiliar del doctor Maestre en un manicomio de Murcia y ha practicado durante muchos años investigaciones y estudios de medicina legal. El defensor hace otras preguntas referentes al anarquismo, queriendo saber si los autores que ha citado el perito como causantes de las ideas vengadoras que llevaron á Sancho al atentado aconsejan el crimen. Interviene el Sr. Segarra y á continuación informa el perito de la defensa, señbr Esquerdo, quien se limita á referir lo que con él habló Sancho Alegre el día en que sufrió en la cárcel un acceso convulsivo. EL SR. ACHUCARRQ Después hace uso de la palabra el- mínente alienista D. Nicolás Achucarró, quien confirma lo dicho por el Sr. Bravo respecto á los estigmas orgánicos; cuyo valor- -a desapareciendo, aunque en absoluto no puedái negarse. Refiérese á la exploración realizada en la piel del procesado con el compás de Weber, así como los hechos en lo que á los reflejos se refiere, -sacando la consecuencia de que, por tratarse de una epilepsia como la que sufre Sancho, la exageración de los reflejos acusan una continuidad en el proceso de la enfermedad. El- Sr, Achucarró sostiene que el procesado padece trastornos mentales, aunque és. tos no sé le advierten cuando realiza una operación aritmética, ni cuando ejecuta alguno de esos actos de la vida como fumar un cigarro, vestirse, hablar, etc. etc. pero que hemos visto al realizar. con él la prueba Ebingans, prueba que consiste en la eliminación en los escritos de algunas letras, qUe no llegan á ser substanciales. El Sr. Achucarró agrega que cuando la prueba mental se introduce en las. facultades superiores del pensamiento, la inteligencia de Sancho Alegre fracasa por completo, y para demostrarlo l? e algunos escritos de Sancho. Examina también el fenómeno de perseveración que se advierte en el procesado como en los demerites precoces y epilépticos, y da lectura de -varios párrafos de algunas cartas, para deducir que Sancho Alegre, como todos los locos, sacó sus delirios del medio ambiente en que vivió. Esto- -agrega el Sr. Achucarró- -se advierte ahora con el. telégrafo sin hilos, del cual nos hablaban los locos antes y del que hoy nos hablan con frecuencia, creyendo que las alucinaciones que- padecen les llegan por aquel medio. Y otro tanto sucede con el aeroplano y con todos los inventos. Sancho Alegre tiene, pu s, una deficiencia mental, hija del medio en que vivió y que persiste, porque también persiste la epilepsia que lo sostiene. Termina el Sr. Achucarró afirmando que el procesado sufre epilepsia psíquica, que le ha convertido en un imbécil, y que posiblemente le durará siempre ó mucho tiempo. El- SR. VERA El Sr. Vera añade que, aunque por su estado físico no puede informar con extensión, no quiere dejar de decir que le extraña que los médicos de las acusaciones hayan dejado de reconocer en el procesado un elemento impulsivo morboso que todo lo trastorna en él. Dice que los médicos del fiscal han cogido el tenedor al revés, y por eso no pincha. El elemento morboso impulsivo en Sancho Alegre se manifiesta, eü su ser en todo momento, y por esto nó cabe negarlo, pues anoche- -dicg -tiiyg yo ocasión de r