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ABC MARTES 4 DE FEBRERO DB ICM 3. EDICIÓN PAff. 6 con cariño de hermanos al joven oficial como los movimientos del alma c oléctl- va se transmiten como las ondas hertzianas, los negros y dulcísimos ojos de niña Concha dieron- en dar muy fijos, 110 en lo blanLuis B e r m ú d e z de Castro, uno de les jefes co, sino en lo azur de los del artillero, sin que m á s h o n r a n a l Ejército p o r su, extraorque ella supiese- él método de Siacci. ni fes d i n a r i a cultura, profesional y po, r sus servicios en la paz y en la guerra. es t a m b i é n u n tablas balísticas de las funciones primarias excelente escritor, cié v a r i a s aptitudes, m u y y secundarias. acreditadas en el periódico y en el libro Eran mucho los ojos de niña Concha, Acaba de publicar u n a s Historietas m i y ni con un compás Trougthon hubiera politares llenas de gracia y simpatía, -en l a s dido medir el artillero el efecto desaquella que luca todo su castizo ingenio da n a mirada entre infantil y adolescente. -Al ter- rrador. minar la cena, D. Fernando ALvar de Del interesante volumen r e p r o d u c i m o s l a Qvincoces y Pérez de Sobradiel habría nesiguiente historieta de artillería a m a t o r i a cesitado una balanza, centroscópica de TersDesde la Gran Peña á la Habana no tar- sen para determinar- SH centro de gravedad. dó el teniente D. Fernando Alvar de QuinLa columna salió, alboreando, en airee- coces y Pérez de Sobradiel más tiempo que ción i las lomas. En tres jornadas, el te- el que invierten un expreso del- Mediodía rreao cambió del todo: los palmares, subiy IVA transatlántico- de los más nueve- s, y dos en las crestas, agitaban sus pencas al desde la Habana al ingenio Conchita, las blanco empuje de la brisa; ia tierra, é- ehoras no muy largas que emplea un tren dejaba asomar, como dientes de pe- cubano en recorrer unas cuantas docenas de kilómetros atravesando campos de ver- rro, pedazos de cortante- roca; á ratos, ia tragaba las dos íargts de caña, obscuros cafetales, doradas mán- manigua, bravia, se y el ruido del silenciohileras de soldados, cha- s de maíz y dilatadas vegas de: tabaco. (quer. en Ia guerra el silencio de los bosques Kñ el ingenio Conchica- estaba la colum- suena) rompíase al chocar las herraduras T na sus dos piezas, huérfanas de oficial. L n con la piedra ó al tropezar las hojas secas vómito negío, más seguro que una espo- de las palmas, sonando como un tiro lejano leta de tiempos, había dado cuenta del te- que repite el eco. niente que las mandaba, corroborando la Allá arriba debía estar Maceo con sus opinión del capitán de la guerrilla monta- orientales; eran las lomas de Galope; así da acerca de los oficiales pulcros y aficiona- lo dijo, al pasar, el práctico al artillero, y dos á lavarse á todas horas. el- nombre le sonó bien por lo marcial: En- el campo hay que criar corteza- -de- Galope Siempre le había preocupado un cía el bravo guerrillero- y cada uno en- pueril pensamiento hijo de los nombres estiende la higenie á su manera. trambóticos de aquella tierra. que le peNunca pudieron lograr, sus subalternos guen á uno un balazo en Galope puede que colocara el a eo personal y la- i en su confesarse -pero- icon qué cara se dice 1 debido puesto. que han herido a uno en el Guayaba ó ea el! Así que cuando vio encargarse del man- Plataniio? do de la Artillería á aquel joven teniente, las. diez de. la mañana que sobre el bien planchado. rayadillo ha- unAinfierno; bien embocadoslas lomas eran todos los accía destacar una roja cruz de Montesa y. la cesos y atrincheradas las laderas, el enenegra corbata de seda bajo un irreprochable cuello parado con puntas viradas, él, el migo regaba de proyectiles el terreno en viejo veterano, mascando la cachimba, se que ia columna, á duras penas, intentaba desplegar. Antes de que pudiese romper el dijo: fuego. el grueso, la matad de la- guerrilla y Vaya, otra difunción y otra coronita por buen- a parte de la compañía de vaaga- ardia suscripción. En la. casa- vivienda del ingeniero cena- rodaban muertos- ó heridos. El capitán de ron aquella noche todos los oficiales, acep- la higenie bramaba comoá. un toro cuantío todo correr de tando la espléndida hospitalidad del due- la sección de Artillería, ño, un autonomista finísimo á quien el gue- sus mulos, llegó al lugar comprometido, y, rrillero hubiera querido ver guindado de en un abrir y cerrar de ojos, tronaros los una guásima, por eso, por. autonomista, sin cañoncitos; pero el enemigo preparaba, siix que le apiadaran los ojos negros y la bo- duda, un golpe- de efecto, y desde el negro quita de cereza de la niña Concha, los diez vientre de cercano cay se desgajó ua eny seis abriles más bonitos de Vuelta Abajo. jambre, gritando: ¡A las piezas! ¡Al ma El artillero, mirado por todos con. aque- chete! La voz del artillero, más segura, más lla especie de lástima que inspiraban los recién llegados á la Isla, hizo el gasto de firme, más enérgica qae el mismo ruido del conversación con sus notícia 3 frescas de combate, se oyó clara- y vibrante: ¡Con España y sus preguntas acerca de la gue- bote de metralla La rociada contuvo el rra. La cortesía de sus nuevos compañeros, ataque a pocos pasos ya de la pieza: una estimulada por la simpatía de su persona, compañía lanzóse á la carga, y el empujón dióle libertad de expresión, y en pocos mi- se llevó por delante al enemigo más aílá de nutos su carácter franco y abierto había las lomas. Después, el avance fue. goneraí; destruido- por completo cierto efectillo de todos corrían- como locos, frenéticos, hacia la cruz de Montesa entre aquellos que, aun- aquellas trincheras. abandonadas ya jx r los que rotas, torcidas y sin esmaltes, llevaban- defensores; atrás quedaban en el suelo musobre las astrosas guayaberas algunas cru- chos soldados, y. entre eliós. eT teniente Alces rojas. var, la mano sobre usa mancha roja de Precisamente era lo que al teniente Al- su pecho, los ojos inmóviles, fijos, abiertos var de Quincoces había llevado á Cuba, de- al cielo, tan azul, tan sereno, tan limpio co jando sus cenas de la Peña, su butaca del mo sus pupilas. El convoy de heridos era largo; la coReal y un flirteo con cierta belleza de lasque hacen agradable y compatible lo ma- lumna, como una sierpe que- se desprende duro y. lo verde: una cruz roj- a. Era todo de sus anillos, siguió adelante, y un trozo lo que el artillero ambicionaba- y tal inge- emprendió la evacuación de aquellas caminuo acento, tal militar naturalidad. dio á llas, de. las que cada, día se vaciaban algusus frases, que aquellos de las cruces tor- n- as en. fosas, cavadas de prisa, ai pie de fes cidas y sin esmalte, sintiéndose por ellas copudas, ceibas ó en un rincón agreste de en un escalón más alto que quien aspiraba manigua. Cuando el triste convoy- pasó á lucirlas ¡oh humanidad mirgraa ya- por el batey dgí ingenio. fúncMia, el ar, HISTORIETAS el país no está dispuesto á soportar sus embustes. SUTILEZAS D 5 UN MiNlSTRO El ministro del Interior es un hombre muy original. Para serlo, y por diferenciarse de la gente, procura á todo trance huir de aquellas, expresiones en que el resto de los mortales acostumbramos á interpretar los pensamientos- El señor ministro tiene un léxico para su uso particular. Siguiendo este criterio acaba de dictar una circular prohibiendo las publicaciones nefandas. Esto, de nefando en resumen, quiere reíwirse á todo lo que no conviene á ¡a política- del parí ido. Parecía natural que en la a r e l a r se Hablase de las publicaciones qu contienen teorías inmorales, doctrinas subversiva. atentatorias á la dignidad humana ó contra a moral establecida; pero esto no, era lo qtit. el ministro deseaba, porque en ninguna de as designaciones había manera de envolver á ios periódicos hostiles al Gobierno ó al régimen. Así con la espada de Damócies sobre la cabeza, cualquier periodista sabrá á lo que se expone y lo que le puede suceder en cuanto desagrade al ministro del Interior. ENTRE SOS TORMENTAS El telégrafo ha anticipado ya á los lectores de A B C los emocionantes detalles del naufragio dei Veronesse en las rocas de Oporto. La catástrofe produjo aquí grandísima emoción, y los habitantes de Oporto realizaron esfuerzos inauditos para acudir en auxilio de los desdichados náufragos, que durante muchas horas tuvieron la. jn- uerte delaute. de ios ojos. Entre esos desdichados había algunos conspiradores portugueses que emigraban. á América en busca de tranquilidad y vida llueva. Pero no era eso lo que el destino les reservaba. Los que 110 encontraron la rnuer ¡te en la lucha con las olas, han ido á perder lentamente la vida en los calabozos del presidio. ALFONSO GAYO. Lisboa, Enero 1913. ECOS VARIOS DE SOCIEDAD Con objeto de tomar posesión de su cargo de ministro, de Rusia en Stuttgart, ha salido para dicha capital M. Lennontoff, acompañado de su distinguida espesa; mi la estación fueron despedidos por muchas personas de la alta sociedad madrileña y por gran número de diplomáticos, entre los que Eguraban cí ministro de Bélgica y el personal de las embajadas; de; Francia, Inglaterra y Rusia. El día 31 contrajeron matrimonio en la iglesia de San Sebastian la bella señont? Esperanza Huerta y Gonzalo y el distinguido propietario de Torrelaguna L Julio anz Vero. En la parroquia de San Marcos ha contraído matrimonio la bella señorita Rita. García Vicente, hija de nuestro querido amigo D. Ismael García Alvarez, con el distinguido médico D. Isidro. Mójales. Ha fallecido en Gljón la distinguida señora viuda de Menéndez de Luarca, ina 3 re de la condesa de Revillagigedo. A toda la aristocrática familia da la finaba enviamos nuestro pésaiiig,