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A S C. MIÉRCOLES iS DE NOVIEMBRE PE u PAG- 11. La señorita oyó los disparos e ínstanf 3 ñeamente sintió un golpe en la mejilla de recha. Se llevó la mano á la cara y la retí íó llena de sangre. Fue conducida en un coche á la Casa d Socorro del distrito del Congreso, dónde? fue curada de una herida calificada de levcj y que, según parece, fue originada por el rebote de una de las balas. PARD 1 NA ERA ANARQUISTA El criminal. EN LA CASA DE SOCORRO J guardias de Orden público, que acudieron al ruido de los disparos, uno de ellos j; l 178, José Herrera Gómez, recogieron 1 Éel suelo al asesino y en el coche de plaza número 25 le trasladaron á la Casa de Socorro del Centro. En el trayecto, desde la Puerta del Sol 1 ¡hasta la plaza Mayor, el herido no articuló lina sola palabra. Respiraba fatigosamente exhalaba muy débiles quejidos. ¿Los doctores Caruso, Dupuy, Marañen y Méndez y el practicante Sr. Ramos, se hicieron cargo de él y le depositaron en la ¿ama de- operaciones para proceder á su Reconocimiento y á la consiguiente cura. Presentaba una herida en el cráneo, con jD rificio de entrada por la región temporal Berecha y de salida por el parietal izquierdo. La bala había causado en el cerebro horribles destrozos. Desde el primer momento jse vio que el estado del herido era desesperado. Los médicos le aplicaron, para reaniSnarle, inyecciones hipodérmicas; pero todo! fué inútil. A los pocos momentos de ingresar en la Casa de Socorro llegó al benéfico establecimiento el jefe superior de Policía, señor Fernández Llanos; la mayoría de los concejales del Ayuntamiento, el secretario de; la Corporación, D. Francisco Ruano, con ifel presidente de la Casa de Socorro, señor jpliveros, y una nube de periodistas y fotógrafos de los periódicos gráficos, que hicieron varias fotografías al magnesio. -La aglomeración de gente fue tal alrede Sor de la cama de operaciones, que los médicos no tuvieron mas remedio que requeric leí auxilio de la fuerza pública para despej a r la sala, sin distinción de clases ni categorías, y sólo quedaron en ella las persoíias que, ppr sus deberes profesionales, tefiian necesidad de estar allí. V EL JUZUADO DE GUARDIA 1! A las once y media de la mañana, cuanflo el Juzgado de la Latina, que actuaba de ¡guardia, se Hallaba en la calle practicando algunas diligencias, se recibió un aviso teleíonico de la Casa de Socorro del centro, ¡dando cuenta de que acababa de ingresar ¿n hombre herido de arma de fuego en estado gravísimo. Inmediatamente, sin solución apenas de continuidad, el telefono vollyió á llamar para dar cuenta del asesinato Bel presidente del Consejo y ampliar la Shoticia de que el herido de la Casa de Socorro era el agresor del Sr. Canalejas. El juez de guardia, en cuanto regresó á la Casa de Canónigos y se enteró de lo jjué sucedía, sin apearse del coche se enKaminó á escape á la Casa de Socorro de la plaza Mayor. Constituían el Juzgado el jjuez, D. Manuel Algoras; el secretario, sefior García Inés; el oficial D. Benito García y el alguacil Ramos. El estado del herido hizo imposible todo interrogatorio. El juez tuvo que limitarse %o rdenar que se le registrase. Estaba tendido sebre la cama, apoyada la cabeza en una almohada, manchada por Ja sangre que caía de las sienes en dos hilos rojos. El rostre, intensamente lívido, gstaba cubierto hasta les ojos por un paKuelo blanco. Tenía! a americana y el chaleco desabrochados, dejando ver la camisa, blanca, con listas de color. (Vestía pantalón azul marino en muy íñien uso, y una pelliza gris; calzaba botas He color y calcetines marrón: traje interior Sázul, de punto, y corbata d r seda verde. Al cometer el atentad sr cubría con un sombrero flexible, nesr F. ra rubio, de aspecto juvenil, y llevaba ua pequeño bigote rubio- Sé Ié encontró en los bolsillos tina partí, da de bautismo á nombre de Manuel Pardina berrato Martín, natural de Ül Grado (Huesca) hijo de. Pedro y de Vicenta, nacido el 13 de Enero de 1880. Tenía, por lo tanto, treinta y dos años. Se le encontró, además, el retrato de una bella mujer, cuya dedicatoria dice: A mi inolvidable Manuel un billete de 25 pe! setas, 16 pesetas en plata y 1,55 en calderilla; un cuaderno manuscrito que contenía varios datos sobre el estómago humano, y otro en cuya portada sólo dice: Conflagración internacional y París conteniéndose en él una especie de clave, en la que mezcla palabras francesas y españolas y ciertos signos rarísimos, y una caja de cerillas. Desde la Casa de Socorro, el Juzgado se trasladó al ministerio de la Gobernación, en donde se encontraba el fiscal del Tribunal Supremo, Sr. Pórtela, y el de la Audiencia, Sr. Mena. Desde allí se llamó por teléfono al juez del Centro, D. Felipe Santiago Torres, para que se hiciera cargo de las diligencias practicadas, por corresponderé la causa. El Sr. Torres conferenció extensamente con los dos fiscales, consultó algunos antecedentés en la sección de Orden público del ministerio, y á la una y media se dirigió á la Casa de Socorro con el fiscal, r. iviena, para ver si el herido se hallaba en estado de poder prestar declaración. Como no fue posible, porque estaba en estado preagónico, el juez se limitó á ordenar que se le registrase de nuevo. En este nuevo registro se le encontró en un bolsillo interior de la zamarra un trozo de la Astronomía popular, de Flammarión; un número de A B C, de ayer, una pluma estilográfica, una cédula personal y una carta del Comité internacional de Berna, en la que se le preguntaba si seguía trabajando en las obras del Palace Hotel. MUERTE DEL ASESINO Según los informes de la Policía madn leña, Manuel Pardina era anarquista cono cido, y como tal estaba filiado. Fue expulsado de la República Argenti- na á raíz del asesinato del jefe de Policía de Buenos Aires. La Policía bonaerense dio aviso de la salida á la de París, advirtién dolé que Pardina se proponía desembarcar en Marsella ó en Burdeos, para trasladara se después á España, y que era un elemento muy peligroso, que se proponía atentar contra la vida de una. elevada personalidad española. La Policía, de París trasladó el aviso la española. Posteriormente se supo que Pardina había estado en Barcelona. La Policía de esta capital avisó á Madrid la salida del anarquista, con dirección 2. esta corte. La comunicación fue leída en el último Consejo de ministros, y de ella, se dio eií seguida cuenta á la Jefatura Superior dé Policía. En el propio sentido se recibieron informes de Valencia. España Nueva asegura que la Policía madrileña conocía perfectamente al criminal, porque el día 9 de Octubre se dio or, den de tirar 60 fichas de él, copiadas de lag que envió la cárcel de Huesca, y que anteanoche mismo estuvo á punto de caer é las manos de los agentes, pero se escapó. En la Puerta del Sol- -dice el periódico! republicano- el jefe de la Ronda de in vestigación, Sr. Villolpa, que sin duda iba criminal, le quiso detener; né- A las dos y cuarto el herido entró en el siguiendo alnotoria torpeza, que elJPardms ro con tan período comatoso. A las dos y veintitrés se escabulló y desapareció de la vista de stt minutos dejó de existir, sin haber podido perseguidor sin ninguna dificultad. articular una sola palabra y sin haber recobrado el conocimiento. ¿PREMEDITACIÓN A las tres y media fue trasladado al DeDEL ATENTADO? pósito judicial. La fuerza de Seguridad de CaFallería tuvo que despejar la plaza MaDice anoche La Época: yor para que el furgón pudiera salir. No cabe duda de que Pardina tenía Hoy, á primera hora, se le practicará la bien meditado el crimen, y que buscaba, autopsia. ocasión propicia para realizarlo, como 1 DOS HERIDOS demuestra el hecho siguiente: Ayer, próximamente á las dos dé la En la misma Casa de Socorro ingresó, á las doce de la mañana, un joven llamado tarde, el portero del hotel que en la calle Víctor Galán Freig, de veinte años, natu- de Abascal tiene el ilustre escultor D. Ma- ral de Arayaca (Madrid) conserje de la riano Benlliuré, vio que por la acera de erjs Sociedad Filantrópica Moderna, y domici- frente se paseaba un sujeto alto, rubio, que liado en la calle de Toledo, 65, que solici- vestía traje azul obscuro y calzaba bota de color. taba el auxilio facultativo. Al principio no despertaron la curiosidad Presentaba una herida perforante de bala en el labio inferior, con rotura de un in- de nadie los paseos de. aquel desconocidoj pero viendo el portero del Sr. Benlliuré sil cisivo. La herida la recibió al pasar por el bor- tenacidad, y que no quitaba la vista de ls de de la acera, frente á la librería de San puerta del hotel, mientras entraba un mo Martín, y fue ocasionada por el rebote de mentó al interior encargó á la portera d ¡i tina de las balas disparadas por el asesino la casa contigua que no lo perdiera da vista. al suicidarse. Así lo hizo, pudiendo observar que t Algunos periodistas le interrogaron; pero inútilmente, porque el herido apenas se misterioso paseante, siempre que fijaba lá daba atenta de lo ocurrido. Sólo sabía que mirada en el hotel, procuraba ocultarse de- al oir las primeras detonaciones, volvió la tras de los troncos de los árboles. En. su. punto de observados permaneciS cabeza, y al ver caer al Sr. Canalejas y correr hacia él para socorrerle, recibió la hasta las tres y media: hora en que, sinduda cansado de esperar, se dirigió hacia bala que le hirió. También resaltó herida una señorita de la Castellana, en el preciso momento en que veinte años, Carmen Sanz del Moral, que llegaba el coche del Sr. Canalejas, ocupado descendió de un tranvía en la Puerta del por la esposa del infortuiiado presidente Sol y se dirigía á la calle de Carretas en del Consejo. el momeüto ca Que se cometía el asesJHatot El desconocido volvió, rápidamente sofera