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A B C. VIERNES 2 í DE JUNIO DE SFernand o Uríol, D. Enrique Messeguer y t J uan Cruz. LOS COMISARIOS EDICIÓN 1 PAG. 9. VUELCO DE UNA Para inspeccionar los servicios en los di- ¡versos punios del trayecto, ha designado ¡el K. A. C. E. como comisarios á sus socios Sres. Chueca, Ramírez de Arellano, Káinz de los. Terreros, Traumann, Reynot, Seret, Hurtado de Amézaga, Ortueta, Barpeló y otros. ¡i- EXXM 5 N DE LOS COCHES Eí Jurado los examinará antes de la carrera en un recinto reservado al electo en la Alameda de Guadarrama. Como el concurso está reservado á co ¡ches de turismo y de población, de tipo co mercial, catalogados por las casas constructoras, se advierte á los concursantes que no deben retirar de sus coches ningún órgano ni accesorio esencial del motor, armadura ó carrocería. Se consideran como órganos esenciales: el silencioso, aletas, estribos, depósitos de esencia, aparatos advertidores, faros y faroles, cubierta del motor, almohadones, etc. etc. en una palabra, cuanto forma parte integral de ün coche de turismo ó de ciudad. LA SALIDA La orden de salida se dará estando el coche parado á la entrada de la alameda de Guadarrama. Esta línea dista aproximadamente unos 800 metros de los pilares situados, al final de dicha alameda, en la línea de los cuales se dará la salida efectiva; es decir, que el concurso y, por tanto, los ¡tiempos que se medirán, son de los coches lanzados, como en el argot automovilista se dice, siendo el. recorrido exacto, según aseguran los organizadores, de siete kilómetros y 316 metros. Los desniveles varían de un 2 á un 12,80 por 100, siendo los desniveles más fuertes del kilómetro 53 al 55 de la carretera de La Coruña. en que se halla enclavada la famosa, cuesta. El orden de salida s dará por los númee ros que han correspondido en el sorteo efectuado anoche en el R. A. C. E. y que indicamos en el cuadro que acompaña á estas líneas, con objeto de que los, aficionados puedan utilizarlo para anotar los tiempos empleados por cada coche. Luis ZOZAYA. NECROLOGÍA Hace diez años justos, en el verano de 1902, el abandono y la negligencia con que cumplen los servicios públicos nuestras compañías de Tranvías originó una catástrofe espantosa: una jardinera que iba á remolque de un cangrejo se desprendió del co. che conductor al comenzar la pendiente de la Carrera de San Jerónimo, resbaló declive abajo con la velocidad uniformemente acelerada de un cuerpo por- un plano inclinado, volcó al llegar á la curva de la plaza de Cánovas, y del volquetazo resultaron heridos varios viajeros, uno de ellos, una señora francesa, tan gravemente, que al otro día falleció. La causa del accidente fue debida, según todos los informes técnicos, á que la jardinera no llevaba conductor. De haber ido en la plataforma un empleado que hubiere echado, el freno, seguramente la catástrofe no se habría producido. Comprendiéndolo así el juez de instrucción del distrito del Congreso, D. Joaquín Be- neyto, que, por cierto, acababa de tomar posesión del cargo, hizo desde el primer momento directamente responsable de lo ocurrido á la Compañía Madrileña de Tracción, propietaria del coche, y ordenó el procesamiento y prisión de su director, concediéndole después la libertad provisional bajo fianza metálica d e 250.000 pesetas. Como consecuencia de aquella catástrofe, se ordenó á las Empresas de Tranvías que ias jardineras que fuesen á remolque llevaran conductor y freno independiente de los del coche de tracción. Desde entonces las Empresas cumplieron la orden; es decir, la cumplieron hasta cierto punto, porque si bien es cierto que el conductor ya en la plataforma y que existen frenos independientes, lio ofrecen siempre las seguridades que debieran tener. Si las ofrecieren, el accidente de ayer no se habría seguramente producido. El accidente de ayer, como el de 1902, se debe, según todas las apreciaciones, á la negligencia y al abandono de una empresa explotadora de un servicio público. Y basta de exordio, y vamos al hecho, A las cuatro y media de la tarde de ayer bajaba á gran velocidad, por la calle de Argensola, el tranvía cangrejo número 33, remolcando á la jardinera 116. Al llegar frente á la calle de Orellana se interpuso en el camino un camión cargado de muebles; retrocedió el tranvía, cambió de vía para tomar la libre y se dispuso á seguir su camino; pero como el desnivel es muy acentuado y los rieles- estaban demasiado húmedos porque acababan de regar la calle, las ruedas patinaron y el coche se lanzó por la pendiente con vertiginosa rapidez. El conductor, Vicente Sánchez, se dio en el acto cuenta, de la catástrofe que se avecinaba y realizó titánicos esfuerzos para detener la marcha del tranvía. Pero todos los esfuerzos resultaron inútiles: el freno no agarraba el tranvía siguió su descenso vertiginoso, y como al llegar á la pequeña glorieta que forma la confluencia de las calles de Argensola, Fernando VI y Barquillo, el conductor, aterrado, intentara todavía un nuevo esfuerzo ei último, el freno se rompió; el tranvía dio un alto, se salió de los rieles, siguió por el asfalto, en el cual abrió dos profundos. carriles, y como un proyectil fue á empotrarse en el chaflán de la casa de enfrente, en donde hay establecido un alma- cén de telas. El choque fue brutal, espantoso. Escapa- rates, lunas, puertas, muestra, cuanto constituía el adorno exterior de la tienda quedó deshecho y roto ame el empuje formidable de la inmensa mole que se les vino encima. La jardinera vólcó; hacia la izquierda, frente á la calle del Barquillo, arrastrando en la caída un puesto de horchata que había en la esquina y. un carrito que allí estaba parado. Carrito y puesto quedaron, como la fachada de la tienda; hechos astillas; pero como no hay mal que por bien no venga, impidieron que la jardinera, volcase del todo. Quedó, pues, ladeada, y gracias á ello los viajeros que llevaba sufrieron menos de! o que seguramente habrían padecido de haber sido el vuelco, completo. Creemos inútil describir la espantosa coá, fusión que en el primer momento se produjo. Los viajeros que iban en los dos coches, al darse cuenta de la inminencia del choque, se pusieron á dar gritos desesperados de socorro, poseídos de indescriptible. pánico; gri- taron los transeúntes, gritaron las señoras que llenaban la tienda y que vieron que se les echaba encima la mole del tranvía; gritaron los dependientes, previendo la catástrofe de las lunas rotas, y cuando el griterío era mayor y mayor el espanto, sobrevino el estrépito del choque y la rotura de cristales y el crujir de astillas, y mezclado con ello las lamentaciones de angustia y los ayes de dolor de los heridos. Vecinos y transeúntes acudieron en auxilio de los viajeros, sacándolos de la jardinera volcada y del tranvía empotrado en el escaparate. El guardia de Seguridad num. 604, Benito Matamoros; el municipal núm. 659, Manuel García; D. Francisco de P. Martínez, capitán de Equitación, que viajaba en la plataforma del tranvía, y resultó milagrosamente ileso; Amadeo Valcárccl, chauffeur de la marquesa del Pazo de la Merced, y el soldado. de Administración militar Emilio Salcedo Velasco fueron, con alguno otro más cuyo nombre no hemos logrado averiguar, de los que más se distinguieron en el generoso y pronto auxilio á los heridos, transportándolos á la Casa de. Socorro yx á las farmacias próximas Los dos últimos, el chauffeur y el soldado, recogieron al herido más grave, que se hallaba exánime bajo la jardinera r D. Hermenegildo Montes, domiciliado en la calle de Tráfalgar, número 4. Este pobre señor se hallaba muy grave; presentaba una herida de consideración, en la pierna izquierda, otra de grandísimo cuidado én ei cuello y, otras en la cabeza. El soldado Salcedo y el chauffeur Amadeo Valcárcel le cogieron en brazos, y por la calle del Barquillo se encaminaron con él á la Policlínica de Tamayo. A los pocos pasos se cruzaron con un coche de punto, el 638; que venía en dirección opuesta, ocupado por un caballero elegantemente vestido. Rogáronle ambos que ¡es cediese el carruaje para transportar al herido. pero el caballero, que sin duda no se dio cuenta de la inminente gravedad del caso, no sólo se negó á ello, sino que contestó en forma un tanto ruda; el soldado entonces le agarró de las solapas, le expulsó del coche y, colocó. gn su lugar. al. herido. DON ANTÓN) O SÁNCHEZ PÉREZ Ha fallecido en esta corte D. Antonio Sánchez Pérez, uno de los pocos escritores de la época revolucionaria. Durante más de cuarenta años colaboró asiduamente en la Prensa liberal madrileña, y dirigió algunos periódicos, e, itre ellos El Mundo Moderno, Gil Blas. El Solfeo, El Orden, La Vanguardia y La República. En política militó. al lado de Pi y Margall, y no desempeñó más cargos públicos que el de gobernador civil de Huelva al ser proclamada la República. Publicó varios libros, y también escribió algunas obras para el teatro, de las cuales fueron las más celebradas Caer en gracia, Mercurio y Cupido, Juan Palomr j La puente y- el vado. Era. en la actualidad catedráticoTdel Instituto de San Isidro, y siempre fue persona de ameno y afabilísimo trato. Costeado por la Asociación de la Prensa, esta mañana se verificará el entierro del veíerano escritor.