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A BC. MARTES n DE OCTUBRE DE 1910. EDICIÓN i PAG. 4 Ultimátum y quedó como canción republicana. -No le extrañe á usted esa frialdad- -me dice un caballero portugués que vial en el mismo vagón; -el aldeano portugués es menas político que. el español. Llámelo usted indiferencia ó ignorancia, lo que quiera; pero el hecho es ése. Hay aquí. más caciquismo rural que en España, y menos vocación de la gente labriega hacia las cosas de gobierno. Le interesa mucho que la tierra dé grano, y el olivo, fruto, y el alcornoque, corteza; pero ignora muchas veces quién la gobierna. Por lo demás, del Tajo para abajo, lo que quiera Lisboa; del Tajo para arriba, lo que quiera Oporto. La rivalidad de ambas ciudades y ambos puertos trasciende á la nación. Puede afirmarse ahora que si Oporto ha secundado el movimiento político de List oa, la República está proclamada en todo Portugal. Pero no se olvide que cuando en Oporto ¿ubo un movimiento de opinión república na, Lisboa se manifestó monárquica sólo ipor partir de su rival aquella agitación. Nada hubiera tenido de. particular; que ahora la oración se hubiera vuelto oor: pasiva. PAÍS REPUBLICANO 3i no fuera porque, los, campesinos cudren la cabeza con el clásico barret- espeeie de barretina catalana- -y que abunda Ja elaborada con lana verde y: roja, no hubiéramos visto los colores republicanos, portugueses más que en. la inedia docena de banderas que llevan otros tantos regocijados viajeros de nuestro tren. En Abrantes, población relativamente importante, 1 plaza fuerte, estación ferroviaria de empalme, hay mucha gente. Habla de negocios, de compra y de venta de maderas, de vinos. No se oye un viva á nadie. Es cierto que los carabineros desaparecieron con las estaciones próximas í la frontera. En Portugal no hay Guardia civil, ni fuerza pública alguna para custodiar los trenes y las estaciones. La autoridad de los jefes de éstas basta. Y como eran los carabineros los de los rítores, claro es que jos vítores no vuelven á oirse hasta Entroncamiento, donde un gru o de veinte ó treinta- jóvenes paisanos vi torean á la República portuguesa. ¡Ah! y á los periodistas españoles, que, naturalmente, quedamos agradecidos. De Abrantes á Entroncamiento viajó con nosotros un apreciable ciudadano, vecino muy principal de la primera de aquellas localidades. Es un acaudalado propietario, según, manifestación propia, consejero municipal y republicano, por más señas. Es el que me cuenta lo que ya he telegrafiado: que una vez conocida la proclamación de la República en Lisboa, el pueblo, que también es republicano, ha ido á los cuarteles á izar el pabellón rojo y verde. La Infantería no se ha opuesto; la Artillería sí ha protestado de que no ha recibido instrucciones de la superioridad. Pero ha dejado hacer, y en sus barbas se ha gritado: ¡abajo la Monarquía! y. i viva la República! Es el propio consejero municipal republicano de Abrantes quien me dice que el golpe ha sorprendido á él y sus correligionarios. Le esperaban para más adelante; lo más pronto, para Noviembre. ¿Qué es Jo que le ha precipitado? ¿La muerte del doctor Bombarda? ¿La prisa de algunos comprometidos y ya incurridos en sospecha, hasta el punto de ser inminente su relevo? -De todos modos, tenia que suceder- -agrega; -la funesta labor del Gobierno antes, en y después de las elecV- s ha- bía de dar este resultado. La revolución la ha hecho el bloque. Pero no nos hacemos ilusiones: el bloque no es la República. Las dificultades sur- giran pronto y grandes; más grandes qué esa fortaleza que tenemos delante. Y señalaba al precioso castillo de AImoror, que se levanta airoso y conservando su carácter clásico sobre un islote en el centro del Tajo. LA FRAGATA X De Entroncamento salimos en el rápido de Oporto, sin saber donde tendremos que apearnos: unos dicen que en Santarem; otros, que en Villafranca, dónde está cortada la. -línea. Hay también quien afirr ¿a que el nuevo Gobierno, previéndolo todo, tiene allí un vapor oara trasladar á los viajeros á Lisboa... i Sí, sí. En Villafranca nos apeamos, y en Villafranca no hay nada. Es decir, hay seis leguas de carretera hasta Lisboa, para recorrerla unos ratos á pie y otros andando. Coches, ¡Dios los dé! Automóviles, había uno, el del ganadero Sr, Palha, pero sé le han llevado á la capital. Vapo- res; ni; pintados. Los pescadores vuelven de la pesca con enorme, carga de- sardinas y nó toleran que se les. hable de viajes, ni de República, ni dé naranjas de la China. Por fin, un alma piadosa, surgida de uno de los arrabales de esté pintoresco pueblo de pesca, en él que lo más notable que hay es un; a primorosa plaza de toros del citado- ganadero, ai lado del cementerio, como para qué sus. toros envíen de una cornada al otro mundo á los diestljps sin gastos de entierro; un alma piadosa nos ofrece una fragata que nos llevará en un santiarnén á Lisboa. Una fragata por 10.009 reís... ¡Venga en seguida, esa Numancia! Y viene la fragata, que es un barquichuelo de pesca con un palo, dos velas y uri patrón; que había én portugués más que Melquíades Alv rez en español. Embarcamos unos cuantos pasajeros, en tre ellos dos señoras y una paysana, que luego nos resultó una Luisa Michel en punto á ideas subversivas. Zarpamos á las cinco con viento suave de tierra. Y á todo esto, sin más noticias de Lisboa que las ya conocidas, telegrafiadas y hasta rectificadas, y sin oír más vivas á la República entré la gente que nos despedía, pienso yo que diciendo con. el poeta. Allá va la nave ¿quién sabe do va? Y vino á Lisboa en tres horas, corridas de talle, mientras el patrón charlaba por los codos y la paysana cantaba fados y aires revolucionarios desafinados, entre trago y trago, para distraer el miedo y el mareo. Al pasar frente á Pazo d Obispo, ya cerca de Lisboa, se oyen claramente algunos disparos. Nuestra Luisa Michel- deja de cantar. La verbosidad se convierte én llorona y pide que nos volvamos todos á Villafranca. Le falta poco al pasaje para acordar por unanimidad arrojarla al agua. Por fin atracamos en un extremo del puerto; señoras y caballeros trepamos por unas escalas colgantes, haciendo magníficos equilibrios, y cuando pusimos pie en tierra vuelven á amenizarnos los oídos nuevos y más cercanos disparos de arma de fuego. En los muelles no hay alma viviente, amén de un hombre de mar que ayudó á la maniobra del barco desde tierra y que se niega á servirnos de guía porque, según dice, en la ciudad está la cosa muy fea: hay tiroteó, vienen tropas leales sobre Lisboa, y nos aconseja que, por lo menos, pasemos la noche en los barrios bajos. Pero emprendemos la caminata con ía maleta á cuestas... DESHACIENDO LA LEYENDA Lisboa, luce su espléndida iluminación, pero aparece casi desierta. No se oyen más disparos. Muelle arriba, viene un camión automóvil con pasajeros que gritan: ¡Viva la República. Son soldados que pasean su triunfo por la ciudad. Diversos puntos de la parte central están ocupados por fuerzas, de Caballería. Las esquinas las guardan soldados de Marina. Ya lo he telegrafiado. -Aquí la gente quita fierro k lo sucedido. La caída de la Monarquía es un hecho El derramamiento de sangre- también, aunnue, por fortuna, no tan copioso como se había anunciado... ¿Por qué se ha cortado la línea férrea en Villafranca? ¿Por qué sé han roto los hilos telegráficos? Los tiros que oímos en los arrabales y en el puerto, ¿eran de lucha ó... de comedia? Los testigos todos de la batalla del otro día convienen en que aquélla no fue un Puente de Alcolea, ni muchísimo menos. Hubo víctimas, sí; las inevitables cuando juegan, la pólvora y el plomo... En el Avenida Palace y eñ la estación de Rocío se refugiaban soldados de las tropas leales, diciendo: No queremos disparar contra nuestros hermanos: La resistencia fue, pues, débil; la acometida, confiada... El aparato militar continúa, con gran satisfacción de los cocheros de 1 punto, que piden cinco ó seis mil reis por ir dé tina calle á otra, como quien dice, todo á pretexto de que hay riesgo... Por cierto que mientras éseribo estas líneas oigo que una voz robusta y serena dice en el hall del hotel: -Debieron marcharse cuando quiso la abuela: cuando vino por ellos á raíz del regicidio dé Febrero. La pobre condesa de París lo vio claro entonces, como lo vimos todos y como lo dije yo desde la emigración. Me levanto para bir quién es él que habla así, y veo sentado junto á una mesa, rodeado de amigos, al venerable político, antes gobernante monárquico, hoy radical y seguramente revolucionario, señor Alpoim. ¡Buena ocasión para una interviú... Lisboa 7 Octubre igio. LA SITÚACIOV Es indudable que la situación se agudizó no poco, y ello no sorprendió á la gente que discurre con serenidad. Siete mil hombres, que componen la actual guarnición de está capital, son los dueños de Lisboa. ¿Es la opinión de cerca de 4 Q 0.0 Q 0 habitantes la que ha triunfado al triunfar aquellos 7.000 soldados? ¡Pero quién habla de; 7.000- 1 Los verdaderos amos son los mil marinos que han desembarcado, y que figuran en todas partes y en todos los actos. En ellos ha depositado el Gobierno provisional su confianza. Pudiera decirse que la ha delegado. Ahora bien; los marinos no son soldados propiamente dichos. No son, por lo menos, los hombres que por sorteo ingresan en filas y sirven dos años en activo, llenando las funciones de la milicia. En lo que tienen de militares lo son profesionales. Ingresan de grumetes, van ascendiendo hasta llegar á sargentos y prestarservicio diez, doce ó más años. Hacen de la Armada un oficio. Son hijos de los barrios bajos y arrabales de Lisboa, y ñor esa su condición humilde lili I ¡tt ¡ní ¡SI 8 ÍIÜ NlíBWmrí nnntiai- tj- -TM i i