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A B C MARTES 5 DE ABRIL DE 1910. EDICIÓN PAG. 2. FOLLETÍN 0 E A B C EL PERFUME DE LA DAMA ENLUTADA (Continuación. Dicha torre tenia cerca de treinta metros (en medida moderna) de diámetro exteriormente, y se componía de una batería baja cuyo piso estaba colocado cerca de dos metros por debajo del nivel superior de la meseta. Bajábase á aquella batería baja por una pendiente, llegando á una sala octógona, cuyas bóvedas descansaban sobre cuatro gruesos guares cilindricos. En aquel cuarto había tres enormes aberturas para tres guesos cañones. Aquella era la sala que Edit hubiera querido convertir en comedor; era fresquísima por el formidable espesor de los muros, y la luz podía penetrar r chorros por aquellas aberturas, que habían sido agrandadas en cuadro, y formaban ahora ventanas guarnecidas también de espesos barrotes de hierro. Aquella torre L, de la cual se había apoderado el tío de Edit para trabajar y colocar sus colecciones, tenía un maravilloso terraplén adonde Edit había hecho transportar tierra árabe, plantas y flores, creando así un asombroso jardín aéreo. Una choza cubierta de hojas secas de palmera formaba allí un lindo retiro. He señalado en el plano, con color gris, todos los sitios que, bajo la dirección de Edit, habían sido restaurados y preparados para ser habitados. Del castillo del siglo xvn, llamado Castillo Nuevo, sólo habían reparado en C en el primer piso, dos cuartos y un saloncito para los amigos. Allí era donde Rouletabille y yo habíamos de dormir; Roberto y Matilde tenían sus habitaciones en la torre Cuadrada, de la que hablaremos muy particularmente. Dos piezas, en la planta baja de aquella torre Cuadrada, quedaban reservadas para el viejo Bob, que dormía allí. El Sr. Stangerson habitaba en el primer piso de La Loba, por bajo de los esposos Ranee. Edit quiso enseñarnos nuestras habitaciones. Nos hizo atravesar salas abandonanadas y muy estropeadas, pero cuyos restos demostraban el antiguo esplendor del Castillo Nuevo, fruto del capricho de un Mortola. En cambio, nuestros cuartitos en nada recordaban aquel magnífico pasado. Limpios é higiénicos, sin alfombra, con pintura de laca clara, con muy pocos muebles, á la moderna, nos gustaron mucho. He dicho que un saloncito ¡enaraba nuestras dos habitaciones. Mientras me ponía la corbata, llamé á Pepe, preguntándole si estaba listo. No recibí contestación. Me fui á su cuarto y noté con sorpresa que ya se había ido. Me asomé á la ventana, que daba, como la suya, al patio de Carlos el Temerario. El patio estaba vacío, habitado sólo por su hermoso eucalipto, cuyo olor penetrante llegaba hasta mi. Por encima del parapeto del bulevar veía la inmensa extensión de aguas silenciosas. El mar se había vuelto azul obscuro al caer el día, y las sombras de la noche eran visibles en el horizonte de la costa italiana, agarrándose ya á la punta de Ospedaletti. Ningún ruido sobre la tierra ni en el cielo. Únicamente en el minuto que precede á violentas tormentas había observado semejante inmovilidad de la Naturaleza. Pero, en la hora presente, nada semejante era de temer, y la noche se anunciaba serena. Mas. 6 qué sombra es esa que aparece? ¿De dó de viene ese espectro que se desliza sobre las aguas? En pie, en la proa de una barquilla que un pescador hace adelantarse, he reconocido la fisrura de Larsán... Quién se equivocaría, quien ti ataría ét vivamente al antiguo adorador de la maequivocarse? Por desgracia, 110 hay duda jestuosa Matilde? Esos son secretos del o posible. Y- si aquellos ante quienes viene razón. Lo cierto es que al frotar que se enaesta noche estuviesen dispuestos á no aeer moraba de aquella mujer, Ranee se embo- que fuera él, tan amenazadora coquetería riacho de firme. Sin. duda cometió alguna pone en exhibirse en todo su aspecto de insigne torpeza ó soltó alguna frase poco otros tiempos, que no les desengañaría más correcta, pues miss Edit le pidió en voz alta aunque gritase: ¡Soy yo! que no le dirigiera más la palabra. Al día siguiente, Ranee hizo presentar ¡Es él! jes él! La barca, silenciosa, con su estatua inmóvil, rodea el castillo. Ahora oficialmente sus excusas á miss Edit, y jupasa bajo las ventanas de la torre Cuadra- raba no beber nunca más que agua: -había da, y luego dirige su proa hacia la punta de cumplir su promesa. de Garibaldi, en dirección á Rochers RouDesde larga fecha conocía Ranee al bueges. Y el hombre sigue en pie, con los no de Munder, al viejo Bob, según le llamabrazos cruzados, vuelta la cabeza hacia la ban en la Universidad; un tipo extraorditorre, aparición diabólica á comienzos de nario, tan célebre por sus aventuras de exla noche, que, lenta y solapada, se acerca plorador como por sus descubrimientos de á él por detrás, lo envuelve en u gasa li- geólogo. Aunque de carácter muy dulce, no gera y se lo lleva tenía igual para cazar el tigre de las pamAhora, bajando la vista, percibo dos som- pas. Había pasado la mitad de su vida de bras en el patio del Temerario; se hallan profesor en el Sur de Río Nc o, en Pata- en el ángulo del parapeto, cerca de la puer- gonia, en busca del hombre terciano, ó, tecita de la torre Cuadrada. Una de aque- cuando menos, de su -ueleto, no del anllas sombras, la mayor, retiene á la otra y tropopiteco ó de algún otro pitecántropo, suplica. La más pequeña quiere escaparse; más ó menos parecido al mono, sino del diríase que se dispone á salir corriendo ha- verdadero hombre, más robusto, más podecia el mar. Y oigo la voz de Matilde que roso que el hombre actual, del hombre, en fin, contemporáneo de los- orodigiosos madice: míferos que habitaron el globo antes de la- ¡Tenga usted cuidado! Ha preparado época cuaternaria. alguna infamia. ¡Le prohibo á usted que me (Continuará abandone esta noche! Y la voz de Pepe: -Tendrá que abordar. ¡Déjeme ir á la DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL orilla! ¿Qué va usted á hacer? -grita la voz de Matilde. -Cuanto sea menester. TABAC De nuevo la voz de Matilde, la voz espantada Juan Picó es un pobrecito viejo de se- ¡Le prohibo á usted que toque á ese tenta y ocho años que se gana la vida como hombre! vigilante nocturno en las obras en consY no oí más. trucción. Al llegar la noche, Juan Picó va Bajé y hallé á Pepe solo, sentado en el á la obra, desoide á los operarios, enciende brocal del pozo. Le hablé y no me contes- una hoguera, se envuelve en un capotón y tó, como á veces le ocurría. Me fui al pa- espera la nueva aurora. Cuando amanece y tio primero, y allí me encontré con Rober- los obreros vuelven á reanudar su trabajo, to, quien yiiro hacia mí muy agitado. Me Juan Picó apaga la hoguera y emprende la gritó de lejos: caminata hasta el tugurio donde hafeita. ¿Le ha visto usted? Esta es la vida de Juan Picó. -Sí, le he visto. iiene un hijo que es trapero; tiene un- -Y ella, ¿sabe usted si le ha visto? perro, Tábac, ciue es su más fiel amigo. Es- -Le ha visto. Estaba con Rouletabille tos dos seres componen la familia de Juan cuando pasó. ¡Qué audacia! Picó. Roberto temblaba aún. Me dijo que tan pronto como le vio corrió al ribazo como La otra noche hacía un frío cruel, y á las un loco, pero que no llegó á tiempo á Ja dos de la madrugada no se veía alma vipunta de Garibaldi y que la tarca había viente por los bulevares. Un guardia de desaparecido como por encanto. Roberto Seguridad, refugiado en el quicio de un me dejó en seguida para acudir hacia Ma- portalón, daba patadas contra el suelo para tilde, ansiando saber en qué estado de áni- desentumecerse un poco. De vez en cuanmo iba á encontrarla. A poco volvió, triste, do, un automóvil pasaba veloz, llevando y abatido. La mierta de su cuarto estaba una pareja amorosa ó algún juerguista que cerrada: su mujer deseaba estar sola un volvía de hacer la noce en Montmartre. Helaba. instante. ¿Y Rouletabille? -pregunté. De pronto, el agente de Policía advirtió- -No le he visto. que se acercaba á ét, frotándose contra sus Quedamos juntos en el parapeto, miran- piernas, un perro. do la sombra que se había llevado á Larsán. ¡Pobre animal! -pensó el policía. -1 Debe haberse extraviado! Roberto estaba tristísimo. Para dar otro giro á sus pensamientos, le Pero el perro gruñía, daba saltos, meneahice algunas preguntas sobre lo? esporos ba la cola impaciente y empujaba con la cabeza en las piernas del guardia... Iba Ranee, á las que acabó por contestar. Así fue cómo, poco á poco, supe que, des- hasta la esquina, volvía hacia donde el pués del proceso de Versalles, Ranee había agente estaba, de nuevo echaba á andar hasta la esquina otra vez y gruñía quedo, regresado á Filadelfia. Una noche, en un banquete de familia, muy quedo, como si suspirase ¡Qué diablo le ocun irá á este perro I- -le sedujo una joven que se hallaba á su lado y en quien había notado espíritu literario, murmuró el guardia... Y abandonando el quicio de la puerta cosa sumamente rara en sus bellas compatriotas. Nada tenía de ese tipo desenvuelto, echó á andar detrás del animal. El perro delante y el policía á la zaga, reindependiente y audaz, cuyo producto es la fluffy- ruffles tan generalizada en nues- corrieron el bulevar y se internaron en la tros días. Un tanto desdeñosa, dulce y me- rué Richelieu. El perro constantemente lancólica, de una palidez interesante, más volvía la cabeza para convencerse Je que el bien recordaba las tiernas heroínas de Wal- guardia le seguía; saltaba á su alrededor ter Seott, que era según parece, su autor le lamia las manos alegre... Y así llegaron el animal el guardia favorito. jCómo semejante mujer impresionó tan ¡hay que citar nrimero al animal! -así A B C EH PARÍS i n i r n ii iinnniniKJiíti nnirs muir 11 HGH 1111 tnTRim