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A B C JUEVES 3i DE MARZO DE 1910. EDICIÓN siete de la tarde. Entonces, el profesor había tomado el tren que salía de Dijón á las siete y ocho minutos, llegaba á Lyón á las diez y cuatro, y á Valence á las doce y cuarenta y cuatro. Mientras, los Darzac, saliendo de Dijón á las siete, continuaban su ca niño hacia Modane y por Saint- Amour (Continuación. llegaban á Boure á las nueve y tres de la noche, tren que debía salir de nuevo de V Bourg á las nueve y ocho. El telegrama de PAXICO Darzac había salido de Bourg á las nueve y Dijón... Macón... Lyón... De seguro que veintiocho. De modo que los Darzac se hadejando su tren. ahí arriba, por encima de mi cabeza, no bían quedado en Bourg, el caso en que el duerme... Le he llamado quedito y no me También podía preverse todas ha contestado... pero apostaría á que no tren hubiese tenido retraso. De porqué maneras, teníamos que el del duerme... ¿En qué está pensando... ¡Qué telegrama de Darzac buscarDiión y Bourg, entre tranquilo está! ¿Qué es lo que puede darle después de haberse marchado el profesor. semejante tranquilidad... Aun le veo en posible precisar el locutorio, levantándose de repente y di- Hasta era en efecto, el tren entre Louhans y Bourg; para en Louciendo: ¡Vamonos! Y esto dicho con si el drama se había efectuado anvoz tan reposada, tan resuelta... ¿Vamo- hans, y Louhans (adonde habían llegado á de nos hacia quién? ¿Hacia qué estaba resuel- tes ocho) es probable que Roberto telegrato á ir? Hacia ella, evidentemente; hacia las desde esa estación. ella, que estaba en peligro y que sólo podía fiara Buscando luego la correspondencia Bourg ser salvada por él; hacia ella, que era su Lyón, vimos que Darzac había puesto su madre y que no lo sabría... telegrama en Bourg un minuto antes de- la Este es un secreto que ha de quedar en- saiida para Lyón del tren de las nueve y tre usted y yo; el niño está muerto para to- veintinueve. Ahora bien, ese tren llega k dos, excepto para usted y para mí. Lyón á las diez y treinta y cuatro. Después Esa era su resolución, aquella repentina del rodeo por Bourg y su parada en Bourg, resolución de no decirle nada. ¡Y el pobre los Darzac habían podido, habían debido niño que no había ido en busca de aquella reunirse con Stangerson en Lyón, adonde certeza sino para tener derecho á hablarle! llegaban un minuto antes que él. Ahora, ¿qué En el momento mismo en que supo, se drama los había desviado de su camino? condenó á olvidar, se condenó al silencio. No podíamos sino entregarnos á las más i Gran almita heroica, que había compren- tristes hipótesis, las cuales tenían todas por dido que la dama enlutada, que necesitaba base, desgraciadamente, la reaparición de de su socorro, rechazaría una salvación que Larsán. Lo que veíamos muy claro era la fuera menester pagar con la lucha del hijo voluntad de cada uno de nuestros amigos contra el padre! Hasta dónde podía llegar de no asustar á nadie. Roberto por su lado, aquella lucha? ¿Hasta qué sangriento con- y Matilde por el suyo, sin duda habían heflicto? Era preciso preverlo todo y era me- cho lo posible para disimularse la gravedad nester tener las manos libres, ¿verdad, Rou- de la situación. En cuanto al profesor, poletabille? para defender á la dama en- díamos preguntarnos si había sido puesto al lutada... lente del acontecimiento. Tan tranquilo está Pepe, que no oigo su Después de haber desentrañado así las respiración. Me inclino hacia él... tiene los cosas á distancia, Pepe me invitó á aproojos abiertos. vechar de la lujosa instalación que la Com- ¿Sabe usted en qué estoy pensando? -pañía internacional de los coches- camas me dice. -En ese telegrama fechado en pone á disposición de los viajeros aficionaBourg y firmado por Darzac, y en ese otro dos al reposo y á los viajes, y me dio ejemtelegrama puesto en Valence y firmado por plo lavándose y componiéndose con tanto Stangerson. esmero como si hubiese estado en un cuarto- -También yo he pensado en ello, y me de hotel. -Quince minutos después estaba parece bastante raro. En Bourg, Matilde roncando, pero no creí en sus ronquidos. Yo y Roberto no están ya con el profesor, quien no dormí. En Aviñón, Rouletabille se echó se ha separado de ellos en Dijón. Además, de la cama, se medio vistió y corrió al mueel telegrama lo dice: Vamos á reunimos lle á beber un chocolate muy caliente. Yo con el Sr. Stangerson Ahora bien, el te- no tenía gana de tomar nada. De Aviñón á legrama Stangerson prueba que el señor Marsella, casi no hablamos, tal era nuestra Stangerson, que había continuado directa- ansiedad; pero al ver la ciudad en donde mente hacia Marsella, se halla de nuevo tan extraña vida había llevado Rouletabille. con los Darzac. De modo que los Darzac sin duda para reaccionar contra, la angusse han reunido con el Sr. Stangerson en tia que crecía en nosotros á medida que s la línea de Marsella; pero, en ese caso, ha- acercaba la hora en que íbamos á saber bría, que suponer que el profesor se ha de- recordó algunas antiguas anécdotas que me tenido en el camino. ¿Con qué motivo? No refirió sin manifestar placer alguno. Yo preveía él ninguno. En la estación, decía: apenas si escuchaba lo que me decía. Asi Estaré en Mentón mañana por la mañana llegamos á Tolón. á las diez Mire usted la hora en que el ¡Qué viaje! ¡Y hubiera podido ser tan telegrama ha sido puesto en Valence. y vea- hermoso! En tiempo normal, siempre veía mos en el indicador á qué hora había el se- con nuevo entusiasmo aquel país maraviñor Stangerson, normalmente, de pasar por lloso, aquella costa azul percibida al desValence, á menos que se haya detenido en pertar como un rincón del paraíso, desel camino. pués de la horrible salida de París entre Consultamos el indicador. El Sr. Stan- nieve, lluvia, barro, humedad, en la negrugerson debía pasar por Valence á las doce ra, en lo sucio. ¡Con qué alegría, por la y cuarenta y cuatro minutos de la noche; y noche, bajaba del tren seguro de hablar ai como el telegrama indicaba las doce y cua- glorioso amigo que me estaría esperando al renta y siete resultaba que el telegrama día siguiente: el sol! Desde Tolón, nuestra impaciencia nos había sido puesto en Valence oor el profesor, en el transcurso de su viaje normal. acongojaba. En Cannes, nada nos extrañó Por consiguiente, ya debían de estar con él ver en el andén á Darzac, que nos buscaba. Matilde y Roberto. Ayudados por el indi- Seguramente que había llegado á él el telecador conseguimos comprender el miste- grama que Pepe le puso en Dijón, anuncianrio de aquel encuentro. Stangerson se ha- do la hora de nuestra llegada á Mentón. bía separado de los Darzac en Dijón, adon- Después de llegar la víspera, á las diez de la de todos habían llegado á las seis y veinti- mañana á Mentón, con Matilde y con el FOLLETÍN DE A B C PAG. profesor, había tenido que salir de Mentón aquella misma mañana y venir hacia nosotros á Cannes, pues suponíamos que, dado su telegrama, tenía cosas confidenciales que decirnos. Estaba triste y sombrío. Al verle, sentimos miedo. ¡Una desgracia ...interrogó Pepe. ¡Todavía no ...contestó. -i Alabado sea Dios! -exclamó Pepe suspirando; llegamos á tiempo. Darzac dijo sencillamente: -Gracias por haber venido. Y nos estrechó la mano en silencio, llevándonos á nuestro compartimiento; corrió las cortinillas, lo cual nos aisló completamente. Ya que el tren echó á andar de nuevo, habló por fin Roberto. Tal era su emoción, que su voz temblaba. -Sepan ustedes que no ha muerto. -Lo sospechamos- -dijo Rouletabille. -Pero, ¿está usted seguro de lo oue dice? -Le he visto como les veo á ustedes. ¿Y su señora de usted le ha visto también? -Sí, por desgracia; pero es menester intentarlo todo para que llegue á persuadirse de que era una ilusión. No quisiera que se volviera loca otra vez la desgraciada... ¡Ah, queridos amigos, qué fatalidad nos persigue... ¿Por qué ha vuelto ese hombre? ¿qué se propone hacer... Miré á Pepe. Estaba aún más triste que Darzac. El golpe oiue temía acababa de herirle. Estaba como caído, en un rincón. Hubo un silencio entre los tres. Darzac prosiguió: -Escuchen, es menester que ese hombre desaparezca... es preciso... Iremos á él, le preguntaremos qué quiere; se le dará el dinero que pida... ó, si no, le mato, sencillamente... sí, creo que eso es lo más sencillo... ¿No son ustedes de mi parecer... No le contestamos... Daba lástima veríe. Pepe, dominando su emoción con visible esfuerzo, pidió á Darzac cue trata ra de calmarse y que nos refiriera con detalles cuanto había ocurrido desde su salida de París. Entonces nos dijo que el acontecimiento se había producido en Bourg mismo, según nuestras previsiones. Hay que Saber que Darzac había tomado dos compartimientos de vagones- camas; ambos compartimientos estaban unidos por un cuartito tocador. En uno de ellos habían puesto el saco de viaje y los utensilios de tocador de Matilde: y en el otro, los bagajes menudos. En este último compartimiento fue donde los recién casados y el profesor efectuaron el viaje de París á Dijón. En esta última ciudad, los tres bajaron y comieron en la fonda de la estación. Tenían- tiempo suficiente, puesto que, llegados á las seis y veintisiete, el profesor no había de marcharse hasta las siete y ocho, y Sos Darzac á las siete en punto. (Continua á DE NUESTRO CORRESPONSAL EL PERFUME DE LA DAMA ENLUTADA A B C EN SUIZA LOS TIMOS i a conciencia no nos permite entrar de lleno en el asunto de nuestra crónica sin hacer antes la sincera protesta de que no es nuestro pensamiento, ni forma parte alguna de él, malograr alianzas en tramitación, ni desacreditar el moderno procedimiento de tejer casorios desde la cuarta plana de los grandes periódicos. Además de que cada cual es dueño de echarse el santo nudo como pueda ó le yenga en gana, los colegas de D. Felipe Jiménez nos parece que llenan un importante papel... r Quién sabe si algún día no les daremos poderes para que nos busquen una costilla con incrwstraciones de plata ó en salsa de papel moneda... ¡Está todo tan mal...