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A B C M A R T E S 29 DE MARZO D E 1910. EDICIÓN i. PAG. 3, UNA BODA ARISTOCRÁTICA EN CÓRDOBA Fot. Mo. itüh LOS NOVIOS, SRTA. SOLEDAD ALVEAR Y D. JUAN BURGOS, CON SUS PADRINOS, D. ÉNRIQ IE ALVEAR Y DOÑA MAG ALEÑA BURGOS, Y LOS TESTIGOS, SRES. BARROSO, RODRIGAÑEZ, SÁNCHEZ GUERRA, MUÑOZ COBO Y I. UCA DE TEN A solas con su conciencia, depositara el sufragio. La habitación sería algo así como ana garita, y en ella no podría entrar nadie absolutamente más que el votante. Esto era muy radical y la Cámara no lo aceptó. En cambio, ha votado por unanimidad un artículo que va á provocar una verdadera revolución en ¡as costumbres electorales francesas. El candidato que adquiera Tos otos de los electores con dinero, oírccisnientos ó promesas será condenado á tres meses de prisión y 5.000 francos de multa. Esto, sobre poco más ó menos, dice el nuevo artículo votado por la Cámara en un momento de irreflexión, indudablemente; por gue si los candidatos no pueden prometer nada á sus electores, ¿á título de qué serán elegidos? Hay aquí la costumbre reclamista, que el francés tiene metida en la medula v oue lo? candidatos practican con bastante fortun El individuo que solicita los sufragios de sus conciudadanos empieza por gastarse un montón de miles de francos en carteles y manifiestos, desde los cuales ofrece hacer la felicidad de la circunscripción, y comba- te á sangre y fuego á sus contrincantes. Durante el período electoral, este fuego graneado de los manifiestos se sucede sin interrupción, y yo recuerdo que en una reñidísima elección municipal uno de los candidatos, aparados ya todos los argumentos, fijó un enorme cartel en las esquinas de su distrito, en el que decía: Ciudadanos... A las majaderías que mi contrincante dice, no tengo que responder más que una sola palabra: ¡M... Y, en efecto, allí estaba la palabrita en cuestión, con letras de catorce centímetros, impresas con tinta verdosa sobre el fondo amarillo del papel, para mayor claridad. ¡Como que ca 1 olía! -Si no podemos prometer, nada á nuestros distritos- -exclaman ahora los candidatos, ¿qué vamos á decir en nuestros manifiestos? Porque es verdad que la mayor parte de los votos se compran con dinero, pero hav muchos candidatos que emplean con fortuna el sistema de las promesas. Prometer v no cumplir es una virtud política que lleva lejos á los hombres... No recuerdo en qué distrito, los electores acordaron imponer su voluntad al candidato... hn la circunscripción no había estación telegráfica y exigieron al diputado que de su bolsillo particular abonara los gastos de la instalación. Solo á cambio de esto le sería entregada el acta. E; candidato aceptó... ¿Qué no aceptará un candidato? Y pocos días después los vecinos de la villa vieron llegar un enorme carro atestado de palos... ¡Eran los palos del telégrafo! Regocijo general, fiestas, banquetes, brindis y aclamaciones, y los confiados palurdos votaron como un solo hombre al candidato generoso. Claro que éste, una vez conseguida el acta, dejó los palos tendidos á lo largo de la carretera y no se volvió á ocupar de la instalación telegráfica... Pero llegaron las elecciones siguientes y volvió á hacerse el pacto entre electores y candidato... Ahora sí que va de veras se decían unos á otros. Esta vez no nos enñafian. Una cuadrilla de obreros trabajaba febril mente, clavando los palos en los sities mar-