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A B C M A R T E S 29 D E MARZO D E 1910. EDICIÓN i. PAG. 2. FOLLETÍN DEABC PERFUME DE LA DAMA ENLUTADA (ConHnuaaon. Esto en cuanto á lo moral; que en cuanto á lo material, nada le parecía tan sencillo como encontrar un objeto ocultado ó perdido... ó hurtado... En esto, sobre todo, desplegaba una maravillosa inventiva, cual si la Naturaleza, en su increíble equilibiio, después de haber creado un padre que era el genio malo del robo, se hubiese propuesta hacer nacer de él un hijo que ruera el genio bienhechor de los robados. Tan extraña aptitud, después de haberle valido, en varias circunstancias divertidas, con motivo de objetos sustraídos, algunos éxitos entre el personal del colegio, había de seile fatal. Descubrió de manera tan anormal cierta cantidad de dinero que le había rielo robada al vigilante geneial. que nadie quiso creer que tal descubrimiento era debido sólo á su inteligencia y á su perspicacia. Semejante hipótesis pareció á todos evidentemente imposible; y 110 tardó, merced á una malhadada coincidencia de hora y de lugar, en ser tenido por ladrón. Quisieron hacerle confesar su falta, y se defendió con una energía indignada que le alió un castiero severo; el director hizo pesquisas, y los compañeros de José Josefino le acusaron con la mala íe habitual en los niños. Algunos se queja OH de que desde hacía tiempo les robaban libros y otros objetos de clase, y acusaron al que ya veían caído. El hecho de que no le conocían padres y de que ignoraban de dónde venía le fue, más que nunca entre aquella gentecilla, íeprochado como wn crimen. Al hablar de él dijeron: TI Sadrón Riñó con algunos, y salió perdiendo, por tener escasas fuerzas físicí s. Estaba desesperado. Deseo morir. El director, hombre bonísimo, pero persuadido, por desgracia, de que se las había con un niño vicioso sobre el cual era necesario i- producir una impresión profunda, haciéndole comprender todo el error de su acto, imaginó el decirle que si no confesaba su robo lo echaría del eolegio, y que desde luego iba á escribir, aquel mismo día, á la persona que se interesaba por él, á la señora Darbel- -apellido dado- or ella- -paia que viniese á buscarlo. El niño no contestó, y se dejó llevar al cuartito en que estaba recluido. Al día siguiente le buscaron tn vano. Había huido. Reflexionó que el director, i quien había sido confiado desde su primera infancia, se había mostrado siempre cariñoso con él, y que no le trataba ahora de aquella manera sino porque le creía culpable. No había, pues, razón para que la Dama enlutada n creyese también en su culpabilidad. Y pasar por ladrón ante la Dama enlutada, ¡antes la muerte Por la noche saltó por encima de la tapia del jardín, y echó á correr hacia el canal, sollozando después de dedicar un recuerdo á Ja Dama enlutada, se tiró al agua. Por fortuna, al pobre niño, en su desesperación, se le había olvidado que sabía nadar Si me he extendido bastante sobre ese meidente de la infancia de Rouletabille es por tener la seguridad de que, en su situación actual, comprenderá el lector toda 1 importancia que entraña semejante suceso. Aun en época en que ignoraba que era hijo de Larsán, no podía Pepe recordar aquel criste episodio sin que le desgarrara la idea de que quizá la Dama enlutada hubiese podido creer que era un ladrón: pero desde que se imaginaba tener la certera- -harto fundada, por desgracia- -del lazo natural que le unía á Larsán, ¡qué- dolor. qué pena infinita debían ser los suvos Sn madre, a! tener noticia del suceso había debido pensar que los instintos criminales del padie íe vivían en el hijo, y quiza, quizá- -idea ñas cruel que la muerte misma- -se había alegrado de la muerte del niño... Pues pa ó ñor mueito. Fueron cncoi. tiados los rastros de su huida hasla el canal, y sacaron del agua su boina. En realidad, ¿cómo M IO? De la manera má -ungular. Al salir del canal, y íesuelto á abandonar acmellos lugares, aquei chiquillo, al que buscaban en el agua y fuera del agrá, imagiuó una manera original de atravesar toda in comarca sin ser molestado. Su genio vi 10 en su ayuda. Razonó, como de costumbie. Sabía, por haberlas oído referir con frecuencia, las historias de muchachos que se habían escapado de casa de sus padres para correr aventuras, ocultándose de día en campos y bosques y andando por la noche, ero que no tardaban en ser recogidos por la autoridad ó que por sí mismos regresaban á su casa, no atreviéndose á pedir en los caminos el indispensable alimento. Nuestro Pepito ¡ú o todo lo contrario; durmió de noche, como la mayoría de las personas, y anduvoíde día, sin ocultarse de nadie. Después de haber esperado á que estuviera seca su ropa- -y como principiaba á hacer buen tiempo no tuvo, frío, -hizo pedazos sus prendas, convirtiéndolas en harapos, con los que se cubrió. Entonces, ostensiblemente, harapiento y sucio, mendiró, afirmando á los transeúntes que si no llevaba cuartos á su casa le pegarían sus padres. La gente lo tomaba por algún hijo de bohemios, por haber siempre carros de éstos en aquellos sitios. A poco cpmenzó la época de las fresas silvestres; Pepe las coeía y las vendía en anastitos xabricados por él con hojas v mimbres. Me ha confesado aue, de no haberle atormentado la idea de que la dama enlutada pudiera creer que era un ladren, aqueila época hubiera sido en extremo fe iz. Su astucia y su natural valor le sacaron de apuro en aquel período de su vida, eme duró meses. ¿Adonde iba? A Marsella. Tal era su intención Había A isto en un libro de geografía vistas del Mediodía de Francia, y n. ica contemoló aquellos grabados sin suspi ar, pensando que quizá no conocería nv ica aquel país encantado. A fuerza de vi ir como un bohemio, trabó conocimiento on una cara ana de gitanos que seguía el m smo camino que él y que iba á Saintes- Manes- de- la- Mer para elegir rey. Prestó algunos servicios á aquellas gentes, s u p o agí adarles, y éstos, que no acostumbran á pedir á las gentes papeletas de identidad, no le hicieron preguntas indiscretas. Pensaron que, víctima de malos tratos, el niño se había escapado de alguna barraca de titiriteros, y le admitieron en su compañía. De esa manera consiguió entrar en el Mediodía. En las cercanías de Arles se separó r i los gitanos y llegó ñor fin á Marsella. Lsta ciudad le pareció el paraíso: un verano eterno y el puerto... El puerto era inagotable recurso para los pilletes de la ciudad. Para Pepe fue un tesoro. De él sacó lo necesario, según sus necesidades, que no eran muchas. Una particularidad: se hizo pescador de naranjas En época en que ejeicía esa lucrativa profesión fue cuando, una mañana, conoció, en el muelle, á un periodista de París: Gastón Leroux, y tal influencia había de tener, más tarde, aquel encue itro en el destino de Rouletabille, que no creo superfluo reproducir aquí el articulo en que el redactor del Matin relató la memorable entrevista: EL PESCADORCITO DE NARANJAS Como el sol, traspasando por fin un cielo de nubes, hería con sus rayos oblicuos el vestido de oro de Nuestra Señora de la Guarda, bajé hacia los muelles. Las piedras estaban húmedas todaua y nos devolvían nucsüa imagen Los descargadores sacaba? de un buque vigas procedentes de las selvas de! Norte. El áspero viento d ¿alta mar se deslizaba entre la torre de Saint- Jean y el fuerte de Saint- Nicolás y ostentaba su caiid a sobre las aguas del Vieux Port. Pegados unos contra otros, los barcos bailaban á compás. Al lado de ellos, cansadas de haber andado por mares desconocidos, las pesadas carenas descansaban, estirando hacia el cielo sus largos é inmóviles palos. Mis miradas, s. través de la selva aérea de todos aquellos palos y velas, lle ó hasta la torre que atestigua que, hace veinticinco siglos, los hijos de la antigua Focea clavaron el áncora en esta costa feliz y que venían de Jonia. Después, de nuevo me interesó el muelle y vi al oe cadorcito de naranjas. 7 taba en pie, con el talle ceñido por un re edo de chaquet que le llegaba hasta los talones; sin nada en la cabeza ni en los pies; pelo rubio y ojos negros: me pareció que tendría unos nueve años. De una cuerda á modo de tirante colgaba del hombro un saco de lienzo. Su puño izquierdo estaba apoyado contra su cadera, y con la mano derecha se apoyaba en un palo que tendría unas tres veces el largo del niño, y terminado en la punta por un redondel de corcho. El niño estaba inmóvil y contemplativo. Entonces le pregunté qué hacía allí. Me contestó que era pescador de naranjas Parecía muy ufano de su oficio, y no me pidió dinero, como suelen hacer los pilleles de los puertos de mar. Seguí hablándoJe, pero ya no me contestó; estaba mirando atentamente el agua. Cerca había barcos llegados de las Islas Baleares, llenos de naranjas. Tan llenos, que muchas se caían al agua. 1 movimiento de ésta tra a hacia nosotros las naranjas... Mi pescador saltó á- una canoa, se fue á la proa y con su pa! o cororado de corcho esperó. Y pescó; una, dos, tres, cuatro naranjas, las cuales desaparecieron en el saco. Pescó una quinta, saltó al muelle, la abrió y se la comió- Que aproveche l- -le dije- -Se ñor- -me contentó, -á mí sólo me gusta la fruta. -I2 stá bien en este tiempo, pero, ¿cuando no hay naranjas... -Trabajo en el carbón. Hnndió su mano en el saco y reriró de él un aorme pedazo de hulla. T jugo de la naranja había manchado el chaqnet; este harapo tenía un boKillo; el chjqni lo sacó del bolsillo un pañue o indescriptible, y con esmero limpió la prenda. Después, con orgullo, volvió á meter el pañuelo en el bolsillo. ¿Qué hace tu padre? -le pregunte. -Es pobre. -Eien, pero ¿qué hace? El pescadorcito hiio un gesto con los hombros, -No hac. e nada, puesto que es pobre DE NUESTRO ENVTADO ESPECIAL A B C EN PARÍS LAR PRÓXIMAS ELECCIONES Lct. franceses no están conformes con el sufragio universal y andan discurriendo nuevos procedimientos que garanticen la sinceridad del voto y den absoluta independencia al elector. ¡Qué dirían si vieran unas elecciones españolas! ¡Ya nos daríamos nosotros con un canto en los dientes si el sistema electoral en España se pareciese al empleado en Francia! Pero discutiendo la nueva ley electoral en la Cámara francesa han ocurrido cosas divertidísimas. Los señores representantes del país pensaren primero en construir una especie de habitación aislada en cada cole io electoral, paia que en ella el elector, á ninHiTI i i n T r i r I Illin irrriinT Tn- i n n i