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A B C LUNES 28 DE MARZO DE 1910. EDICIÓN j PAG. 4, LA EXPOSICIÓN DE BUENOS AIRES PROYECTO DEL PABELLÓN DE ESPAÑA REMITIDO POR LA CÁMARA ESPAÑOL DE COMERCIO DÉ BUENCS AIRES A LA DE MADRID de los carteles que IOUUS los días publican ios periódicos de la capital. El hecho es que estos carteles periodísticos constituyen una fase de la vida corriente en alto punto, interesante para el estudio de lo que es la Prensa en Inglaterra. Cada periódico publica diariamente unos grandes carteloñes conteniendo una especie de índice de las noticias más salientes del día, y estos carteloñes van impresos en distintos colores. Así resulta que unos de ellos son verdes, otros encarnados y otros azules, y estos carteles son fijados profusamente en las esquinas, en las fachadas de las casas, en los puestos de periódicos y aun sobre las mismas aceras; otras veces los vendedores los llevan adosados al cuerpo delante de sí, lo, mismo que si fueran enormes delantales de papei. Y aquí surge una cuestión: la peVsona que no lea más que estos carteles, ¿cómo podrá, no solamente enterarse de las noticias, sino apreciar en toda su amplitud y valor su verdadero significado? Así se da el caso, por ejemplo, de que esta mañana, al salir de casa, leí en el cártel de un periódico conservador, impreso en letras rejas sobre fondo blanco, lo siguiente: Mr. Asquith en peligro y un poco más allá vi el de otro liberal, en el que, con tipos amarillos sobre fondo azul, se decía: Mayoría liberal I ¿A qué carta debía, pues, quedarme en vista de tal disparidad? Cuando iba de esta manera reflexionando. un tercer cartel, de color rosado cou enormes letras negras, distrae mi atención por lo verdaderamente sensacional, pues anuncia lo que sigue: Madame Steinheil en el Music Hall Y, claro es, hice lo que tenía que hacer y lo que la mayor parte de las veces tiene que hacer todo el mundo, esto es, comprar los tres periódicos. Y no es esto lo malo, sino que con frecuencia acontece lo mismo, y á veces no sólo tres, sino seis ó más es preciso comprar para salir de una vez de dudas y poner en clarq lo que en los estupendos carteloñes se anuncia Pero, en fin, gracias á tres peniques, es decir, á 30 céntimos, pude satisfacer mi curiosidad, y ávidamente leí lo que en los respectivos números se decía En el conservador, en el que encabezaba su información con el título de Mr. Arquith en peligro vi que sólo se trataba de una votación que había estado á punto de perder el Gobierno al discutirse ciertas consignaciones del departamento de Guerra, v acerca del mismo asunto refería el órgano liberal que la votación había sido ganada por el Gobierno por una mayoría de 63 votos. En cuanto á lo de Mme. Steinheil, era un telegrama de París, según el cual la célebre viuda había llegado á la Ville lumiere disfrazada de vieja con los cabellos empolvados, que su hija se había negado á recibirla y que había celebrado una larga entrevista con su abogado acerca de un con- trato que debía firmar con un empresario de Londres para figurar como cantante en uno de los teatros de varietés de la última capital mencionada. Y aquí tenéis, pues, en pocas palabras las grandes sensaciones políticas y teatra- les del día. Hoy, por la tarde, no obstante, los carteles han producido cierta alarma. Eran las tres, 1 a hora de salida de la primera edición de los periódicos vespertinos, y los vendedores iban provistos de sus chillones letreros, y gritaban á grandes voces: Grave accidente. ¡El príncipe de Gales reproduciendo fielmente con sus gritos lo que iba escrito en las cartelas. El estrago y la consternación que esto produjo no son para descritos. La gente arrebataba de las manos los números á los vendedores, pues todo hacía pensar que S. A. había sido víctima de un gravísimo accidente Espoleado por idéntica zozobra, yo también compré el periódico, y tuve ocasión de comprobar que se trataba de dos hechos distintos pero. que los confeccionadores del cartel, sujetándose para ello á la usanza norteamericana, habían colocado juntos ea el mismo epígrafe, para que éste pudiera resultar como uno solo. El accidente grave era el vuelco de un ómnibus, afortunadamente sin cciis fticncias, v en cuanto á lo del príncipe de G- iies, la noticia de que éste ultimaba los preparativos para su viaje al África del Sur. Ya veis, pues, para qué pueden servir n