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ABC. MIÉRCOLES a 3 DE MARZO DE 1910. EDICIÓN i. PAG. ENTIERRO DE UN OBISPO EN BARCELONA LLEGADA A LA CATEDRAL DE LA COMITIVA MORTUORIA DEL OBJSPO DE EUD 0 X 1 A, DR. CORTES Fot. BaileU DE NUESTRO CORRESPONSAL A B C EN VIENA A N G E L E S TERRESTBFS La mujer viencsa es, sin duda alguna, tina criatura admirable. No encontraréis n ella la sal de la andaluza, ni la picardía de la francesa, ni la coquetería de la italiana, ni la arrogancia de la alemana, íii tampoco la delicadeza de la inglesa, fii mucho menos el temperamento ardiente de la húngara, y, sin embargo, acercaos á ella y contempladla... En ninguna ciudad del mundo existen ¿tantas mujeres hermosas como en Vie ¡na, y si ponéis en duda mis afirmaciones, id á dar una vuelta por el Ring entre doce y una de la tarde, ó entrad en un café á la hora de la merienda, y podréis claros cuenta de que es exacto lo que digo. ¡Cuántos libros se podrían escribir sobre la abundante, rubia y rica cabellera le la viene sa! ¡Cuántos pintores y poetas podrían inspirarse al ver sus ojos azules! ¡Cuántos escultores de fama han quedado exáticos viendo el busto de la mujer vienesa, su nariz plástica y recta, boca de dimensiones pequeñísimas, ¡cuyos labios de coral dejan entrever una dentadura fresca, fina y. blanca como la nieve... Dios y la danza He ahí lo único que ocupa todo su ser en los primeros años de la adolescencia. A nosotros los españoles nos parecen estas dos palabras completamente opuestas, inconciliables, diferentes; pero con los ojos de la vienesa no lo son. Ambas son dignas de amor y adoración, y por eso aman y adoran á Dios y á la danza. De este- modo se pasa la vienesa la mañana en la iglesia, la tarde en el café y la noche en el sarao, dedicada á Dios y á Terpsícore... Arrancar del corazón de la vienesa el amor que siente por el baile sería cosa imposible, como lo sería también quitarla la religión. Haciendo lo que sus padres le han enseñado y hacen ellos mismos, la vienesa se levanta y va á la iglesia, donde, dando rienda suelta á sus sentimientos religiosos y abriendo de par en par su corazón, ruega por sus padres 3 parientes. La oración terminada, sale de la casa de Dios, y, como hada de aquellas que Strauss y Schubert veían mecerse sobre el bello Danubio azul, dirige sus pasos hacia la escuela de baile; á bailar, á dar saltitos, á convertirse en torbellino entre ios acentos de un vals vienes, cuya música, después de la religiosa, es la más dulce, la más sentimental... Pero la? bellas y jóvenes vienesas 110 aprenden sólo á bailar. El maestro las enseña á reir, á sonreír... á llorar, á contraer el semblante según las circunstancias, á levantar delicadamente su falda, prometiendo ver lo que una jovencita honesta puede mostrar. Examinad el plan de estudios de cualquier señorita y veréis que entre las lecciones de Geografía, Historia y Aritmética figura la de danza. El saber bailar tiene mucho más valor aquí ciue el saber escribir en España; y una señorita que no supiera cantar, tocar el piano y, en primer lugar, bailar sería considerada como una bonne á rien du iout, rumo dicen los franceses. Para daros una idea de ¡efecto qué produce la música de un vals vienes á las hijas de Viena, os contaré, no una anécdota, sino un caso histórico, visto con tnts propios ojos. Una distinguida dama de ésta me invitó días pasados á tomar el té en su casa. Una- docena de invitados de ambos sexos estaban conversando fríamente en el salón. Algunos de los jóvenes se quejaban de dolor de cabeza; algunas de las señoritas estaban resfriadas. Los p- Mantvs apenas si osaban levantar los ojo wrque estaban de luto. Tomamos el té, la conversación conti-