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A B C MIÉRCOLES a 3 D E MARZO D E FOLLETÍN DE A B C J 9IO. EDICIÓN i. PÁG. 2 estábamos en la sacristía. Los padrinos firmaban en los registros y lós demás felicitaban afectuosamente á los recién casadob. La sacristía es todavía más obscura que la iglesia, y creí que quizá por eso no veía J. Rouletabilie; pero, á más de obscura, e- a muy reducida y no era posible que una persona pasara inadvertida; no, no estaba allí Pepe. ¿Qué significaba aquella ausencia? Ya había Matilde preguntado por él dos veces, y Roberto me pidió que fuera ta busca del repórter. Salí, pero no pude encontrarle. ¡Muy extraño es eso! -exclamó Roberto. -Extraño é inexplicable. ¿Está usted seguro de haber buscado bien? Estará en algún rincón soñando. -Le he buscado por todas partes, y ha ta le he llamado- -contesté. Darzac quiso visitar él mismo la iglesia. Y tuvo más suerte que yo, pues un mendigo dijo que momentos antes un joven, que por las señas no podía ser sino Pepe, se había marchado en un coche de punto. Cuando Matilde supo esto, pareció apenadísima. Me llamó y me dijo: -Querido señor Sainclair, usted sabe que dentro de dos horas tomamos el tren en la estación de Lyón; busque á nuestro amigo, tráigamelo y dígale que su inexokcable conducta me inquieta mucho... -Cuente usted conmigo. DE NUESTRO CORRESPONSAL EL PERFUME DE LA DAMA ENLUTADA (Continuación. -Tiene todavía los ojos de loca. Vivamente me volví para ver quién había prominciado aquella frase abominable. Era un pobre hombre á quien Roberto, por bondad, había hecho nombrar ayudante de laboratorio en la Sorbona. Se llamaba Brig nolles y era primo lejano del novio. No conocíamos más pariente á Darzac, cuya familia era oriunda del Mediodía de Francia. Tiempo hacía que Roberto había perdido á su padre y á su madre; no tenía hermanos y parecía haber roto todo lazo con su país, de donde no había sacado más que un ardiente deseo de éxito, una facultad de trabajo excepcional, una inteligencia firme y una necesidad natural de cariño, que pudo satisfacer cumplidamente dedicándolo al profesor y á su hija. También había sacado de la Provenza, su país natal, un suave acento que al pronto mereció risas burlonas de sus discípulos de la Sorbona, pero que no tardó en parecerles una música agradable y libera que en cierto modo atenuaba la necesaria aridez de las explicaciones del joven maestro, ya célebre. Una mañana de la primavera precedente, Darzac les había presentado á Brignolles. Venía éste directamente de Aix, en donde había sido preparador de física y en donde sin duda ha a cometido alguna falta disciplinaria que c repente le había privado de su empleo; mas recordó á tiempo que era pariente de Darzac, tomó el tren para París, y de tal manera supo enternecer al prometido de Matilde, que éste encontró medio de asociarle á sus tareas. Por entonces, la salud de Roberto era delicada; sufría las consecuencias de las emociones de Glandier y de la vista de la causa; pero era de esperar que el ver ya restablecida á Matilde y su próxima unión con ésta influirían ventajosamente en el estado moral, y, por consiguiente, en el estado físico del profesor. Grande fue, pues, nuestra extrañeza cuando notamos que desde el día en que llamó á su lado á Brignolles la debilidad de Darzac fue en aumento. También pudimos ver que Brignolles QO traía suerte, ¡porque ocurrieron dos percances casi seguidos en el transcurso de experimentos que ningún peligro ofrecían: el primero resultó á consecuencia del inopinado estallido de un tubo de Gessler, cuvos cascos- pudieron haber herido gravemente á Darzac y sólo hirieron á Brignolles, quien conservaba aún en las manos algunas cicatrices. El segundo pudo ser sumamente grave; ocurrió á consecuencia de la explosión estúpida de na lámpara de esencia, sobre la cual justamente estaba inclinado el profesor. La llama estuvo á punto de quemarle la cara; Ipor fortuna, no fue así, pero le abrasó las pestañas y le ocasionó, por alfún tiempo, trastornos en la vista, de tal manera que le molestaba mucho la luz solar. Desde los misterios de Glandier, en tal estado de espíritu me hallaba yo, que hasta los acontecimientos más sencillos me parecían poco naturales. Fui testigo del segundo percance, porque aquel día había ido á la Sorbona en busca de Roberto. Llevé á nuestro amigo á una farmacia y de allí á casa de un médico. A Brignolles, que manifestaba deseo de acompañarnos, le dije secamente que se quedara en su laboratorio. Durante el camino, Darzac me preguntó por qué había hablado así al pobre Brignolles, y le contesté que me era antipático en general, y en particular aquel día, por parecerme que á él incumbía la responsabilidad de lo ocurrido. Quiso Roberto conocer la razón de mi antipatía, pero no supe qué contestar y se echó á reir. Más cesó su risa cuando el médico le dijo que había estado á punto de quedarse ciego y que sólo por milagro se había salvado. La inquietud que me causaba Brignolles era sin duda ridicula, puesto que no se reprodujeron los percances. De todas maneras, tal esa mi prevención contra él, que vo le perdoné el que no mejorara la salud de Roberto. A comienzos del invierno se le declaró una tos persisten y todos insistimos para que pidiera permiso y se fuera al Mediodía. Los médicos le aconsejaron San Remo. Allá fue, y al cabo de ocho días nos escribió que se sentía muy mejorado; le parecía, desde que estaba en aquel país, que le habían quitado un peso de encima del pecho... ¡Respiro... ¡respiro... nos decía. Cuando salí de París me ahogaba. La, carta de Darzac me dio mucho que pensar, y no vacilé en comunicar mis reflexioires á Rouletabille, á quien también llamó la atención que tan mal le fuera á Roberto cuando estaba al lado de Brignolles, y tan bien cuando se hallaba lejos de éste... Tan fuerte era esa impresión, particularmente en mí, que no le hubiese permitido á Brignolles que se alejai Cierto que si hubiese salido de París, capaz fuera de seguirle. Mas no se alejó; al contrario. Jamás se mostró tan solícito con los Stangerson. So pretexto de saber noticias de Darzac, consiguió una vez ver á Matilde; pero tal retrato le había yo hecho del preparador de física, que conseguí alejarla de él para siempre, cosa de que me felicité. Roberto permaneció cuatro meses en San Remo, y regresó completamente restablecido. Sin embargo, su vista seguía débil, y le era preciso cuidarla mucho. Rouletabille y yo habíamos decidido vigilar á Brignolles, pero n os satisfizo saber que el matrimonio iba á efectuarse de un día á otro y que Roberto se llevaría á su mujer por largo tiempo lejos de París y... lejos de Brignolles. x A su regreso de San Remo, Darzac me había preguntado: ¿Sigue usted pensando mal de ese pobre Brignolles? -Lo mismo que antes. Y una vez más se burló de mí con bromas proveníales como las que decía cuando los aconteció Ántos le permitían tener un momento de alegría, bromas que tenían mayor sabor desde su prolongada estancia en el Mediodía. Era feliz; mas no pudimos darnos cuenta exacta de su dicha por no haber tenido casi ocasión de verle; ahora, al entrar en la iglesia, nos pareció transformado. Erguía con orgullo bien comprensible su cuerpo algo encorvado. La felicidad lo agrandaba y lo hermoseaba. Brignolles dijo, á modo de chiste, algo que no me hizo gracia, y me alejé de él, yendo á ponerme detrás del Sr. Stargenson, que no descruzó los brazos durante toda la ceremonia. Nada veía, nada oía. Terminado el acto, fue menester tocarle en el hombro para sacarlo de su ensimismamiento. Cuando fuimos á la sacristía, el Sr. Hesse dejó escapar un profundo suspiro, y dijo: -Por fin, respiro. ¿Por qué no respiraba usted antes, amigo mío? -preguntó el Sr. Henri- Robert. El Sr. Hesse confesó que hasta el último minuto había temido la llegada del muerto... ¡Qué quiere usted- -contestó Hesse á su colega que se burlaba, -no puedo convencerme de que Federico Larsán haya consentido en morirse de veras... Todos- -es decir, unas diez personas- A B C E N ROMA OS SERVICIOS MARÍTIMOS La Cámara de los diputados discute el proyecto de ley del ministro de Marina, almirante Bettolo, sobre la subvención de los servicios marítimos La aprobación de este proyecto es considerada como el ubi consistanz del ministerio Sonnino. Y en efecto; siendo eí fracaso de los proyectos de Giolitti y Schanzer en la Cámara lo que originó el advenimiento de Sonnino al solio gubernamental, el nuevo Gabinete se encuentra en la necesidad de sacar á flote los suyos. Los militantes en la extrema izquierda hacen la más furibunda oposición, dirigida por el antiguo radical Pantano. Lo que se trata de asegurar no son intereses políticos particulares que obliguen á Sonnino á dar una batalla decisiva, sino intereses del comercio y del tráfico, que es preciso poner á salvo y asegurar sobre sólidas bases. Hay quien supone que los debates serán breves, pero fatales para el Gobierno. Tal vez el telégrafo se adelante S esta carta con alguna noticia sensacional, I A RETRIBUCIÓN DE LOS DIPUTADOS La Cámara de los diputados, de acuerdo con el jefe del Gobierno, ha decidido por unanimidad tomar en consideración tres proyectos de ley relativos á la retribución de los representantes. Firma el primero de los tres proyectos el profesor de Derecho internacional de la Universidad de Roma, Sig. Chimienti; el segundo lleva la firma de GaIlini, diputado radical, y el tercero ls de 65 diputados de la izquierda democrática y de la izquierda extrema. Desde 1848, las dos Cámaras italianas han discutido varios otros proyectos de semejante especie, Que naufragaron al